LA HUELLA DEL HOMBRE

El heroismo de unos guardias civiles de 1936 que impresiona a Pérez Reverte y espanta a sectarios y tontos

El heroismo de unos guardias civiles de 1936 que impresiona a Pérez Reverte y espanta a sectarios y tontos
Miembros d ela Guardia Civil y sus familias, en el Santa María de la Cabeza y Arturo Pérez-Reverte. EP

Lo tenían más grandes que el caballo de Espartero (Reverte sacude un palo a Iglesias y otro a Sánchez por sus elogios a Arzalluz: «Me da la risa floja»).

«Una advertencia previa a los sectarios y los tontos: eviten este artículo. Hoy hablo de héroes, y eso tiene mala acogida entre cierta gente. Sin embargo, para los ecuánimes, capaces de reconocer la virtud en sus adversarios, los héroes no tienen etiqueta».

Así empieza el artículo de Pérez Reverte del 3 de marzo de 2019 en el «XL Semanal», en donde rememora una historia de «hace ochenta y dos años (Perdigonazo de Pérez-Reverte a los jueces por arrodillarse ante los animalistas y prohibir la caza en Castilla y León).

«Un episodio admirable por el que todos pasan de puntillas: el santuario de Santa María de la Cabeza».

Esta epopeya que ocurrió en julio de 1936 está enmarcada, claro, dentro de nuestra Guerra Civil y consistió en que un grupo de guardias civiles y civiles a secas, al mando del capitán Santiago Cortés, que antes que rendirse al bando republicano prefirieron resistir y morir por sus principios.

«Con trescientos veintidós combatientes (230 guardias y 92 voluntarios) armados con fusiles y novecientos no combatientes -mujeres, ancianos y niños- refugiados en el santuario, Cortés decide pelear y resistir, esperando una ayuda que no llegará nunca. El 14 de septiembre de 1936, un primer intento de las milicias republicanas por hacerse con el cerro es rechazado. Y así empieza el asedio».

La conclusión del texto, que puedes leer integramente pinchando en este enlace, es la siguiente:

«Lo que sigue es un ejemplo de humanidad muy raro en esa guerra. Hay fotos e incluso una filmación: los vencedores republicanos, admirados, respetuosos, dejan con vida a los prisioneros y ayudan a salir del sótano a mujeres, niños y ancianos».

Y la última frase:

«España, a fin de cuentas y otra vez. Ya saben. La pobre, trágica y dura España».

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