EMERGENCIA CLIMÁTICA Y TERRITORIAL

España frente a la era de los megaincendios: cuando el fuego se vuelve incontrolable

El país ha entrado en una fase de incendios extremos, que ya no solo representan un problema ambiental, sino que se han convertido en un reto para la salud pública, la protección civil y la gestión del territorio.

España frente a la era de los megaincendios: cuando el fuego se vuelve incontrolable
Megaincendios PD.

En los últimos veranos, el mapa español ha parecido, visto desde el espacio, un tablero manchado de lenguas de fuego descomunales. Hay menos focos, es cierto, pero su voracidad ha aumentado. No es solo una imagen poética: la Real Academia de Ingeniería (RAI) advierte que España ha comenzado a vivir una nueva era de megaincendios, con fuegos que son cada vez más amplios, intensos y difíciles de controlar.

De acuerdo con este informe, la intensidad mínima de los incendios en la Península Ibérica ha crecido entre un 30 % y un 40 % durante este siglo, sobre todo en las horas nocturnas. Desde 2022, cinco de los diez mayores incendios registrados desde 1968 han tenido lugar. El verano de 2025 dejó cifras alarmantes: en tan solo dos semanas se quemaron alrededor de 360.000 hectáreas, principalmente en agosto, con víctimas mortales, miles de evacuados y daños devastadores en viviendas, cultivos y ganadería.

Lo sorprendente es que este aumento en la agresividad del fuego ha sucedido mientras disminuye el número total de incendios. La RAI lo resume con claridad: el problema ya no son las igniciones, sino cómo se propagan los grandes fuegos.

Qué es un megaincendio y por qué ya no basta con “apagarlos”

En términos técnicos se habla de megaincendios o incendios de sexta generación. No se trata solo del tamaño. Son fuegos que, debido a su intensidad, superan la capacidad actual de los sistemas para extinguirlos y pueden generar verdaderas “tormentas de fuego”, con columnas de pirocúmulos capaces de alterar la atmósfera y su propia dinámica de vientos.

En España, estos megaincendios generalmente implican superficies mayores a 10.000 hectáreas. En 2025 representaron menos del 10 % del total de incendios, pero causaron más del 65 % del área quemada. En otras palabras, unos pocos incendios arrasan casi todo.

Los especialistas coinciden en que el modelo centrado casi exclusivamente en la extinción ha llegado a su límite. El informe de la RAI concluye que continuar confiando únicamente en “un ejército contra el fuego” es una estrategia condenada al fracaso ante el cambio climático y aboga por una gestión activa del territorio y del combustible forestal.

Algunos datos importantes del informe de la RAI:

  • El principal combustible para los grandes fuegos no son los pinares ni los eucaliptales; es el matorral y la vegetación no gestionada.
  • Aunque la mayoría de igniciones siguen siendo provocadas por humanos, los rayos se han convertido en la principal causa del inicio de megaincendios.
  • Cada euro invertido en gestión del combustible puede ahorrar cerca de cuatro euros en daños posteriores.

Medio ambiente y salud: del problema ecológico al riesgo sanitario

Los incendios forestales han dejado atrás su consideración como un asunto exclusivamente relacionado con la biodiversidad. La RAI ya los califica como un problema para la salud pública, protección civil y economía. Durante la campaña del 2025, se estima que 1.622 personas murieron prematuramente debido a la contaminación por humo, y cerca de 40.000 ciudadanos fueron evacuados.

El impacto sobre la salud se manifiesta en varias dimensiones:

  • Contaminación del aire: aumentos repentinos en partículas finas y gases irritantes han llevado a un incremento notable en ingresos hospitalarios por problemas respiratorios y cardiovasculares.
  • Ozono troposférico: investigaciones recientes indican que los grandes incendios incrementan el ozono a nivel del suelo, dificultando así el avance hacia una mejor calidad del aire y políticas efectivas de descarbonización.
  • Estrés y salud mental: las evacuaciones masivas y las pérdidas materiales generan una sensación constante entre los ciudadanos de vivir cada verano “al borde del desastre”.

