Un insólito incendio subterráneo azota el Parque Natural

Las Tablas de Daimiel se queman por dentro

La turba del subsuelo arde desde agosto tras cuatro años sin agua

O el Parque se recupera en poco tiempo o el deterioro de las turbas será irreversible

No hay agua y las Tablas de Daimiel, agrietadas, resecas y polvorientas, echan humo. En realidad, se queman por dentro.

Durante miles de años, bajo el agua de las Tablas se ha acumulado materia orgánica, principalmente de origen vegetal. En esas condiciones, sin oxígeno y empapada en agua, se forma la turba, una especie de carbón vegetal.

Cuando el suelo se seca, la turba pierde agua, se encoge y agrieta el terreno. El aire comienza a circular por los huecos. Y la turba, formada en ausencia de oxígeno, comienza a oxidarse y se calienta.

Cuando supera cierta temperatura entra en autocombustión, arde sola bajo el suelo. La autocombustión no es más que la oxidación a toda velocidad.

MEDIO AMBIENTE ADMITE QUE EL DAÑO ES «IRREVERSIBLE»

El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel sufre un «proceso de degradación irreversible que se presenta como un punto de no retorno en su conservación». Así lo establece un informe elaborado por la dirección del parque nacional y presentado el pasado septiembre al patronato del paraje.

En 2007, el Instituto Geológico y Minero de España alertó de que de proseguir la sequía la turba del subsuelo formada durante 300.000 años entraría en autocombustión, un fenómeno que se desencadena en periodos de sequía extrema.

El parque, que necesita 25 hectómetros cúbicos (cada uno equivale a un volumen como el del Santiago Bernabéu) para inundarse completamente, vive del agua del Tajo que el Gobierno envía a través del cauce seco del río Cigüela.

La inmensa mayoría del agua (más del 96% en el último envío) se infiltra hacia el acuífero de La Mancha.

LA ÚLTIMA TRAGEDIA COMENZÓ EN 2005

La trágica sucesión comenzó en las Tablas de Daimiel en 2005, cuando se secaron las lagunas. No era la primera vez que se agostaban, ya que las decenas de miles de pozos, legales e ilegales, que han proliferado en la zona en 40 años han esquilmado el inmenso acuífero que rebosaba en las Tablas y en los ojos del Guadiana.

La sequía en la cabecera del Tajo hizo que el Gobierno limitara los trasvases -de los que realmente vivía el humedal- hasta el parque nacional. La prioridad era el abastecimiento y el regadío en Murcia y Alicante.

El 26 de agosto pasado, uno de los guardas avisó de que de un agujero en el suelo cerca de la isla de las Cañas salía humo. Fue la primera vez.

En julio, otro incendio en superficie en la zona de protección del parque (la que se encuentra antes del espacio natural) se propagó a través de la turba y en septiembre reapareció de nuevo en otro punto.

NO SABÍAN COMO ATACAR EL FUEGO

Al principio, el personal del parque no sabía cómo atacar el fuego. Tras varios intentos baldíos descubrieron que la única forma era ir aplastando el terreno con palas mecánicas, para impedir que el aire oxigenase la turba.

Luego lanzaron unas tuberías de dos sondeos de fincas compradas junto al parque. Las bombas lanzan agua continuamente sobre el terreno, pero hace falta un caudal ingente para conseguir frenar el fuego subterráneo.

Aunque no todo el parque tiene turba en el subsuelo, sí hay enormes acumulaciones bajo el antiguo cauce del Guadiana.

Los técnicos del parque han calculado que han ardido unas cinco hectáreas, pero en realidad nadie sabe cuánto ha sido. En esa zona hay unas 150 hectáreas cuarteadas, susceptibles de arder.

APARECEN NUEVAS FUMAROLAS

Aunque el pasado 5 de septiembre dieron el fuego por acotado -«no por controlado»-, el miércoles pasado se volvió a detectar una fumarola.

El humedal, una de las 14 joyas de la naturaleza española que están catalogadas como parque nacional, se prepara para nuevos focos.

Los técnicos han creado un sistema de tuberías para poder empapar el suelo en las zonas susceptibles de arder.

En sólo dos puntos hay agua gracias a bombeos subterráneos. Así los turistas pueden ver un resto de laguna. Sólo hay cinco hectáreas inundadas, de las 1.600 encharcables del paraje.

Lo peor, lo verdaderamente grave, es que al quemarse la turba el suelo pierde sus propiedades. Cuando el agua vuelva -si vuelve- nadie garantiza que se vaya a quedar allí como hasta ahora.

Es posible que se filtre directamente al acuífero, que las Tablas, como las conocemos, sólo existan en el recuerdo.

50 AÑOS DE LENTA AGONÍA

  1. El humedal comenzó a morir en 1956, con la ley sobre saneamiento y colonización de los terrenos pantanosos a los márgenes de los ríos Cigüela y Záncara.
  2. La norma convertía terrenos incultos de carácter pantanoso o encharcadizo en regadío.
  3. Entonces parecía imposible secar La Mancha húmeda, una comarca en la que el agua manaba en el suelo. El acuífero 23 rebosaba.
  4. O el Parque se recupera en poco tiempo o el deterioro de las turbas será irreversible.
  5. Junto al parque, los pivots (sistema de riego por aspersión) inundan cebollas o maíz, sobreexplotando el acuífero.
  6. Las organizaciones agrarias tienen aquí un enorme poder y las administraciones ven más votos en la agricultura que en las lagunas.

 

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