Historia

¿Cómo perdió España la isla de Guam?

2.386 soldados y 115 oficiales, se presentaron ante el puerto de la capital de la isla con intenciones de conquista

Las amenazas lanzadas por el mandatario de Corea del Norte Kim Jong-Um de atacar con misiles nucleares de largo alcance la isla norteamericana de Guam, nos ha hecho recordar que esta isla no siempre tuvo esa nacionalidad ya que, un día no demasiado lejano, formó parte de los territorios de ultramar del Imperio Español, aquellos que, en tiempos del gran rey Felipe II, permitían que, «nunca se pusiera el sol en los dominios de España».

Fue descubierta en su largo periplo que resultó frustrado y que pretendía circunvalar por vez primera el Planeta Tierra, por el almirante Fernando de Magallanes, que murió en la isla de Mactán (Filipinas) a manos de nativos un 27 de abril de 1521. La isla referida fue ocupada oficialmente para la corona de Castilla por Miguel López de Legazpi, en enero de 1565, siendo bautizada con el nombre de Guam, respetando el nombre que le daban los indígenas que la habitaban, pero a las otras islas conquistadas simultáneamente, les puso el nombre de Islas Marianas, en honor de Mariana de Austria, esposa del rey Felipe IV, reinante en aquel momento y nieto del monarca recientemente nombrado Felipe II.

La isla de Guam tenía un importante puerto, donde recalaban los navíos cuyo destino eran las Filipinas y en esa tesitura contempló el paso de los siglos sin ninguna novedad, siendo un destino cómodo para los militares de guarnición, pero ese signo mutó como consecuencia de la guerra mantenida por el reino de Las Españas contra la potencia de los Estados Unidos de Norteamérica, en defensa de las últimas colonias en el Continente Americano: Cuba y Puerto Rico, que se perdieron a partir del 12 de agosto de 1898.

Pero los propósitos del latrocinio yanki no sólo terminaron en el Caribe, sino que, conocedores de que habían destruido la flota española y, por lo tanto, ésta ya no podía defenderlas, lanzó sus victoriosos barcos de guerra en dirección al extremo Oriente para apropiarse de las últimas posesiones españolas en el Océano Pacífico, la isla de Guam y luego en forma más trabajosa, el archipiélago Filipino.

Una imponente flota norteamericana formada por el crucero blindado «Charleston», acompañado de tres trasatlánticos, el «City of Peking», el ªAustralia» y el «City of Sidney», todos al mando del capitán de navío Henry Glass, con 2.386 soldados y 115 oficiales, se presentó ante el puerto de la capital de la isla con intenciones de conquista.

Esta armada anuncio su presencia descerrajando tres andanadas consecutivas de sus cañones frente al puerto de Apra de la población de Agaña, capital de la isla, una mañana de 20 de junio de 1898, hecho que asustó a sus habitantes. El capitán Pedro Duarte, primero comprobó la nacionalidad de los barcos y luego corrió a avisar al capitán del puerto, teniente de navío Francisco García quien en principio no se preocupó ya que esta era la manera habitual de avisar de su presencia de cualquier barco al llegar a puerto. Llamó al cirujano naval Doctor Romero y a José Portusach, para que actuara como intérprete, arribando esta escuálida comitiva en una chalupa frente al crucero «Charleston», donde fueron recibidos con cortesía mientras el médico se dirigió reglamentariamente a Glass, preguntándole si había alguna epidemia a bordo. Por su parte, el capitán del puerto pidió disculpas por no haber contestado a las salvas de cortesía, a causa del mal estado de los cañones del fuerte de la Santa Cruz, totalmente comidos por el salitre del mar.

El capitán de navío Henry Glass, se sorprendido por la buena voluntad de los que le hablaban, informándoles de que había habido una guerra en la que España había perdido a casi toda su flota en la bahía de Manila y, después, preguntó cuántos soldados defendían Guam. el capitán del puerto, Francisco García no daba crédito a las palabras del capitán norteamericano, pero contestó, acerca de los efectivos solicitados, comunicándole que habían 54 soldados y 4 oficiales. Seguidamente, el almirante escribió en un papel las fuerzas de las que disponía: el crucero Charleston dotado de dos cañones de 20 centímetros, de 15 y otros de diverso calibre. En los otros dos barcos iba una división de soldados al mando del general Anderson, diciendole al capitán del puerto que comunicase la situación al mandamás del territorio, general Juan Marina.

Puestos estos hechos en conocimiento de la máxima autoridad de la isla, el mismo día de la visita de las autoridades españolas en el «Charleston», unos determinaron resistir, pero la diferencia numérica a favor de los yankis, aparte de su mejor equipamiento, los hizo abandonar sus heroicos pensamientos. Finalmente esperaron a los representantes del enemigo en el lugar convenido para la reunión donde se encontraron con un teniente de navío que traía una nota de Glass que decía:»Mi gobierno me manda tomar posesión de esta isla, espero que se rinda usted con todos los oficiales al servicio de España. El oficial portador de esta carta tiene orden de esperara 30 minutos. Capitán de navío Henry Glass»·.

El general Marina se rindió con este escrito: «Sin defensas de ninguna clase, ni elementos que oponer con probabilidad de éxito a los que usted trae, me veo en la triste precisión de rendirme, aunque protestando por el acto de fuerza realizado y de la forma en que se ha hecho, puesto que no tengo noticias de mi Gobierno de haber declaración de guerra ente ambas naciones. General Marina».

Después de la rendición se acabó la cordialidad o, más bien la precaución, porque Glass temía a una tropa como la rendida que hubieran podido acuartelarse en la isla y causar muchos muertos al bando invasor. Y, sin más preámbulos, los oficiales fueron detenidos con violencia y llevados como prisioneros al «Charleston», mientras, desembarcó un regimiento que, tras arriar la bandera de España, izó la propia, desarmando y apresando a la guarnición que encerró en el vapor «City of Sidney» donde permanecieron hasta que fueron entregados a grupos rebeldes filipinos que luchaban por su independencia de los invasores estadounidenses. Finalmente aquellos españoles fueron liberados y pudieron regresar a su país.

De alguna manera, los orgullosos ocupantes de la isla de Guam que fácilmente habían ganado a los españoles gracias a su superioridad numérica y armamentística, también mordieron el polvo de la derrota en el año 1941, cuando los japoneses invadieron la isla y obligaron al gobernador militar de la isla, George Mc Millin a rendirse. Este acto de guerra llevaría cierta satisfacción al espíritu del general Marina, aunque la isla fue reconquistada por los Estados Unidos de Norteamérica el 21 de julio de 1944 hasta nuestros días, que el mandatario norcoreano ha amenazado con borrarla del mapa mediante uno o varios misiles.

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