Carta al Director

Educación: ¿Es la experiencia un grado o una tara?

Educación: ¿Es la experiencia un grado o una tara?
Educación, escuela, tecnología y adición. Maximino Soriano.

Somos un grupo de interinos de educación del Principado de Asturias. Alrededor de 100 que formamos un grupo de whats para expresar nuestros temores ante las oposiciones que nos plantea el Gobierno del Principado de Asturias.

Estimado lector, ¿usted qué opina?:

Muchos de los que en estos momentos están leyendo este texto son gente trabajadora, con años de experiencia a sus espaldas en la misma empresa, o quizá han cambiado y lo primero que les han preguntado es por ella. Si esto es así en cualquier empresa, un valor en alza donde en la mayoría de ocasiones pesa más que un expediente académico, nos preguntamos, ¿por qué en nuestra empresa la experiencia está tan denostada? No queremos decir que no sea bueno que gente nueva comience a trabajar. No se me entienda mal. Todos hemos empezado de la nada y hemos ido adquiriendo el bagaje que hoy tenemos. Pero debemos ver la realidad como es y no como alguien nos la quiera vender.

Entonces sí la mayoría entiende esto, entenderá esto otro que les vamos a explicar. Nuestra empresa es la Administración. Sí, ya sabemos que ahora su pensamiento empieza a cambiar, pero déjennos un poco más. Y, además, se trata de la Consejería de Educación. Por favor siga leyendo, pues la falta de información es la que hace que usted tenga una idea equivocada de lo que es un profesor o un maestro. Lo sé, ya están pensando en las vacaciones, ¿eh? No es oro todo lo que reluce. Por ahora vamos a intentar acercarles a nuestro mundo.

No todos los que damos clase a sus hijos somos funcionarios de carrera, de los que la gran mayoría son muy buenos, por cierto… ¿En qué profesión no hay una oveja negra? Otro gran número de profesionales somos funcionarios interinos, tan buenos como los anteriores. No olviden que todos hemos tenido que pasar por unas pruebas para acceder a tal condición, unos con éxito otros con la mala suerte de no haber ofertado la consejería el número de plazas suficientes para entrar y quedarnos a las puertas, no porque seamos malos.

Permítanos hablarle de estas pruebas. Debo decir que no son tan fáciles como a priori podría parecer. Dense cuenta de que somos muchos y de que hay que eliminar a la gente por los más mínimos errores. Pero no olviden que nosotros no llegamos a la enseñanza porque sí. A parte de la vocación, TODOS poseemos al menos un título universitario y hemos demostrado que tenemos los conocimientos para dar clase a sus hijos. Somos unos profesionales que tenemos que actualizarnos año tras año, pues de nada sirve en este mundo tan cambiante no evolucionar con los tiempos que corren. Cambian las leyes, la tecnología y tantas cosas…Y ahí estamos al pie del cañón. La oposición, para gente que lleva trabajando años (en ocasiones hasta 29 años), ya no demuestra nada. Lo ha demostrado en el aula año tras año. Siguiendo con estas pruebas, ahora se nos obliga a presentarnos y, no contentos con esto, se nos rebarema, pero no para mejorar, no, sino para eliminar esa experiencia de la he estado hablado. Y de paso dejar paso a gente nueva, sin experiencia.

¿Qué pretende la consejería con esta maniobra? Desde luego mejorar la calidad de enseñanza de lo que tanto se vanagloria me temo que no. Se vende la oferta de empleo público como un éxito por el número de plazas que saca, sin pensar que muchas especialidades sólo se convocan en Asturias, con lo cual supone un llamamiento masivo a la participación en el proceso al resto de España y, a renglón seguido, se nos empiezan a poner trabas en nuestra propia comunidad. Si bien es cierto que hay un número de plazas considerable, también lo es que puede presentarse a la oposición cualquiera de nuestros compañeros del resto de España, lo cual no está mal. Lo que pasa es que en esta tierrina, no se protege a sus trabajadores, y es aquí donde empieza todo nuestro calvario. ¿Por qué digo esto? Cuando nosotros vamos a opositar a cualquier lugar de España, tenemos trabas por todos los lados, (se nos cuenta la mitad la experiencia, se nos pide conocimiento de idioma en 5 autonomías al menos, se nos pide un curso de folklore en Extremadura, listas cerradas en Galicia, Cantabria, Canarias, en Andalucía si trabajas dos meses no presentas la programación solo la unidad didáctica, en Madrid los mayores de 55 tienen estabilidad…). Vuelvo a repetirles, lectores, que no somos interinos por elección. Somos interinos porque a la administración le ha interesado, porque no ha ofertado las plazas que realmente necesitaba.

