A propósito del padre Pajares

Manual básico para entender la hipocresía del progre solidario hispano

No nos avergonzamos por pagar rescates que sirven para financiar el terrorismo pero sí por prestar ayuda a un religioso que está entregando su vida por los demás

Una sociedad hipócrita que condena a quien antes pagaba la extorsión a ETA pero que aplaude a la vez el hecho de que el Estado sufrague -con dinero de todos- rescates a bandas terroristas

Si el paciente ingresado en el hospital Carlos III fuera un cooperante de una ONG no vinculada a una orden religiosa ¿le exigiríamos el gasto de la repatriación?

La respuesta, lo más seguro, sería que no. Y además estaríamos orgullosos de que todo un compatriota nuestro estuviera tan en primera línea en la ayuda a los enfermos del ébola.

En estos últimos tiempos parece como si hubiera que denostar todo aquello que tenga relación con la Iglesia católica.

No nos avergonzamos por pagar rescates que sirven para financiar el terrorismo. Pero en cambio sí queremos resarcirnos de la ayuda prestada a un religioso que está entregando su vida por los demás.

Ésta es una sociedad hipócrita que condena a quien antes pagaba la extorsión a ETA pero que aplaude a la vez el hecho de que el Estado sufrague -con dinero de todos- el rescate a bandas terroristas de las expediciones que llevan un riesgo innecesario.

¿O acaso, para llevar juguetes a algún país subsahariano, no es necesario equiparse con carísimo material de transporte y correr el riesgo de pasar por lugares peligrosos… para que luego sean los de siempre quienes lo paguen?

Posiblemente la repatriación pueda ser un error -tal vez debía destinarse ese dinero a ayudar in situ a quienes padecen un drama semejante- pero una vez hecha no podemos consentir la doble moral de tratar a los cooperantes en función de su adscripción religiosa.

Desde mi lejanía personal de la Iglesia tengo que sentir admiración por quienes dan todo por los demás, es decir, el bien más preciado, la vida y la salud, a cambio de nada y esperando sólo una recompensa en el otro mundo.

Apoyemos sin ningún prejuicio a quienes están en la vanguardia de la lucha contra las enfermedades, respaldemos sin reparos a estas personas ejemplares que sin salir en los medios de comunicación se entregan a los demás y realizan tantas y tan arriesgadas visitas a los lugares más calientes de la pobreza y la enfermedad.

Es hora de distinguir y diferenciar a estos héroes anónimos de quienes se sirven y aprovechan de la miseria ajena únicamente para que las revistas les ensalcen por su modélica generosidad.

Es obvio que cuando ciertos famosos se muestran tan solidarios y se van tan lejos para fotografiarse rodeados de niños harapientos suelen hacerlo en beneficio propio: logran así que su imagen resulte aún más atractiva para sus clientes, fans y admiradores.

No estaría de más, por cierto, que cuando esas rutilantes estrellas mediáticas emprendieran tan seductoras aventuras solidarias se hicieran fotos también con ancianos decrépitos de los que tanta ayuda necesitan en medio de su pobreza y senil desamparo. ¿O no será que la ancianidad vende bastante menos?…

Toda la ayuda que podamos prestar a los verdaderos cooperantes que no hacen ruido será siempre poca. Pero distingamos lo falso de lo verdadero.

El religioso español Miguel Pajares es un claro ejemplo de entrega al exponer su salud y, desgraciadamente incluso, su vida. Porque lo que, por supuesto, no hace es posar con los pobres para mejorar su imagen personal y agrandar la cuenta de resultados.

 

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