Ciencia
Raúl P. víctima de abusos sexuales a manos de monjes de Montserrat. EP

Crece como una mancha de aceite (El independentista abad de Montserrat pide perdón por los abusos a menores, pero se aferra al cargo).

Y ellos siguen como si nada (Víctimas de abusos de Montserrat exigen que se "depuren responsabilidades" y el Abad les pide perdón).

Lo cuenta Guillem Sànchez en 'El Periódico de Catalunya' este 7 de febrero de 2019.

A Raúl P. le diagnosticaron un cáncer en los huesos a los 13 años. La enfermedad le obligó a convivir con la muerte durante dos años, hasta 1983.

Reinsertarse en su vida de adolescente tras una enfermedad que solo logró extirparse del cuerpo tras una quimioterapia que interrumpió su desarrollo hormonal -e hizo que perdiera el cabello- y una operación que le amputó una pierna, sencillamente, resultó imposible.

Raúl P., que pide preservar su apellido en el anonimato, explica que vivió una adolescencia que no puede desear ni a sus enemigos. Debería haber sido una etapa feliz de su vida, porque lo es en la mayoría de casos.

Pero sintió el rechazo de su entorno, porque una pierna no bastaba para hacer las cosas que hacían sus amigos y se aisló hasta convertirse en un "marginado". Sumergido en una depresión severa, la noche del fin de año del 31 de diciembre de 1986 quiso quitarse de en medio.

Lo encontraron inconsciente, le llevaron de urgencias a un hospital donde le practicaron un lavado de estómago y, tras varios días en coma, despertó de nuevo a un mundo del que había pretendido huir.

Sus padres, aconsejados por un amigo de la familia, trataron de animarlo presentándole a un hombre que podría reconciliarle con los jóvenes de su edad. Al frente de las agrupaciones de 'escoltas', y metido en miles de actividades sociales, en las que podría buscar una grieta a su ostracismo, parecía la persona adecuada.

Era el monje Andreu Soler, acusado ahora por ocho víctimas de abusos sexuales que han alzado la voz tras la denuncia inicial de Miguel Hurtado. Raúl P. es la número nueve.

Según ha relatado a través de una entrevista telefónica, esto es lo que vivió en la Abadía de Montserrat.