¿Qué crees que es más contaminante; comer carne o conducir?

¿Qué crees que es más contaminante; comer carne o conducir?
¿Qué crees que es más contaminante; comer carne o conducir? RS

Según la Agencia Europea del Medio Ambiente, el 13% de las aprtículas contaminantes en Europa son ocasionados por el transporte por carretera, mientras que un 56% se debe a emisiones de viviendas, centros comerciales y edificios institucionales. Pese a ello, entre las medidas que Bruselas considera necesarias para atajar el exceso de contaminación por NO2 se cuentan una reducción del tráfico rodado, de los combustibles empleados y el fomento de los coches eléctricos. La industria de la automoción es parte del problema de las emisiones contaminantes y responsables del efecto invernadero, pero numerosos expertos reconocen que no es «todo el problema» y desde luego no el único.

La contaminación por partículas en las ciudades se ha convertido en el objetivo de mayores restricciones después de que el Tribunal Superior de la UE dictaminase que las ciudades debían actuar si se superaban los niveles de contaminación en un solo punto negro en lugar de basarse en un promedio en una región.

En plena Cumbre Climática, otro factor importante, la alimentación, se suma a los importantes facrtores que la sociedad debería corregir para controlar sus emisiones, tanto las contaminantes (como el NOx), co o las responsables del llamado «efecto invernadero», como son las emisiones de CO2, según recoge ABC y comparte Francisco Lorenson para Periodista Digital.

Así, los expertos en cambio climático de la ONU han alertado de las consecuencias nocivas del consumo excesivo de carne. Por ejemplo, ya en el año 2006 un informe de la FAO apuntaba al impacto negativo de las explotaciones ganaderas. Según recoge Autocasión, comer carne dos días a la semana equivale a casi 300 km de emisiones de un coche diésel mediano.

Para producir un kilo de carne de vacuno, es necesario gastar 16.000 litros de agua. Si seguimos el consejo médico de beber al menos un litro de agua al día, tardaríamos 16.000 días de nuestra vida en consumirlos. Es decir, ocho hamburguesas (suponiendo que estuviesen hechas de carne de vaca) equivaldrían al agua que consumiríamos a lo largo de casi 44 años de nuestra vida.

Según el informe de FAO recogido por Autocasión, el sector ganadero es el responsable del 9 % del CO2 procedente de la actividades humanas, pero produce un porcentaje mucho más elevado de los gases de efecto invernadero más perjudiciales.

Ahondanbdo en el problema de las emisi0nes, un informe presentado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) pone de manifiesto que, si bien una mejor gestión de la tierra puede contribuir a hacer frente al cambio climático, no es la única solución. Si se quiere mantener el calentamiento global muy por debajo de 2 °C, o incluso en 1,5 °C, la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de todos los sectores es fundamental.

El uso de la tierra para fines agrícolas, silvícolas y de otra índole supone el 23 % de las emisiones antropógenas de gases de efecto invernadero. Al mismo tiempo, los procesos naturales de la tierra absorben una cantidad de dióxido de carbono equivalente a prácticamente una tercera parte de las emisiones de dióxido de carbono causadas por la quema de combustibles fósiles y la industria», añadió.

Según Hans-Otto Pörtner, copresidente del Grupo de Trabajo II del IPCC, en el informe se evidencia que la gestión sostenible de los recursos de la tierra puede ayudar a luchar contra el cambio climático.

«La tierra que ya se está cultivando podría alimentar a la población en un contexto de cambio climático y ser una fuente de biomasa que proporcione energía renovable, pero se deben adoptar iniciativas tempranas de gran alcance que incidan simultáneamente en diversos ámbitos», explicó. «Ello también permitiría velar por la conservación y restauración de los ecosistemas y la biodiversidad».

En el informe se constata que aproximadamente una tercera parte de los alimentos producidos se echa a perder o se desperdicia. Las causas que llevan a esa pérdida o desperdicio presentan diferencias sustanciales entre países desarrollados y en desarrollo, así como también entre regiones. La reducción de la pérdida y desperdicio de alimentos supondría una disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero y ayudaría a mejorar la seguridad alimentaria.

«Algunos patrones alimentarios requieren más agua y tierra y provocan, en comparación con otras alternativas, más emisiones de gases que atrapan el calor», dijo Debra Roberts, copresidenta del Grupo de Trabajo II del IPCC.

«Las dietas equilibradas basadas en alimentos de origen vegetal (como cereales secundarios, legumbres, frutas y verduras) y alimentos de origen animal producidos de forma sostenible en sistemas que generan pocas emisiones de gases de efecto invernadero presentan mayores oportunidades de adaptación al cambio climático y de limitación de sus efectos», apuntó.

Este informe pone por lo tanto de manifiesto que la alimentación es uno de los factores más a tener en cuenta, lo que no sirve para negar la influencia que el transporte tiene en el problema de la contaminación y el calentamiento global. Y gran parte del problema en pañises como España se debe a la excesiva antiguedad del parque atuomovilistico, con coches con más de 12 años que contribuyen a incrementar las cifras de emisiones.

Según las previsiones de la Federación de Asociaciones de Concesionarios de la Automoción (Faconauto), el 65% de los vehículos en circulación en 2020 tendrán más de 10 años, situación que se verá agravada por el hecho de que el parque apenas se renovará, permaneciendo estancando durante este trienio en alrededor de los 26 millones de vehículos.

