El pacto de silencio en que se desarrollan las conductas de maltrato en el aula y la ausencia de mecanismos adecuados para frenar el fenómeno mimético que convierte el acoso escolar en un proceso de linchamiento colectivo, se multiplican en progresión geométrica cuando hablamos de “e-bullying”, ciberacoso ó acoso escolar en la red.
El indicador central sigue siendo el mismo: el MIEDO; sin embargo, la utilización del messenger, SMS, email, chat, foros, la posibilidad de diseñar páginas web… agudiza los fenómenos que, como poltergeist, rodean el acoso ó mobbing escolar:

la impunidad del agresor,
el pacto de mutua indiferencia,
los testigos mudos,
la indefensión de la víctima,
la unanimidad persecutoria,
el “todos contra uno”,
la confusión y la incertidumbre,
el aislamiento ó la retirada social.

La creatividad en la forma de acosar en línea es solamente aparente; diseñar páginas web donde despreciar impunemente a la víctima, crear troyanos que activan las máquinas web para grabar imágenes comprometidas de los compañeros, difundir acusaciones falsas en la red, difundir imágenes previamente grabadas con móvil…son conductas aparentemente nuevas que esconden la tecnología propia del mobbing ó acoso escolar: chantaje, amenazas, exclusión, hostigamiento verbal, coacciones, deterioro de la imagen, romper la red de relaciones sociales, extender falsos rumores y en resumen “un contínuo y deliberado maltrato verbal ó modal que recibe un niño ó adolescente por parte de otro ú otros que atenta contra su dignidad”.

En una fase en la que el proceso de crecimiento de la persona pasa por la construcción de un yo maduro, responsable, crítico y libre, las tecnologías avanzadas permiten al niño y adolescente

• establecer relaciones sin salir de la habitación, con alto riesgo de aislamiento frente a la ilusión de estar permanente “conectado”
• mantenerse “oculto” hasta que interesa “aparecer”
• inventar otros “yo” virtuales que aspiran a la e-mocion también virtual y crean una vida alejada de la realidad donde cabe prescindir de la tolerancia a la frustración y la aceptación de la debilidad propia
• distinguir entre los que existen y no están en línea, entre los in y los out, los que tienen internet y móvil y una nueva generación de outsiders, de excluídos, condenados a relacionarse “desde fuera” de los nuevos procesos de socialización
• eludir el control de los padres en el uso del messenger, del teléfono móvil…

La indefensión aprendida devuelve al niño el terrible aprendizaje de que vivimos en una Sociedad de Indiferentes, en la que el modelo de exclusión es una realidad no sólo en los Reality Shows sino que la vulnerabilidad frente al consumo y frente al maltrato es máxima en una sociedad que abandona a cada uno a su suerte.
En este contexto, es inadmisible que nuestras autoridades no hayan detenido la salida al mercado de un videojuego que hace apología de la violencia escolar y cuyo nombre, tras retirar el mas directo “bully worth” (merece la pena acosar) podemos ahora traducir como “perro come carne de perro”, “ Cannis canem edit”.
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