¿Es posible tener éxito como sociedad si los jóvenes se van?

¿Está provocando la crisis un fuga de cerebros de España o es una bola alimentada por Internet?

Desde que empezó la crisis, allá por 2008, ha crecido un 41% el número de jóvenes españoles que han emigrado al extranjer

¿Está provocando la crisis un fuga de cerebros de España o es una bola alimentada por Internet?
Cerebro y conciencia. PD

El 39% de los españoles de entre 25 y 34 años tienen un título de educación superior

Juan Carlos Izpisúa dijo «basta» la semana pasada. Este investigador, uno de los científicos españoles de mayor prestigio internacional, dimitía como director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona por falta de medios.

Su adiós aviva otra vez el debate sobre la fuga de cerebros que en España origina la crisis económica y los recortes. ¿Qué tiene de mito y qué de realidad este fenómeno?

Como explica ‘El Economista’ este 20 de enero de 2014, esde que empezó la crisis, allá por 2008, ha crecido un 41% el número de jóvenes españoles que han emigrado al extranjero, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

El problema consiste en saber cuáles de estos jóvenes pueden ser considerados como ‘cerebros‘, para así valorar la cuestión con absoluta honestidad. Por otro lado, aunque no es menos importante, los que se marchan no son sólo jóvenes.

Así, y aunque la mayoría de los emigrantes españoles están en edad de trabajar, el principal grupo que se marcha entre los españoles de nacimiento es el de menores de edad.

¿Asistimos entonces a una fuga de cerebros o braindrain? El término -usado por primera vez en el Reino Unido de la década de los 50 para describir la emigración de científicos desde Europa hacia EEUU- se popularizó en una sociedad donde menos del 10% de los jóvenes llegaba la Universidad, y pronto se adaptó al caso del Tercer Mundo, que también compartía esta característica sociológica: los universitarios eran élite.

¿Fuga o sólo movilidad?

En España, en cambio, el caso es muy diferente, porque los universitarios (ya) no son minoría: el 39% de los españoles de entre 25 y 34 años tienen un título de educación superior, según los datos más recientes de la OCDE, del 2011.

La cifra aumenta en el caso de los emigrantes: nueve de cada diez de los emigrantes recientes tienen un diploma universitario (según la primera encuesta europea a emigrantes post-crisis procedentes del sur de Europa y de Irlanda), en un país con una alta tasa de paro juvenil.

La demógrafa Carmen González Enríquez, del Real Instituto Elcano, esgrime el alto número de universitarios que ahora registra España para desmentir esa fuga de cerebros: la formación de los que se marchan no es excepcional y «difícilmente podemos hablar de fuga de cerebros».

De este modo, González Enríquez restringe el concepto a aquellos cuya vocación es «la investigación, la ciencia y la tecnología», a quienes identifica con los doctorados que se van o, lo que es lo mismo, el 10% de estos emigrantes recientes.

Esta experta, que subraya que en este campo importa más la calidad que la cantidad, termina señalando que esta salida no es algo nuevo «ligado a la crisis, aunque ésta lo haya aumentado».

En esta misma línea, un informe del sindicato Comisiones Obreras critica «la imagen estereotipada que la prensa ha popularizado» sobre la fuga de cerebros:

«Ese fenómeno ya era un hecho previo a la crisis económica».

Mucho más críticos, científicos agrupados en plataformas como Investigación Digna alertan sobre el peligro al que se enfrenta el país.

Así, otros colectivos como la Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce) y la Federación de Jóvenes Investigadores, por ejemplo, y algunos alejados del mundo científico -como Juventud sin Futuro- han puesto en marcha campañas de denuncia contra este «exilio forzado«.

Créditos mejor que universitarios

Los datos varían según la contabilidad elegida: aunque la Estadística de Migraciones oficial es de 268.578 (en el periodo 2008-2012 y en el primer trimestre de 2013), investigadores como Amparo González (IEGD-CISC, Fundación Alternativas) la elevan a 700.000 emigrantes y otros -como González Enríquez- la rebajan hasta los 40.000.

En cualquier caso, el trabajo de González Enríquez concluye que las salidas de licenciados no tienen efectos negativos para las empresas españolas.

En resumen, no existe «una carencia de talento, sino una sequía de crédito».

El plan del Gobierno

Sea como sea, el Gobierno de Mariano Rajoy ya admitió que si España es incapaz de controlar la pérdida de talento, el país tendrá dificultades.

«Estamos trabajando primero en conocer el tamaño y la envergadura de estas dificultades, por diferenciar de lo que son los investigadores que se tienen que mover, porque la movilidad es un hecho que nosotros potenciamos pero no confundimos los dos términos», recalcaba el pasado mes de septiembre la secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, Carmen Vela.

«Nosotros lo que queremos es recuperarlo porque claro que tendrá un impacto, si somos incapaces de controlar esa pérdida de talento, que además hemos formado y el Estado ha sido quien ha invertido en la formación de esas personas, tendremos dificultades, también en el sistema educativo».

 

 

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