En el lago Rotomahana de Nueva Zelanda

¿Hallada intacta ‘la octava maravilla natural del mundo’?

Un equipo de investigadores ha encontrado pistas sobre la ubicación de las Terrazas Rosas y Blancas

¿Hallada intacta 'la octava maravilla natural del mundo'?
Las Terrazas Blancas de Charles Blomfield (1886), consideradas la octava maravilla natural del mundo. CB

Las Terrazas Rosas y Blancas del lago Rotomahana han sido consideradas durante mucho tiempo como la octava maravilla natural del mundo.

Años después de su descubrimiento, en 1859, quedaron sepultadas por la lava y la ceniza de un volcán. Ahora se ha determinado la situación exacta de esta maravilla y se está recaudando dinero para su estudio.

Hace 158 años se descubrieron en Nueva Zelanda grandes cantidades de bicarbonato de calcio arrastradas por el agua caliente, formando extensas terrazas de aguas cálidas y rosadas, más conocidas como las Terrazas Rosas y Blancas de Rotomahana, el lago donde se encuentran.

Este monumento natural fue destruido por la erupción volcánica del Monte Tarwera en 1886, y desde entonces su ubicación exacta se ha desconocido.

Unos investigadores parecen por fin haber redescubierto ‘la octava maravilla natural del mundo’, que quedó sepultada tras una erupción del monte Tarawera en 1886, según publica la revista de la Real Sociedad de Nueva Zelanda.

Rex Bunn, una de las personas que ha participado en el proceso, asegura que en el siglo XIX el lugar se convirtió en «la mayor atracción turística» del Imperio británico y todo el hemisferio sur, debido a que recibía visitas de «barcos repletos» de personas procedentes de Europa y América.

Como las autoridades de la época nunca fijaron las coordenadas exactas de su ubicación, para hacerse una idea aproximada estos especialistas examinaron los diarios de Ferdinand von Hochstetter, un geólogo austriacoalemán que describió la zona en 1859.

Bunn y sus colegas estiman que las terrazas se encuentran a una distancia entre 10 y 15 metros de la superficie, bajo capas de barro y cenizas, y aseguran que los propietarios ancestrales de la tierra están «encantados» con el proyecto.

Gracias a los más de 50.000 dólares que han recaudado para desarrollar el trabajo de campo, podrán llevar a cabo un estudio arqueológico que permita encontrar esa «maravilla natural» de «interés público».

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