Los cinco pilares de la felicidad del niño

Supervivencia: Consumo

CÓMO EDUCAR PARA GENERAR ADULTOS FELICES

Supervivencia: Consumo
Un bebé. PD

El ser humano tiene un mecanismo innato y adaptativo de insatisfacción.  Es  una  tendencia natural que nos impulsa a necesitar más, a consumir, a acumular y que en términos generales ha beneficiado a la especie hasta la aceleración del ritmo evolutivo humano que se produjo en el siglo XX.

Controlar esta condición natural parece  imposible en un entorno tan hostil, donde continuamente se estimula la insatisfacción con técnicas de ventas y se generan estilos de vida de consumo.

En realidad también nos vamos adaptando frente   a este desafío y lo hacemos porque sabemos que potenciar ese desequilibrio, como cualquier otro, solo puede generar placer en un momento para después se- guir desequilibrados.

La sabiduría popular lo ha reflejado en dichos del tipo:

  1. •     «No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita»
  2. •     «Si no eres feliz con poco, no eres feliz con nada»

Debe saber (si es que no lo ha descubierto usted mismo y los estudios al respecto son contundentes), que la felicidad y los bienes correlacionan directamente hasta el momento en que la persona dispone de lo necesario: un hogar, alimentación, acceso a sanidad, etc. Pero a partir de ahí, una casa más grande, más co- ches, más de todo, no solo no mantienen ese relación sino que, a partir de cierto nivel, la relación se invierte.

¿Y qué podemos hacer con lo niños si son bombardeados continuamente hacia el consumo?

Bueno, en realidad hay un truco: los niños aprenden a convivir bien con la saturación de mensajes publicitarios, los pueden convertir en ruido.

Pero entonces llegan los mejores aliados del con- sumo: los padres. El niño cumple su primer añito y lo llenan de regalos y juguetes que el pequeño no com- prende pero que observa asombrado. El adulto piensa, «mira cuantos juguetes, cuanto te quiero», mientras que el niño supone que muchos regalos tienen que significar mucha alegría.

Ya sabemos que a los pocos días el niño estará saturado de trastos, no prestará atención a los juguetes y, por supuesto, los padres habrán aprendido como funciona el mecanismo de insatisfacción.

Empiece por regalar con moderación mostrando con su ejemplo el cuidado y atención que se merecen los objetos por el esfuerzo que ha costado obtenerlos. Valore los objetos equilibradamente, enseñando  al niño a cuidarlos usándolos de forma apropiada. Des- cubrirá que el niño que dispone de pocas cosas se relaciona con ellas de forma diferente y demanda menos la adquisición de otras nuevas.

Siga con la tarea de transmitir valores trasladando el centro de la diversión desde los objetos al cerebro del niño, desde la pasividad a la actividad mental.

Además de una buena dosis de austeridad (de la que trataremos más adelante), tenemos que enseñar a los niños a encontrar satisfacción en diversas actividades no relacionadas directamente con el consumo, es decir, jugando, haciendo deporte, leyendo, en familia o tomando contacto con la Naturaleza.

Evite usar los objetos de consumo como incentivos o premios, al menos antes de la adolescencia. Los incentivos internos tales como alabanzas, afecto o re- conocimiento en principio son los más potentes, pero cuando son sustituidos por incentivos externos como regalos o dinero se desactivan, se anulan perdiendo su valor de incentivo.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído