En la localidad guipuzcoana de Urnieta

Matan a golpes a 2.380 conejos… uno a uno

El dueño de la granja atribuye la salvajada a una represalia laboral

Yo sólo había visto actuar de esta manera a la camorra, a la mafia... Ha sido una carnicería

¡Pam! ¡Pum! Pam! y así hasta 2.380. La banda de facinerosos llego de madrugada. Los canallas aprovecharon que era domingo y que en festivo y a esas horas, la gente duerme a pierna suelta en la localidad guipuzcoana de Urnieta.

Una vez dentro, con parsimonia, los tipos fueron abriendo las jaulas y, uno a uno, con regodeo, se dedicaron a matar a golpes a los conejos. Haciendo gala de una extrema crueldad.

José Ignacio Ezeiza, el propietario, afirma el móvil del salvaje ataque es una represalia laboral que, incluso, pone en riesgo la continuidad del negocio: se estima que las pérdidas económicas ocasionadas se aproximan a los doce mil euros.

«Los mataron uno a uno, propinándoles golpes contra el suelo y las jaulas. Les fracturaron la columna. Así se deduce de las exploraciones que ha realizado un veterinario sobre varios de los ejemplares. Algunos conejos quedaron malheridos porque el golpe no fue lo suficientemente certero. A éstos los hemos tenido que sacrificar nosotros»

Por los rastros, se sabe que los asaltantes eran tres o cuatro. Accedieron al interior del criadero después de forzar una de las ventanas laterales de la granja.

Antes de irse, los asaltantes dejaron junto al portón delantero de la granja un conejo colgado del techo con una cuerda y las vísceras fuera.

El dueño de la granja está espantado:

«Yo sólo había visto actuar de esta manera a la camorra, a la mafia… Ha sido una carnicería»

«Una sola no puede hacerlo. En toda la noche no le daría tiempo para abrir las jaulas, sacar los conejos de cada una de ellas y luego matarlos uno por uno. Por eso creo que fueron unos cuatro los que intervinieron. Por lo menos necesitaron unas tres horas para acabar con los 2.300 animales».

Los mataconejos conocían «a la perfección» las instalaciones, que albergaba a unos 7.000 ejemplares. Desconectaron el cuadro eléctrico, sabían como matar deprisa y conocían al dueño.

Este ha proporcionado a la Ertzaintza, que ya ha abierto una investigación, datos precisos que en las próximas horas podrían llevar a practicar algún arresto.

De los 2.380 ejemplares muertos, 280 eran conejas que estaban destinadas a la reproducción, una circunstancia que pone en peligro el futuro de la explotación.

«Cuando una de las hembras se hace vieja o ya no procrea como debiera las reponemos por las jóvenes que ahora han matado».

«Quien ha actuado de esta manera sabía a la perfección el gravísimo daño que estaba haciendo al poner fin a la vida de estos ejemplares».

 

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