Pero aún hay cosas más sangrantes: las fechas de los exámenes. En lugar de hacerse en toda España el mismo día, se hacen en días diferentes, de tal forma que gente de toda la Península puede venir a Asturias y colocarse por delante de cualquiera de nosotros que tenemos años de experiencia y servicios en nuestra comunidad, apelando a una legalidad que sólo cumple Asturias. Me pregunto ¿es esto justo? Que quede claro, que no me parece mal que vengan y que opositen como los demás. Pero que a la hora de acceder a las listas de interinos debería mirarse por los que llevamos años aquí trabajando.

Todos tenemos nuestras historias particulares, nuestras vidas las hemos desarrollado entorno a este maravilloso trabajo, que es enseñar, a veces con éxito y otras veces con desazón de no poder hacer más por aquel alumno que vemos que puede y que se nos resiste. Sólo pedimos que se entienda que lo que queremos es trabajar y no se destroce la vida de tantas familias que viven de este oficio desde hace años y que se encuentran ahora abocadas al paro, con niños en edad escolar, o pagando estudios universitarios, por no hablar de aquellas mujeres divorciadas que depende sólo de su sueldo para sacar adelante una familia, porque los padres no hacer frente a sus obligaciones. ¿Se nos está obligando a depender de los hombres de nuevo a estas alturas del siglo XXI?

Estamos abandonados al abismo, con unos sindicatos que miran para su ombligo, donde mojarse implica ponerse en contra del poder que les da de comer, unos políticos que con buenas palabras te despachan deseándote suerte en tus próximas oposiciones, sin darse cuenta ambos de que, a su manera, ellos también son interinos, que sus puestos dependen de nosotros, que su trabajo es para el pueblo no para ellos.

Nada puede ser más surrealista que examinarnos un día por la tarde e ir a clase por la mañana, tanto interinos como miembros del tribunal, por no decir que nos han hecho matricularnos de todas las especialidades de las cuales estamos en lista (no bolsa), pero sólo podemos presentarnos al examen de una de ellas, evidentemente, no tenemos el don de la ubicuidad. ¿Qué significa esto? Y, ademán, elaboran una lista de interinos, vinculándola a una nota, que si no es mayor de cinco te ponen un cero en el baremo. ¿Dónde vamos a parar? La experiencia te la recortan a un máximo de cinco años. ¿Y el resto de años trabajados? ¿Se esfumaron?

Todos hemos pasado por manos de profesores, buenos, muy buenos, y otros no tan buenos. Y al final no hemos salido tan mal… ¿Por qué ese odio hacia nosotros? La Administración se ha encargado de pintarnos como los malos. Miren a su alrededor. ¿De verdad los profesores que han tenido han sido tan malos? ¿De verdad, creen que nuestra profesión es tan buena? Yo sin duda lo creo y, si usted también lo cree, la puerta está abierta para que también acceda.

Cualquier profesión que se nos pase por la cabeza, véase el médico, el banquero, el dependiente de una tienda y tantas otras se atiende al «cliente» de uno en uno, dándole a cada cuál lo que necesita, según su necesidad. Nosotros nos ocupamos de 25 en 25, a veces de más, atendiendo a la diversidad, la cual es mucha. Y lo conseguimos unas veces con más dificultad que otras, pero lo hacemos. Estamos consiguiendo adultos ejemplares dignos de llevar un país como el nuestro, tan mal no lo estaremos haciendo digo yo.

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