El militar cojo, manco y tuerto que creó la Legión Española

Millán Astray: ‘El Novio de la Muerte’

Gallego de nacimiento, Millán Astray comenzó su andadura militar al ser admitido en la Escuela Superior de Guerra en 1894 cuando apenas había contaba 15 años de vida.

Más pronto que tarde se destacó, fusil en mano, en los campos de batalla de Filipinas. Disparo tras disparo, este coruñés se fue haciendo un hueco en el ejército y, finalmente, pidió voluntariamente ser trasladado a Marruecos, donde España se estaba dando de mandobles con los nativos en un intento de mantener la paz en el protectorado.

Entre sangre y calor, Millán Astray observó que los soldados enviados desde la Península a la guerra solían ser jóvenes sin experiencia en combate y con una escasa preparación militar, lo que les convertía en blancos idóneos para los curtidos lugareños. Y es que éstos, haciendo uso de su mayor conocimiento del terreno, hostigaban a los soldados bisoños (novatos, que diríamos hoy en día) hasta la extenuación.

Por todo ello, a sus 26 años el oficial gallego decidió proponer la creación de una unidad similar a la Legión Extranjera francesa que, mediante un adiestramiento específico para resistir las duras condiciones de Marruecos, hiciera frente –siempre en primera línea de batalla- a los continuos ataques de los cabileños. Su idea fue aceptada y se creó la Legión Española, una fuerza de choque con la que se pretendía detener la sangría de fallecidos que llegaban diariamente en ataúdes a los campamentos hispanos.

La unidad nació en principio con el nombre de « Tercio de Extranjeros», ya que aceptaba la incorporación de españoles y forasteros. El único requisito es que los voluntarios fueran capaces y supieran manejar un arma. Como explicó posteriormente Millán Astray, permitió la entrada de marroquíes debido a que «un extranjero vale por dos soldados, uno español que ahorra y otro extranjero que se incorpora».

El mando supremo del «Tercio de extranjeros» lo recibió el propio Millán Astray, quien organizó la unidad con la ayuda de su gran amigo Francisco Franco, por entonces comandante.

La retirada de Millán Astray de la primera línea de fuego le llevó a un periplo por América .

Julio del 36 le sorprendió en Argentina, pero tan pronto tuvo noticia del alzamiento viajó a España para unirse al bando capitaneado por sus camaradas de tantos años: Sanjurjo, Queipo y, por supuesto, Franco.

No se le dio, sin embargo, mando sobre tropa, a pesar de que la unidad que fundó, la Legión, tuvo un papel protagónico y de vanguardia en la contienda: el traslado de tropas de África a la península en aviones alemanes (el primer puente aéreo de la Historia), la toma de Badajoz y de Talavera de la Reina, la liberación del Alcázar, la batalla del Jarama, la de Brunete, la de Alfambra, la del Ebro, el socorro a Oviedo, la reconquista de Teruel, la marcha sobre Madrid…

Millán Astray pasó la guerra visitando a los heridos en los hospitales y recaudando fondos para la causa nacional, muy metido en su papel de leyenda viva, papel que desempeñó hasta su muerte en 1954, a la edad de 74 años. ¡Y de qué manera lo desempeñó! Siempre llevaba en el bolsillo retratos suyos autografiados para repartir entre los admiradores que le paraban por la calle, fue testigo de la boda de Celia Gámez y Perico Chicote creó para él un cocktail, la leche de pantera, que todavía hoy beben los lejías.

A pesar de lo ajetreado de su vida social, Millán Astray siempre tuvo tiempo para despachar con el primer legionario que llamara a las puertas de su palacete en Velázquez 99 y para dedicarse a Peregrina, la hija que tuvo con una sobrina de Ortega y Gasset, una de las muchas señoras a las que frecuentó.

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