El año pasado la COP generó casi 60.000 toneladas de CO2. Fuentes ministeriales apuntan a que se borrará la huella de carbono del evento

¿Sabías que la cumbre climática contamina tanto como 400.000 viajes Madrid-Palma?

¿Sabías que la cumbre climática contamina tanto como 400.000 viajes Madrid-Palma?
¿Sabías que la cumbre climática contamina tanto como 400.000 viajes Madrid-Palma? EP

Parece una broma, pero es cierto. Zarparon con dos meses de antelación. Siguiendo el ejemplo de la activista sueca Greta Thunberg, un grupo de cerca de 40 jóvenes europeos salió de Ámsterdam en un velero hacia Santiago de Chile el pasado 2 de octubre. «Navega a la Cumbre del Clima», era el lema del grupo. Ahora, cerca de Belén (Brasil), asumen que no llegarán a tiempo a Madrid tras el cambio de sede. «Nuestro barco es demasiado lento», se lamentaban tras la noticia. Y aunque han pedido ayuda -un barco de competición-, ante la falta de ofertas prefieren no llegar a la cumbre antes que coger un avión. Porque la idea era contaminar lo mínimo posible, y la mayoría de las emisiones que se generan en estas reuniones internacionales se deben al transporte, según recoge el autor original de este artículo Isabel Miranda en ABC y comparte Francisco Lorenson para Periodista Digital.

En la Cumbre del Clima del año pasado, celebrada en Katowice (Polonia), en total se emitieron 59.020 toneladas de CO2 equivalente (esta medida incluye también el resto de gases de efecto invernadero, como el óxido nitroso y el metano). Para hacerse una idea, esta cantidad es similar a coger 383.246 vuelos Madrid-Palma, o a realizar ese viaje 4.617 veces cada año durante toda la vida, ya que cada trayecto supone unas 0,154 toneladas de CO2-eq, según la calculadora de la Fundación MyClimate.

El principal problema de estas cumbres está en cómo llegan sus asistentes. De toda la contaminación generada en la COP24, solo las emisiones procedentes de la aviación acapararon el 84% del total, con sus 49.618 toneladas.

Caso Greta
«Me parece bien lo que hace Greta Thunberg como símbolo, hay que aprender a valorar cuándo es necesario volar», explica Mar Asunción, portavoz de WWF. Pero puntualiza que para las personas que necesitan acudir a las cumbres y a las reuniones en persona, muchas veces «no se pueden permitir» perder dos o tres semanas de trabajo en el trayecto. A cambio, después se compensan las emisiones con proyectos de reforestación.

Ocurre en todas las cumbres. En la de París, de 2015, aunque la cifra global de emisiones fue menor y estuvo en torno a las 43.000 toneladas, casi el 79% fueron causadas solo por el transporte aéreo, que en total generó 33.800 toneladas de CO2 equivalente, según los datos que facilitaron los organizadores.

Y si la «vergüenza de volar» ha llegado a la sociedad civil, también está entrando en las organizaciones. Un grupo de 2.000 integrantes de la ONU envió una carta abierta al secretario general, Antonio Guterres, aprovechando la Cumbre de Acción Climática de Naciones Unidas de septiembre. En ella pedían «reducir las emisiones generadas por la ONU» a través de «políticas de vuelo más ecológicas». Entre sus propuestas se encontraba la priorizaciónde medios de transporte menos contaminantes como el tren, acordar un límite de viajes para toda la organización, incentivar el uso de la clase turista entre los trabajadores y, en último recurso, utilizar calculadoras de emisiones para ver cuál es el punto de encuentro menos contaminate posible.

También se ha planteado reducir el número de delegados asistentes, o hacer un seguimiento por internet. «Yo este año no iba a ir a Chile, la cumbre se puede seguir por internet», explica Asunción. Pero no es posible siempre, ni a todos los niveles. «Siempre tendremos que reunirnos en persona, pero creo que es correcto preguntar sobre el tamaño de las reuniones», opina Andrew Murphy, portavoz de aviación de Transport and Environment.

Calculadora
Para el portavoz de la organización, «el problema no son las personas que vuelan a las cumbres climáticas; el problema son las decisiones que toman o no toman mientras están allí. Y lo que es más importante, las decisiones que toman en sus capitales nacionales», dice Murphy. «El siguiente paso es que los gobiernos regulen las emisiones de la aviación como lo hacen con las emisiones de cualquier otro sector», explica. Es decir, primero un impuesto al queroseno y luego apoyar alternativas como los trenes.

Calefacción o comida
Sin embargo, también hay otro origen en las emisiones generadas por las cumbres del clima. Francia logró reducir su huella de carbono gracias a la cocina de proximidad -con ingredientes patrios, no importados-; al reciclaje y a un invierno templado que permitió ahorrar en calefacción.

El cálculo de Polonia para la COP de 2018 incluyó también el gasto energético de las instalaciones del evento, de los autobuses urbanos, de los hoteles o de la calefacción utilizada en unas fechas -diciembre- en las que el termómetro estuvo bajo cero en la ciudad polaca de Katowice. Además, en Polonia el 80% de su electricidad procede de la quema de carbón, una de las fuentes más contaminantes. Pero el informe concluía que las emisiones habían sido similares a las de otras cumbres, como la COP22 o la COP14. Y que la huella de carbono se compensaría con la reforestación de 685 hectáreas, que absorberán casi el total de los gases emitidos durante el acto.

¿Esta estrategia hace desaparecer la contaminación? «No. Y, de hecho, puede llevar a las personas a pensar que el problema se ha resuelto, cuando sabemos que el Acuerdo de París requiere que todos los sectores reduzcan sus emisiones, y sabemos que hay un largo historial de compensación que no funciona», opina Murphy.

También los firmantes de la carta abierta a la ONU apuntaban a este problema. «Las actuales medidas de compensanción permiten que algunas entidades de la ONU proclamen la neutralidad de carbono a través de contribución financieras mínimas que no reflejan el verdadero coste de las emisiones», decía la carta.

En París, las emisiones se compensaron financiando proyectos en países en desarrollo por unos 100.000 euros. En España, aunque la planificación aún no ha avanzado con tanto detalle como para llegar a este punto, fuentes ministeriales aseguran que se trabajará para borrar la huella de carbono, ya que la intención es ser coherente con la motivación de la cumbre.

Mientras, el grupo de 40 jóvenes europeos que se ha quedado varado en Brasil ha decidido cambiar su lema para concienciar a todo aquel que aún pueda llegar al evento. Si antes decían «navega a la COP», ahora piden: «Trenea a la COP».

 

Autor

Francisco Lorenson

Polifacético e innovador reportero, lleva años trabajando en el sector y aprendiendo de algunas de las personas más inteligentes del negocio.

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