La COP10 negocia in extremis un plan crucial para proteger la biodiversidad

La COP10 negocia in extremis un plan crucial para proteger la biodiversidad

El príncipe Alberto de Mónaco (i) toma la palabra durante la reunión de alto nivel de la convención de la ONU sobre biodiversidad que se celebra en la ciudad japonesa de Nagoya. EFE

EFE/Archivo

La Convención de la ONU sobre Biodiversidad (COP10) de Nagoya (Japón) se alargó hoy hasta entrada la noche, entre intensos debates para superar los escollos que impiden un acuerdo crucial para proteger las especies y ecosistemas.

A pocas horas de su prevista clausura se habían aprobado sólo una treintena de textos referidos, entre otras cosas, a la conservación de la diversidad biológica de las montañas, las aguas continentales y las tierras áridas y subhúmedas.

Sin embargo, aún no se había logrado un consenso sobre cómo y hasta qué punto financiar los programas para preservar la biodiversidad, ni tampoco sobre un protocolo que regule el acceso a los recursos genéticos y el reparto de los beneficios que genera su uso.

Tras una larga jornada de discusiones, los negociadores que participan en el encuentro decidieron seguir con las reuniones más allá de la hora prevista con la intención de prolongarlas el tiempo que haga falta para poder presentar un resultado.

Los debates más espinosos están centrados en la financiación del plan estratégico que salga de Nagoya, por una parte, y en el protocolo para el uso y distribución equitativa de los beneficios derivados de los recursos genéticos (ABS, en inglés), por otra.

En el primer caso, países como Brasil han propuesto un monto específico de 200.000 millones de dólares destinado a llevar a cabo el plan estratégico, aunque esta cifra no es vista con buenos ojos por bloques como el de la Unión Europea.

Japón, anfitrión de la reunión, ha ofrecido por su parte 2.000 millones de dólares en los próximos tres años para proteger la biodiversidad, con la meta de que la cumbre de Nagoya no termine en fracaso.

También hay disensión sobre el acceso a los recursos genéticos, definidos por la ONU como el «material hereditario con valor económico, científico o social contenido en las especies», por ejemplo en las plantas y microorganismos que se encuentran en territorios indígenas de México o de los países amazónicos.

Las naciones que albergan estos recursos piden que su acceso esté estrictamente regulado y, además, poder participar de los beneficios que su desarrollo produzca en otros países.

En los últimos días no se logró avanzar en un borrador para el protocolo ABS, por lo que Japón presentó hoy un texto que pretende conciliar posturas y que ha dejado fuera algunas cláusulas, como la que daba valor retroactivo al protocolo.

En cambio, propone que se considere un mecanismo multilateral de reparto de los beneficios de los recursos genéticos, al tiempo que llama a que los países que los albergan consideren permitir el acceso a algunos determinados, como los patógenos, en caso de emergencias sanitarias.

El asunto del protocolo ABS es de suma importancia para el grupo de los países de Latinoamérica y el Caribe (GRULAC), que en Nagoya han logrado que se reconozcan los vínculos entre el conocimiento tradicional de los indígenas y el uso de los recursos genéticos.

En este sentido, hay discrepancias sobre «cómo se hace uso de recursos genéticos y su conocimiento, porque pueden derivarse muchos subproductos con sus propias patentes», dijo a Efe uno de los negociadores de Guatemala, Edgard Selvin.

El objetivo es que de la COP10 de Nagoya salga un plan de veinte puntos para preservar la biodiversidad entre 2011 y 2020, para sustituir a los acuerdos establecidos a principios de esta década, que vencen este año y no han logrado frenar la alarmante reducción de las especies y los ecosistemas del planeta.

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