Gabinete Psicológico 'Aprende a Escucharte': Acoso escolar

Si su hijo está sufriendo acoso, no le diga que se enfrente a sus acosadores

Probablemente hayan existido siempre casos más o menos aislados de acoso escolar pero nunca se ha hablado tanto de ello como ahora. Lo cierto es que no solo han proliferado los casos sino que se ha convertido incluso en un tema mediático debido al fatal desenlace de alguno de los casos que hemos conocido en los últimos meses.

Es un tema al que, desde hace ya dos décadas aproximadamente se le ha dedicado también más atención desde el punto de vista de la práctica de la psicología clínica y desde el punto de vista de la investigación científica.

En este espacio de psicología que iniciamos en Periodista Digital hablamos de acoso escolar con Judith Fernández Falcón, una de las psicólogas del Gabinete Psicológico Aprende a Escucharte.

– Judith, como decíamos, este es un tema sobre el que los expertos han investigado ya mucho pero sobre el que muchos padres conservan importantes inquietudes y preocupaciones. Por eso antes de nada me gustaría acotar el tema, ¿Cuáles son las claves para definir el acoso escolar?

El acoso escolar, también llamado bullying, es un tipo de violencia entre iguales, en este caso menores, y se da en el ámbito del colegio o instituto. La agresión puede ser verbal, física o social.

Para que se trate de acoso escolar, debe haber intencionalidad, deseo de dañar al otro, sin ninguna provocación previa por parte de la víctima, y debe ocurrir de manera recurrente. Esto es importante recalcarlo, una sola agresión no implica un acoso, todos tenemos enfrentamientos con gente con la que no nos llevamos bien, pero eso no significa que seamos acosados. Cuando las agresiones suceden de manera continua, entonces podemos encontrarnos ante un caso de acoso.

En el acoso escolar se presenta una situación de desequilibrio de fuerzas entre acosado y acosador.

– Como veíamos antes, el aumento de casos también ha coincidido con un aumento del número de investigaciones y estudios al respecto. ¿Qué nos dicen las estadísticas?

Debido al aumento de casos en los diez últimos años, se han llevado a cabo numerosos estudios tanto a nivel nacional como internacional. En un estudio de la OMS del año 2004 en el que participaban 35 países, se observaron tasas de violencia escolar para España considerablemente altas. En el 2005 se presentó un primer informe de población española, llamado Cisneros VII. Y posteriormente, en el 2006, el informe Cisneros X. Ambos informes indican que aproximadamente uno de cada cuatro escolares sufre o sufrirá acoso escolar. Los más vulnerables son los más pequeños, entre 7 y 10 años, disminuyendo el porcentaje según se avanza en edad.

– Cuando hablamos de acoso escolar las miradas suelen irse directamente ala víctima, al acosado, pero ¿Qué hay del acosador? ¿Se han identificado características comunes? ¿Puede hablarse de «causas»?

A la hora de hablar de causas, nos encontramos ante una gran variedad de situaciones: la trivialización de la violencia entre niños, el cambio en los sistemas educativos, falta de recursos en los centros, el cambio en los modelos familiares, la competitividad entre iguales usando la violencia como herramienta, los valores que se transmiten a través de los medios, etc.

En general podríamos decir que los acosadores presentan una fuerte falta de empatía, ausencia de autocontrol, baja autoestima, alto fracaso escolar y gran impulsividad. En algunos casos proceden de familias desestructuradas o en las que se presenta falta de límites.

– ¿Y cómo es el niño acosado? ¿Pueden también identificarse pautas generales en común?

Los niños que sufren acoso suelen ser niños con baja autoestima, pocas habilidades sociales para relacionarse con otros, timidez, falta de asertividad, etc. Son niños a los que les cuenta enfrentar los problemas, ya sea por miedo a las consecuencias o por falta de recursos propios.

En muchas ocasiones son niños solitarios, por lo que no tienen amigos que les apoyen cuando enfrentan las burlas o agresiones de algún compañero, convirtiéndose en «objetivos fáciles» para los acosadores.

– Hablábamos de la preocupación de muchos padres pero también de la dificultad a la que los niños se enfrentan a la hora de contar estas agresiones. Lo que aumenta aún más la inquietud de los padres… ¿A qué señales de alarma pueden estar atentos los padres?

