Se buscan superdotados

(PD).- Un centenar de niños evalúan durante dos días en Madrid su talento sobresaliente para materias como las Matemáticas con el llamado test SCAT, que determinará sus capacidades y ayudará a evitar que sólo el 1% de los superdotados estén identificados.

El titular de esta información ya no les gustaría. Porque rechazan la palabra superdotados, todos ellos, niños con una elevada capacidad intelectual, así como sus padres, prefieren decir que son «listos» o especialmente dotados para algunas materias. «Pero no para otras», objeta Mike, padre de Eduardo. «Edu tiene una habilidad extraordinaria para la programación, para el cálculo, pero después es nefasto como yo en el fútbol, por ejemplo», dice.

Eduardo, este Bill Gates en potencia, acaba de salir de la primera convocatoria gratuita en España del proceso de identificación del talento llevado a cabo por CTY España, siglas en inglés del Center for Talented Youth International de la Universidad de John Hopkins, que diseñó el test SCAT, una prueba idónea para medir el nivel verbal y matemático de los niños y conocer de manera sencilla su capacidad potencial.

Entre hoy y el sábado, van a pasar 85 alumnos por las aulas de la Universidad Europea de Madrid para examinar sus capacidades, a fin de que sus padres planifiquen el trabajo educativo más adecuado para la inteligencia de los pequeños.

La prueba de diagnóstico SCAT (School and College Ability Test) es un cuestionario que los chavales tienen que completar en una hora, y dividido en 50 preguntas de materia verbal y otras 50 de Matemáticas. Las cuestiones verbales requieren establecer una analogía entre palabras, del tipo: hormiga es a insecto como pato a estanque, gallo a corral, etcétera. En la parte matemática, las sucesiones de números tienen que ser completadas por los jóvenes. «Está chupado», es la valoración que Eduardo hace de la prueba, que no le ha supuesto más esfuerzo que desplazarse hasta el aula.

Un «reto personal» para el niño

Los progenitores que llegan a este lugar no tienen por qué tener indicios previos de superdotación, aunque la mayoría sí viene «prevenido». Como Olga Martínez y Mercedes Mará, madres de Jorge y Alejandro respectivamente, que conocen las aptitudes de sus muchachos merced a pruebas psicopedagógicas anteriores. «Jorge viene a hacer la prueba como un reto personal para él. Sabemos que es superdotado, pero quiere ponerse a prueba y superarse en los resultados en matemáticas», indica la madre.

Dicharachero y simpático, Jorge demuestra que se relacionan normalmente con el resto de chavales. «Sólo una vez tuve un problema con un niño, que me criticaba por ser más listo», nos comenta. Alejandro, a su lado, tiene siete años, uno de los más jóvenes que se someterá a los exámenes en breves instantes, porque el requerimiento de la prueba es que tengan ocho años. En su caso, es un «fenómeno en música», afirma su madre, y hasta en ajedrez, juego que aprendió el pasado octubre y ya es un lince venciendo en torneos.

Identificarlos, el quid que lo cambia todo

Todos los padres concuerdan en una respuesta: no hay un momento exacto en el que te percates de la inteligencia supina del niño, «te vas dando cuenta de algunas actitudes, te sorprenden un día las preguntas encadenadas, y al día siguiente compruebas que proceden de una mente desarrollada para la edad que tienen», arguye Mercedes.

Pero ese proceso liga a una problemática común, según Javier Tourón, director de CTY, entidad que nació en España en 2001: la identificación. Las investigaciones más destacadas en la detección y desarrollo del talento académico calculan entre un 2 y un 5% de los niños españoles con necesidades educativas especiales por superdotación. «En España -indica el profesor Tourón-, serían unos 300.000 niños y niñas de alta capacidad en la escuela, aunque sólo un 1% de ellos, apenas 3.000, está dentificado».

A pesar de ser ingeniero con un máster BBA de tres años en Manchester, Mike, inglés afincado desde hace 11 años en España que tiene tres hijos con las mismas capacidades inlimitidadas de Eduardo, niega que un factor genético tenga algo que ver en la excelencia de sus muchachos. «Tenemos mucha formación, pero yo creo que obedece más bien a un concepto de cultura: no me gustan los padres que se empeñan en aplastar, restringir, acortar al niño, en lugar de potenciarle en lo bueno. Hay que impulsarle en lo que hace bien. Decir ‘no’ es tan común en la cultura española que se llega a cortar las capacidades del niño», nos dice.

¿Es una ventaja o una desventaja tener un niño superdotado?, le preguntamos. «Debería ser una ventaja -responde Mike-, pero sólo se consigue si lo gestionas bien. Si lo enfocas bien en tu mente y en la del niño, aleccionándole diciendo que no es Superman, que tiene que aprovechar tus capacidades para echar una mano al niño que puede menos, etc.».

Desde CTY, ayudan con cursos de verano y programaciones especiales en los centros y para las familias que lo necesitan acordes al talento de los pequeños, si bien consideran que «todos los colegios deberían incorporar pruebas de diagnóstico, como el test SCAT, en la vida normal del centro». Así se acoplarían los planes de estudio y se desarrollarían las adaptaciones curriculares que necesita el niño, que hoy se ven acotadas, en casos como el de Jorge, a adelantar un curso por cada ciclo al pequeño.

Los padres «avanzan a ciegas» con el modelo educativo actual, aseguran en CTY, por lo que cuando un niño va a la escuela y tiene notas medias, no hay problema; si avanza más rápido o lento de lo habitual, entonces comienzan.

Entramos en el segundo turno de examen y, a pesar de esa facilidad con la que contestan palabras y números, llama la atención que el mayor obstáculo que encuentran estriba en rellenar el campo de «fecha». «Estamos a (día) 8», grita uno. «A 9», le corrige la profesora que les reparte la prueba. En suma… son chicos normales. Aunque su intelectualidad anormal resulte extraordinariamente desafiante.

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