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Japón: el sexo gay y los guerreros samurais

Son muy suyos los nipones. Japón tiene una compleja e interesante historia con la homosexualidad.

Uno de los ejemplos más representativos lo encontramos en los wakashu: los pre-adolescentes de apariencia andrógina que eran deseados tanto por mujeres como por hombres.

Es importante señalar que en el Japón antiguo las personas no se consideraban homosexuales, sólo sus actos. Y eso no era mal visto, al contrario.

Es más, incluso algunos de los grupos más respetables de la época participaban en estos actos de amor entre el mismo sexo. Entre ellos, los samuráis.

Entre los samuráis existió una tradición conocida como shudo, en la cual un guerrero experimentado tomaba a uno más joven como aprendiz.

Este lazo se consideraba virtuoso y benéfico para ambas partes.

El maestro le compartía a su alumno sus conocimientos en artes marciales y el código de honor samurái.

No era una regla inquebrantable, pero era común que esta relación también tuviera su faceta romántica y sexual.

Sobre todo porque se consideraba que el amor de las mujeres te volvía demasiado «suave y femenino» (como cuando eres muy progresista para tu época, pero no tanto).

Cuando el aprendizaje se daba por concluido, el romance también terminaba. Pero lo usual es que la amistad se conservara.

MONASTERIOS

La homosexualidad como práctica extendida en Japón se originó en los monasterios budistas y taoístas. Las relaciones entre hombres y el sexo libre de prejuicios se practicaban desde la edad media y hasta el siglo XVIII en el país nipón.

El amor homosexual masculino era considerado más sublime que el amor heterosexual.

Eran relaciones que estaban bien vistas y tenían sus propios códigos. En estos ambientes se veía el deseo hacia una mujer como algo prohibido por el celibato, pero no así el deseo por otro hombre.

En esa época causaron furor los libros pornográficos con escenas explícitas de todo tipo de relaciones sexuales.

Destacaron artistas como Suzuki Harunobu, Utamaro y Miyagawa Isshô, que fueron muy populares en el siglo XVIII en Japón. Esta expresión artística conocida como Shunga sorprendió al mundo occidental cuya moral era mucho más estricta entonces.

Muchas ilustraciones Shunga muestran a a amantes vestidos con el estilo Samurái.

Y es que el vestuario delataba la procedencia de los protagonistas. Si eran nobles, guerreros, sirvientes…

Muchos Samuráis adoptaron este tipo de relaciones en la que generalmente un chico joven entraba de aprendiz en un monasterio y empezaba una relación con su maestro.

El joven tenía necesariamente que ser pasivo mientras que el hombre mayor era el activo.

En la pareja, el de mayor edad era conocido como el nenja (念者) y el joven era conocido como wakashū.

Las relaciones entre los dos hombres tenían que estar presididas por el honor y la fidelidad y siempre con consentimiento mutuo.

El hombre mayor enseñando al joven las técnicas militares y el código de honor japonés.

La adopción de los valores occidentales y un cambio en la visión de la moral, llevaron a que durante el siglo XIX este tipo de prácticas estuvieran más censuradas hasta el punto de llegar a estar prohibidas.

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Vacunarse no suele ser motivo de alegría, pero estos luchadores de Sumo sorprendieron a todos en el hospital cuando llegó el momento de las inyecciones.

Fuertes, grandes y temerarios en el cuadrilátero, los médicos no sospechaban que dentro de un consultorio serían los pacientes más cobardes.

Es que a medida que recibían sus vacunas, hacían esfuerzos denodados para no demostrar lo que realmente sentían: miedo.

Las imágenes son graciosas -y a la vez enternecedoras- porque muestran la debilidad de estos gigantes.

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