Los restos del belicoso rey fueron hallados bajo un aparcamiento de Leicester

Con cinco siglos de retraso se desvela cómo murió Ricardo III, el último monarca de la casa de York

Inmortalizado por William Shakespeare, en una obra donde el soberano acorralado en el campo de batalla grita «¡Un caballo! ¡Mi reino por un caballo!»

Su fallecimiento dejó el trono en manos de Enrique VII, el primero de la dinastía de los Tudor

El rey de Inglaterra Ricardo III murió en el siglo XV tras los múltiples golpes que le asestaron sus enemigos en el cráneo tras perder el casco en la batalla de Bosworth Field, cerca de Leicester, en el centro de Inglaterra.

Así lo desvela un nuevo análisis de los restos del rey inglés realizado por investigadores de la Universidad de Leicester.

El estudio de los huesos de Ricardo III (1452-1485) muestra hasta once heridas causadas por diversas armas medievales justo antes de morir, nueve de ellas en el cráneo. Una herida grave, detectada en la pelvis, habría sido infligida cuando ya había fallecido, según el estudio que publica la revista The Lancet en su versión electrónica.

Las lesiones en la cabeza confirman los relatos de la época, según los cuales el 22 de agosto de 1485 el rey Richard III se vio atrapado en la batalla de Bosworth y abandonado por su caballo combatió pie en tierra, donde fue asesinado por sus enemigos. Tenía 32 años y solo dos en el trono. La lectura del estudio es escalofriante.

En él se detallan una a una las lesiones en los huesos y las suposiciones sobre las armas que emplearon sus contrincantes (espadas, lanzas, cuchillos, dagas…)

«Las heridas que presenta demuestran que sufrió el ataque de varios asaltantes, con armas propias del periodo medieval tardío», describió Sarah Hainsworh, coautora de la investigación.

El monarca no presenta heridas defensivas en los brazos, lo que sugiere que llevaba puesta una armadura que le protegía el resto del cuerpo de los ataques. «Las heridas que causaron con más probabilidad la muerte del rey son dos en la parte inferior del cráneo.

Un gran traumatismo producido por un arma afilada, probablemente una espada o una alabarda, y otra herida penetrante, causada por la punta de otro arma», describió, por su parte, Guy Rutty, investigador del centro de Leicester.

La muerte del rey en la batalla de Bosworth significó el fin de la casa de York y dejó el trono en manos de Enrique VII, el primero de la dinastía de los Tudor, que lo presentó como un tirano sediento de sangre, un hombre jorobado, ambicioso, cruel y sin escrúpulos.

Así fue inmortalizado por William Shakespeare en su obra «Ricardo III» (1592), en la que el soberano acorralado en el campo de batalla grita «¡Un caballo! ¡Mi reino por un caballo!», una frase que se convirtió en célebre.

Los restos de Ricardo III fueron hallados en 2012 bajo un aparcamiento municipal de Leicester durante unas obras. Los análisis de ADN confirmaron que este esqueleto con heridas de guerra perteneció al último rey Plantagenet, muerto no lejos de allí y enterrado discretamente por los hermanos franciscanos.

El equipo multidisciplinar de la Universidad de Leicester, dirigido por Jo Appleby, especialista en el estudio de los huesos, ha utilizado técnicas como la tomografía asistida por ordenador (que permite hacer cortes) para estudiar los restos del soberano que el próximo 26 de marzo de 2015 recibirán sepultura en la catedral de Leicester.

La ceremonia será la culminación de una semana dedicada al monarca inglés, a quien asociaciones de aficionados están tratando de rehabilitar.

Antes del entierro, el féretro partirá de Bosworth y recorrerá diversas poblaciones relevantes en la vida del rey hasta llegar a Leicester, donde sus restos se mantendrán expuestos durante tres días para que el público pueda presentar sus respetos.

«Nuestra catedral se ha comprometido desde el primer momento a celebrar una ceremonia apropiada, digna y memorable para el rey Ricardo», afirmó el obispo anglicano de la ciudad, Tim Stevens.

 

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