Las reflexiones del escritor Carlos Álvarez Méndez

“Hasta los cojones de oír hablar a los masones y sus vasallos de la izquierda del tema de la conquista española”

“Hasta los cojones de oír hablar a los masones y sus vasallos de la izquierda del tema de la conquista española”
Conquista española PD

Me levanto hoy de nuevo y escucho la imbecilidad del día nada más despertar. De nuevo la idiotez de la conquista. Oída, por supuesto, del masón principal de la tierra de más masones de Hispanoamérica como es Méjico; enemigos Méjico de la Iglesia cristiana, como si no les hubiera bastado estar jodiendo a nuestra patria y destruir el Imperio desde entonces hasta hoy mismo; no les basta tres siglos, quieren más. Estos hijos de puta van a conseguir que me vuelva católico ortodoxo. Una vez más los puñeteros masones, con el eco acompañado de los palmeros de la izquierda ridícula española, como la pesada de Ada Mecolau y el coñazo del Kichi. Hablan y hablan porque no tienen nada que decir y sí muchos micrófonos que chupar. Asco de españoles desagradecidos, ignorantes, de cobardes sin talento. Callad y leed; callad y pensad; callad y escuchad.

Ay, vieja España, el Imperio más grande y envidiado que ha existido, seguramente, te portaste demasiado bien con tus enemigos ancestrales, en lugar de haberlos aplastado, como habría hecho Roma, y ahora así te lo pagan. Y es que las hienas solo se atreven a atacar al León cuando yace herido, cuando languidece y su rugido y su diente ya no asusta.

La Nobleza es una virtud que uno no debe practicar mas que con sus iguales. Llegará un día en que alguna imbecilidad, no nueva sino traidora, se acercará a mi espalda y pilándome desprevenido acabará conmigo. Sé que así terminaré y será un triste pero previsible final. Por favor, ¡que saquen una ley de urgencia nacional que condene a los mequetrefes a cinco horas de lectura diaria, o si no que algún piadoso les corte la lengua!

El día que nos demos cuenta de quiénes nos han manipulado con sibilino genio desde las sombras y desde tiempo ha, nos sentiremos tan idiotas que imploraremos el suicidio o el exilio. Pero que nadie se asuste, no tenemos ningún interés en saber nada importante. Así que cuando vayamos a darnos cuenta, si es que nos la damos, ya será tarde.

Cada día que pasa echo más de menos la ignorancia.

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