"Asombra el grado de perversión del monstruoso sistema que nos ha sido impuesto"

Arturo Pérez-Reverte: «Esta Administración infame»

"Todo esto apesta, oigan. Ni siquiera la desidia, la incompetencia o la maraña burocrática pueden explicarlo"

Arturo Pérez-Reverte: "Esta Administración infame"
Arturo Pérez-Reverte. EP

Eso no es el humilde funcionario de la ventanilla o el teléfono quien lo concede al sobrino, compadre o recomendado, sino que se decide arriba

La columna aparecía el pasado 8 de febrero de 2014, en ‘XL Semanal’, el magnífico suplemento dominical que nos llega con ‘ABC‘.

La firma el iconoclata y siempre brillante Arturo Pérez-Reverte y lo que cuenta en ella es el amargo pan de cada día para cualquiera que pelee tratando de sacar adelante una pequeña empresa, empuje un maltrecho negocio o sea medianamente conocido y tenga dirección de correo electrónico, dos dedos de sentido común y una pizca de sensibilidad.

Con frecuencia llegan cartas de jóvenes que intentan conseguir una beca de estudios o laboral, crear su propio puesto de trabajo como autónomos, o abrirse paso con fondos que el Estado administra.

Esas cartas acaban produciéndome honda tristeza, pues siempre cuentan lo mismo: el choque con el muro infranqueable de la Administración, cuando no de 17 administraciones diferentes y a veces opuestas entre sí.

La burocracia atrincherada bajo el cómodo anonimato y la impunidad funcionarial, que no sólo entorpece ilusiones, sino que a menudo las destruye por desidia, pereza o desinterés.

Como afirma nuestro mejor novelista, extraño será que ustedes mismos no conozcan casos, si es que no lo sufren en sus carnes o que no hayan llegado hace mucho a la conclusión de que nadie te dice nada y admás te tratan mal, cuando intentas saber qué suerte corrió tu solicitud y con qué criterios fue rechazada.

Asombra el grado de perversión del monstruoso sistema que nos ha sido impuesto. El sistema es anónimo, lo que garantiza mucha impunidad. Mucha golfería.

Todo esto apesta, oigan. Ni siquiera la desidia, la incompetencia o la maraña burocrática pueden explicarlo; porque, cuando con mucha insistencia alguien llega al hilo del ovillo, se entera, por ejemplo, de que su elaborado proyecto con el que sudó sangre, cuyo requisito oficial era generar empleo intercomunitario, ha sido rechazado como otros, y en cambio se lo dieron a una página Web más simple que el mecanismo de un sonajero.

Y claro. Ahí no valen pantallas. Eso no es el humilde funcionario de la ventanilla o el teléfono quien lo concede al sobrino, compadre o recomendado, sino que se decide arriba. Entre quienes se benefician del negocio y lo extienden a su clientela, sobre todo en un país corrupto como éste, donde lees el periódico y echas la pota.

Si esa poca transparencia se da con una subvención de 500 euros, calculen lo que circula en la sombra, y a qué manos va cuando se reparte el pastel entre afiliados, compadres y sindicatos del langostino.

 

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