Cuatro mil seiscientos años después de su construcción, la Gran Pirámide de Guiza sigue generando preguntas que los arqueólogos no pueden responder con certeza.
No porque falten teorías sino porque la pirámide lleva milenios siendo más grande que cualquier explicación que se haya intentado darle.
El faraón que quiso ser dios
Keops, cuyo nombre egipcio era Jufu, gobernó Egipto aproximadamente entre el 2589 y el 2566 a.C. durante la IV Dinastía del Imperio Antiguo. Lo que sabemos de él con certeza cabe en muy poco espacio: que ordenó construir la pirámide más grande del mundo, que concentró el poder de una manera que sus contemporáneos y sucesores consideraron excepcional y que los sacerdotes que sobrevivieron a su reinado se dedicaron durante siglos a construir su leyenda negra.
Fue el primero en inaugurar la tendencia de los faraones a identificarse con Ra, el dios del Sol. Sus hijos se llamaban «hijos de Ra», lo cual en la teología egipcia equivalía a afirmar que su padre era el propio dios solar. En una época en que la religiosidad solar estaba en pleno auge, apropiarse de esa divinidad fue un acto político de primer orden: si el faraón era dios, cualquier oposición a su voluntad era herejía.
Para consolidar ese poder eliminó a los sumos sacerdotes que heredó de su padre y los sustituyó por familiares y personas de su confianza. Concentró en la corona las riquezas que estaban distribuidas entre centenares de templos a lo largo del Nilo. Y se enfrentó directamente a los sacerdotes de Path y de On, dos de los cultos más poderosos del Egipto de su época.
El resultado fue un reinado extraordinariamente centralizado y una leyenda negra que Heródoto recogió cuatro siglos después directamente de los descendientes de aquellos sacerdotes despojados de poder. La fuente explica el sesgo.
Lo que costó la pirámide y quién lo pagó
La Gran Pirámide es el edificio más caro en términos de recursos humanos y materiales que ninguna sociedad preindustrial ha construido jamás. Calcular su coste en términos modernos es un ejercicio especulativo pero ilustrativo.
Los 2,3 millones de bloques de piedra caliza y granito que la componen tienen un peso total estimado de seis millones de toneladas. Trasladar y colocar ese volumen de material con la tecnología disponible en el 2560 a.C., sin rueda, sin hierro y sin animales de tiro para las tareas más precisas, requirió una organización logística que los papiros del Merer, descubiertos en 2013 y los documentos escritos más antiguos conocidos, describen con una precisión contable que sigue asombrando a los especialistas.
Los estudios más recientes estiman que trabajaron en la pirámide entre 20.000 y 30.000 personas en los momentos de mayor actividad, aunque no todas simultáneamente. Los trabajadores permanentes, que mantenían las canteras, los sistemas de transporte y las estructuras de apoyo, eran entre 5.000 y 10.000. Los temporales, principalmente agricultores que trabajaban durante las crecidas del Nilo cuando los campos estaban inundados, se movilizaban por temporadas.
Esos trabajadores no eran esclavos, como el mito popular ha repetido durante siglos. Los papiros del Merer documentan sus raciones de pan, cerveza, carne y pescado. Los registros arqueológicos muestran un hospital en las cercanías de la pirámide donde se trataban fracturas con técnicas quirúrgicas sorprendentemente avanzadas. Y el cementerio de los trabajadores, descubierto en los años noventa, muestra enterramientos con ajuar que corresponden a personas que el estado egipcio trataba con respeto.
El coste total en términos contemporáneos ha sido estimado por distintos economistas e historiadores entre 1.200 millones y 5.000 millones de dólares actuales, dependiendo de las hipótesis de partida sobre productividad laboral y precio de los materiales. Es una horquilla enorme pero útil: la pirámide fue aproximadamente tan cara como construir hoy varios rascacielos de los más grandes del mundo, pero sin grúas, sin acero y sin maquinaria pesada.
