Desafiar a la ley y no entrar en clase

(Hugo Ferrón).- Ningún alto tribunal podrá doblegar las fuertes convicciones de Alicia Rodríguez.»La objeción fue algo muy meditado. Sabíamos a qué nos enfrentábamos y que la decisión podría acarrear el suspenso de la asignatura. Pero aun así lo prefiero,la objeción de conciencia es un acto moral y la norma que fija esta asignatura lesiona mi conciencia«, asevera. Rodríguez continúa defendiendo a capa y espada el derecho de los suyos a no cursar una asignatura que incorpora conceptos e ideas morales, aunque Alicia cree tener la solución: desafiar a la ley. Su hija mayor y el resto,cuando tengan que cursar EpC,«no entrarán en clase».

Ningún alto tribunal podrá doblegar las fuertes convicciones de Alicia Rodríguez, madre de cuatro retoños y número dos de Salamanca Educa en Libertad desde que se fundase hace algo más de un año. Una de sus hijas no ha acudido nunca a Educación para la Ciudadanía y, a tenor de lo que dice esta ama de casa de fuertes principios morales, no lo hará nunca. «La objeción fue algo muy meditado. Sabíamos a qué nos enfrentábamos y que la decisión podría acarrear el suspenso de la asignatura. Pero aun así lo prefiero», sostiene con vehemencia.
Cuando se abrió la vía judicial, la de Alicia fue una de las quince familias salmantinas que la hizo suya. La Justicia amparó su decisión entonces, pero ahora le obliga a rectificar. De todas formas, ella lo tiene claro. «La objeción de conciencia es un acto moral y la norma que fija esta asignatura lesiona mi conciencia», asevera.
Rodríguez continúa defendiendo a capa y espada el derecho de los suyos a no cursar una asignatura que incorpora conceptos e ideas morales que, cree, deberían dirimirse sólo en el ámbito de la familia o en el de aquellos que sean designados por ella. «Tengo que salvaguardar mi conciencia y las de mis hijos. La asignatura está cargada de una serie de doctrinas que no nos gustan y la decisión de una familia es sagrada«, añade esta madre que rechaza que alguien pueda formar la conciencia de los suyos.
El adoctrinamiento moral del que los críticos acusan a la asignatura en ámbitos como los tipos de familia existente -con un reconocimiento explícito a las parejas homosexuales- y la educación afectiva no gusta, aunque Alicia cree tener la solución: desafiar a la ley. Su hija mayor y el resto, cuando tengan que cursar EpC, «no entrarán en clase».

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