Hay varias señales que, desde la familia, se pueden observar y nos pueden señalar que algo le está sucediendo a nuestro hijo/a. Algunos de ellos son:

  • Miedo o reticencia constante a ir al colegio.
    No relacionarse con otros niños.
    Heridas frecuentes inexplicables o en sitios extraños.
    Ropa o material escolar roto.
    Cambios en el estado de ánimo: tristeza, enfado, apatía…
    Cambios de carácter: retraído, huraño…
    Síntomas psicosomáticos al ir a la escuela: dolores de cabeza, de estómago, fiebre…
    Escoger itinerarios diferentes para ir al colegio cada día.

 

– De identificar alguna de estas señales es aconsejable, imagino, acudir a un profesional, ¿Es así?

Totalmente. Lo recomendable es acudir al centro, tratar de buscar el apoyo de mediadores, tutores y orientadores, que están en contacto directo con el noño en su centro escolar. Cuando la evaluación que estos agentes pueden hacer de la situación parece confirmas las sospechas, a parte de buscar soluciones en el entorno escolar es imprescindible acudir a un profesional que nos guíe y atienda al niño.

– Hemos oído hablar de casos con un final fatídico. En la mayoría de los casos imagino que las consecuencias no son tan dramáticas pero que pueden quedar importantes secuelas a nivel psicológico. ¿De qué tipo de consecuencias hablamos?

Las consecuencias psicológicas para las víctimas son muy diversas: retraimiento, falta de autoestima, depresión, síndrome de estrés postraumático, trastornos alimentarios, e incluso pueden llegar al suicidio en los casos más graves.

– Hablábamos de proliferación de los casos. ¿Esto es realmente así o lo que ocurre es que los casos son hoy más mediáticos que antes?

En cuanto a los motivos por los que actualmente hay más casos, los expertos no llegan a un consenso. Muchos afirman que no hay más casos, sino que ahora somos más conscientes de ello, mientras que otros indican que los cambios en los sistemas de educación tanto desde la familia como desde los centros han repercutido de manera intensa en la proliferación del acoso escolar.

– Lo que es innegable es que con las nuevas tecnologías las formas de acoso adquieren una nueva dimensión. ¿En qué medida contribuyen al problema?

Las nuevas tecnologías, en este caso, aumentan la gravedad del problema. Los niños acosados ya no tienen sólo que enfrentar el día a día en el colegio, sino que además pueden sufrir acoso por internet: mensajes acosadores, fotos denigrantes, vídeos en los que se burlan de ellos. Las posibilidades son infinitas.

Se han dado bastantes casos de adolescentes que envían fotos o graban vídeos de contenido sexual explícito, que han terminado colgados en internet, lo que ha provocado desde profundas depresiones hasta algunos casos de suicidio.

Un ejemplo de ello es el reciente caso sucedido en Nueva Escocia (Canadá) en el que una joven de 17 años se ha suicidado por un caso de bullying y presunta violación.

– No me gustaría terminar esta conversación sin dirigirnos a esos padres de los que hablábamos antes, que pueden estar sufriendo la angustia de sospechar que su hijo puede estar viendo una situación complicada, y no saber cómo actuar para ayudarle. ¿Qué les dirías desde aquí?

Es importante que como padres, se tenga un control del uso de las nuevas tecnologías que hacen los menores.

Tener el ordenador en una habitación de uso común, hacernos una cuenta de facebook, tuenti o twitter y añadir a nuestro hijo/a para poder ver qué fotos o vídeos comparte, controlar el uso del teléfono móvil y las nuevas aplicaciones (como line, whatsap, etc.).

Son muchos los que dicen que los menores no deberían tener acceso a estas tecnologías, pero en mi opinión, es mejor enseñarles un buen uso de las mismas e, incluso, utilizarlas juntos.

Lo primero y más importante es dar confianza al niño para que sea él mismo el que cuente qué le sucede. Si tenemos dudas, debemos fijarnos en las posibles señales de las que hemos hablado antes.

Si su hijo le cuenta que está sufriendo acoso, no se burle de él ni le diga que tiene que enfrentarse a sus acosadores, puesto que es muy posible que él o ella ya lo haya intentado. Escúchele con atención e intente descubrir qué ha sucedido y que no se trate de una magnificación por parte del niño del problema. Póngase en contacto con la escuela y solicite intervención por su parte.

– ¿Y, por último, podemos prevenir antes que curar?

De cara a la prevención, debemos favorecer el desarrollo de habilidades sociales de nuestros hijos, por lo que sería recomendable que si su hijo es muy solitario y le cuesta hacer amigos, le apunte por ejemplo a algún deporte o actividades en grupo, en las que se favorece el desarrollo personal y social del individuo.

Es importante trabajar con él estos aspectos de su mundo social desde edades muy tempranas, reforzando logros y potenciando sus habilidades al tiempo que se adquieren otras.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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