Según los datos que baraja la Asociación Nacional de Fabricantes, las emisiones de los vehículos antiguos son más altas que las de los coches nuevos, ya que éstos cada son vez más eficientes en cuanto a consumo y emiten menos sustancias contaminantes. En España la edad media del parque automovilístico alcanza casi los 12 años de edad (según Anfac) lo que significa que hay una elevada cantidad de vehículos antiguos circulando por las carreteras españolas. En la actualidad un vehículo emite un 30% menos de CO2 a la atmósfera comparado con uno de más de 10 años.

¿Qué coche me compro?
Además, en la actualidad, y tal y como veremos además a lo largo de 2020, los principales fabricantes de automóviles tienen una completa oferta de vehículos tanto de combustión interna como eléctricos, que cada vez más priorizan la reducción de emisiones. Y aunque el coche eléctrico se está convirtiendo ya en una auténtica alternativa para acceder al centro de las ciudades con «cero emisiones», tanto los coches diésel como los de gasolina, híbridos, micro híbridos, híbridso enchufables o coches de pila de combustible, ofrecen soluciones adaptadas a cada una de las necesidades de movilidad posibles.

Por eso a la hora de tomar una decisión de compra conviene tener claro qué tipo de uso se le va a hacer del coche, y así tomar una decisión correcta en cuando al combustible más eficiente.

Según un estudio de la Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos, las emisiones de NOx de los motores diésel se han reducido en un 90% en los últimos 20 años.

Además, según un tercer estudio realizado en seis países publicado en Scientific Reports, los automóviles diésel modernos emiten menos contaminación en general que los automóviles que funcionan con gasolina, lo que contradice el enfoque de los actuales reguladores medioambientales. Es la conclusión del trabajo realizado por el químico estadounidense Patrick Hayes, de la Université de Montréal. Según este investigador «el diesel tiene una mala reputación porque se puede ver la contaminación, pero en realidad la peor es la contaminación invisible que viene de los coches de gasolina».

En los últimos años se ha requerido que los nuevos coches diésel en Europa y América del Norte estén equipados con filtros de partículas de diésel (DPF), con el objetivo de reducir significativamente las emisiones contaminantes. En el laboratorio (en el Instituto Paul Scherrer, en Suiza), «los automóviles de gasolina emitieron un promedio de 10 veces más carbono PM a 22 ° C y 62 veces más a -7 ° C en comparación con los coches diésel», señalan los investigadores. Dicho esto, el informe admite que es cierto que los coches diesel más viejos contaminan más que los automóviles de gasolina, y que los coches diesel en general emiten mucho más óxidos de nitrógeno, que causan humo y lluvia ácida.

Por otra parte los expertos también critican que se asocie vehículo eléctrico a contaminación cero. Generar energía, salvo que sea mediante fuentes renovables, tiene un coste en términos de polución, aunque no se emitan contaminantes al impulsar el vehículo. «En Europa y EE.UU., la media de CO2 de un coche eléctrico es casi igual en términos de generación de electricidad, que un diésel», cree Nick Molden, CEO de «Emissions Analytics y Equa Index». Esto se debe a la utilización de centrales de carbón, petróleo y gas en el mix energético.

Dentro de la categoría de híbridos podemos hablar de los clásicos, los enchufables, pero también los de gasolina/GLP y gasolina/GNC. En el caso de los híbridos eléctricos, serían los coches más recomendables para quienes vayan a hacer una utilización más urbana del mismo, ya que a la hora de salir a la carretera sus consumos suelen dispararse y pierden toda su posible eficiencia. Hay que tener en cuenta que en carretera el coche se mueve con el motor de gasolina, y ha de «tirar» del peso de las baterías y del motor eléctrico. Los híbridos enchufables nos permiten una autonomía en modo eléctrico de unos 30-40 kilómetros, por lo que si lo utilizamos correctamente podemos hacer una utilización diaria (ir y volver al trabajo o hacer la compra) únicamente utilizando la batería del coche, que podremos cargar por las noches utilizando una posible tarifa eléctrica bonificada.

En el caso de los coches híbridos de gas, serían más aconsejables para las personas que realicen una utilización mixta del coche, es decir, que precisen acceder al centro de las ciudades (estos coches también tiene la etiqueta ECO), pero que al mismo tiempo realicen desplazamientos habituales por carretera y autopista. Como ventaja adicional, al disponer de dos depósitos, la autonomía del coche casi se duplica. Cada vez son más las gasolineras que dispone de surtidores (sobre todo de GLP), y además en el caso de que se nos agote este combustible siempre podemos seguir circulando con gasolina hasta que encontremos una estación de servicio donde recargar el gas.

La gasolina es el combustible que en principio resulta más eficiente para los coches con motores pequeños, tipo utilitario. Además los nuevos motores tricilíndricos arrojan cifras muy buenas de consumo, sobre todo en entornos urbanos. A la hora de salir a la carretera hay que tener un poco más de cuidado a la hora de pisar el acelerador, ya que el consumo se puede disparar hasta darnos algún que otro susto. Es una muy buena opción para quienes quieran cambiar ahora mismo de coche y realicen un alto porcentaje de kilómetros por ciudad, siempre y cuando no necesiten acceder al centro urbano (sobre todo cuando se activen los protocolos anti contaminación). También nos permite realizar algún que otro viaje de larga distancia al año, por ejemplo, para irnos de vacaciones.

Finalmente, en cuanto a los coches eléctricos, cada vez se están logrando autonomías mayores, que en algunos casos llegan a superar los 400 km. De todas formas sigue siendo complicado plantearse un viaje de larga distancia con un coche con esta tecnología debido a la falta de puntos de recarga, y al tiempo necesario para la misma. Es el vehículo ideal para moverse en entornos urbanos, siempre y cuando se tenga un cargador público a mano, o se disponga de un punto de recarga en nuestra plaza de garaje.

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