Quien lo pagó fue el estado egipcio a través de los impuestos y el trabajo obligatorio que Keops centralizó después de arrebatar parte de las riquezas al clero. Los templos que el faraón despojó de recursos financiaron, en cierta medida, el monumento que los sacerdotes supervivientes luego maldijeron en sus relatos a Heródoto.
Cuánto tardó en construirse
El reinado de Keops duró entre 23 y 27 años según las distintas fuentes. La pirámide, según los modelos matemáticos más recientes, se completó en ese mismo período o muy cerca de él.
El modelo de rampa helicoidal integrada que el investigador Vicente Luis Rosell Roig ha desarrollado con simulaciones matemáticas establece que la mayor parte de la estructura podría haberse completado en 13 años y medio, con el total entre 20 y 27 años si se incluyen los trabajos en las canteras, el transporte por el Nilo y las pausas estacionales.
La cifra que Heródoto da, 20 años con 100.000 obreros, cuadra razonablemente con esas estimaciones aunque el griego recogió esa información de sacerdotes egipcios que tenían sus propios intereses en la narrativa.
El ritmo que ese plazo implica es el que sigue asombrando a los ingenieros modernos: un bloque colocado cada tres minutos durante diez horas al día durante veinte años. Sin ordenadores. Sin grúas. Sin GPS. Con cuerdas, trineos, palancas, rampas y una organización logística que la burocracia del Imperio Antiguo egipcio fue capaz de sostener durante décadas.
Los mitos que rodean a Keops
Heródoto recogió en el siglo V a.C. la acusación más escandalosa: que Keops prostituió a su propia hija para financiar la finalización de la pirámide cuando se quedó sin fondos. Que cada cliente del prostíbulo debía entregar una piedra, y que con esas piedras se construyó la pirámide pequeña situada frente a la grande.
Los arqueólogos modernos consideran que esa pirámide pequeña pertenece a una hermanastra de Jufu, lo cual da cierta base estructural al relato aunque no lo confirma. La interpretación más aceptada es que la historia fue fabricada por los sacerdotes despojados de poder para envenenar el recuerdo del faraón que los había humillado.
¿Esquilmó Keops a Egipto? Tampoco. La prueba más sencilla: sus sucesores inmediatos construyeron dos pirámides más, la de Kefrén y la de Micerino, lo que demuestra que el estado egipcio seguía siendo solvente después de su reinado. Un buen administrador que concentró mucho el poder, no un tirano que arruinó al país.
¿Se identificaba con un dios? Probablemente sí, en el sentido en que cualquier faraón de la IV Dinastía se concebía como representación divina. El especialista Robert M. Schoch documenta que el nombre de Keops llegó a usarse en tumbas ajenas como símbolo de santidad y protección, lo que sugiere que el culto a su figura perduró mucho después de su muerte pese a la leyenda negra sacerdotal.
Lo que todavía no sabemos
La Gran Pirámide tiene cámaras y corredores cuya función exacta sigue siendo objeto de debate. En 2017, la misión ScanPyramids identificó mediante tomografía de muones una gran cavidad sobre la Gran Galería que no corresponde a ninguna estructura conocida. Su naturaleza sigue sin determinarse.
No sabemos con certeza cómo se colocaron los bloques de granito de la Cámara del Rey, que pesan hasta 80 toneladas y fueron transportados desde Asuán, a 900 kilómetros de distancia. No sabemos si el revestimiento original de caliza blanca de Tura, que cubría toda la pirámide y que fue saqueado durante la Edad Media para construir El Cairo, permitía ver inscripciones o decoraciones que se han perdido para siempre.
Y no sabemos quién exactamente fue Keops más allá de lo que sus enemigos escribieron de él.
Cuatro mil seiscientos años de historia. Una sola estatuilla de marfil de ocho centímetros de altura que es el único retrato conocido del hombre que construyó el mayor monumento funerario de la humanidad.
La pirámide sigue siendo más grande que todo lo que sabemos sobre quien la ordenó construir.