En cuanto al medio ambiente, las consecuencias son igualmente alarmantes:

  • Pérdida del hábitat para especies protegidas como el lobo o el oso pardo.
  • Degradación del suelo que puede resultar en mayor erosión y riesgo elevado de inundaciones posteriores.
  • Emisiones masivas de CO₂ que complican alcanzar objetivos climáticos establecidos.

Curiosamente, los ecólogos especializados recuerdan que el fuego forma parte esencial del funcionamiento natural de muchos ecosistemas mediterráneos. Así que el objetivo no es “eliminarlo”, sino convivir con él reduciendo el riesgo a convertirlo en megaincendio.

Un reto estructural: territorio, inversión y protección ciudadana

El informe elaborado por la Real Academia de Ingeniería plantea este desafío casi como una reforma estatal. Propone un Pacto de Estado sobre incendios forestales, con una financiación estable anual cercana a 3.000 millones de euros, organizado en ocho líneas principales. Entre ellas:

  • Prevención mediante gestión adecuada del combustible.
  • Mejora continua en sistemas de alerta y emergencia.
  • Restauración efectiva de áreas quemadas.
  • Reformas legislativas y fiscales relacionadas con los bosques.
  • Impulso hacia una bioeconomía vinculada al monte.
  • Aumento en investigación e innovación.

La Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo ante Desastres ya advirtió: en España, los incendios han dejado atrás su carácter estacional para convertirse en parte habitual. Su mensaje es claro: hay que adoptar un enfoque proactivo respecto al territorio, evitando reaccionar cada verano mediante intervenciones puntuales con helicópteros.

Entre las medidas estructurales recomendadas por especialistas destacan:

  • Una adecuada gestión forestal durante todo el año, no solo durante los meses estivales; esto implica contar con equipos estables que cuiden nuestros montes incluso durante invierno.
  • Urbanismo resiliente que integre el riesgo incendiario desde el diseño mismo de urbanizaciones situadas entre lo urbano y lo forestal.
  • Implementación urgente de sistemas avanzados para alertas tempranas basados en sensores, satélites y protocolos rápidos .
  • Fomentar una cultura sólida sobre autoprotección entre ciudadanos formados para actuar ante evacuaciones e incidentes relacionados con el fuego .

La premisa es clara aunque difícil: cuanto menos continuo sea el “tapiz” vegetal inflamable presente, menor será la posibilidad realidad para que una chispa derive hacia un megaincendio.

Curiosidades científicas sobre el fuego que están transformando nuestro país

Más allá de las cifras frías hay anécdotas fascinantes relacionadas con el fuego extremo que ayudan a comprender su alcance:

  • Los incendios de sexta generación crean nubes conocidas como piroculonimbos, capaces incluso de producir rayos… lo cual puede dar pie a nuevos focos incendiarios. El incendio llega a generar literalmente su propia tormenta .
  • En algunos casos extremos, las llamas avanzan tan rápido que los modelos clásicos para predecir vientos resultan ineficaces; así es como el fuego genera su propia “meteorología local” .
  • Se han documentado casos donde especies vegetales muy específicas han perdido hasta el 100 % de su hábitat tras un único incendio; uno notablemente estudiado es la Primula pedemontana .
  • La mayoría conocida sobre las causas humanas detrás del fuego sigue siendo abrumadoramente alta; alrededor del 95 % resulta ser ocasionada por negligencias o intenciones maliciosas . Aunque hay problemas tecnológicos serios involucrados aquí, sigue siendo evidente cómo nuestras acciones humanas juegan un papel crucial.
  • Los estudios económicos indican que además elevarse las temperaturas atmosféricas debido al fuego también impacta negativamente nuestra agenda climática; obliga a redirigir recursos destinados a la transición energética hacia reparaciones post-incendio mientras emite grandes cantidades CO₂ .

España ha aprendido una lección valiosa: no solo debe temer al fuego mismo sino también al contexto más amplio que lo transforma en inapagable. Como subrayan los ingenieros expertos, aprender a convivir con él será inevitable; ahora bien, resta saber si lo haremos cuidando nuestro paisaje… o enfrentándonos constantemente a megaincendios devastadores.

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