El hombre, causante de la desaparición del bisonte estepario

Los seres humanos contribuyeron hace unos 16.000 años a la extinción de, al menos, dos especies de megafauna: el tarpán y el bisonte estepario.

Así lo revela un trabajo publicado en el último número de la revista Nature, que señala al cambio climático como el otro factor causante de la extinción.

Este artículo, en el que han participado científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), analiza el efecto combinado de la expansión humana y del clima sobre varias especies de mamíferos prehistóricos.

Durante el paleolítico superior, los asentamientos humanos en Eurasia y Norteamérica empezaron un rápido crecimiento hace 35.000 años, en una expansión mantenida hasta cerca del 8.000 A.C.

Este período coincidió con el último máximo glacial de hace 20.000 años, y durante dicho tiempo ambos continentes perdieron el 32 y el 76% de sus géneros de megafauna, respectivamente.

Según la investigadora del CSIC en la estación biológica de Doñana, Jennifer Leonnard, el efecto combinado de ambos factores explica la desaparición del tarpán (Ecus ferus) y del bisonte estepario (Bison priscus)

INVESTIGACIÓN

En la investigación se han analizado 846 secuencias de ADN mitocondrial, 2.996 restos de megafauna y 6.291 hallazgos en asentamientos humanos de dicha época, a fin de establecer las relaciones espaciotemporales entre las poblaciones de humanos y animales.

Esta información se contrastó con modelos climáticos de hace 42.000, 30.000, 21.000 y 6.000 años para ver su evolución.

Entre las especies investigadas, llamó la atención la gran cantidad de restos de bisontes esteparios y de tarpanes encontrados cerca de asentamientos humanos, de lo que se dedujo la influencia del hombre en su desaparición.

Sin embargo, su declive coincidió también con el inicio de la última gran glaciación, por lo que el factor climático también debió influir.

La investigación estudia, asimismo, otras dos especies extintas (el mamut y el rinoceronte lanudo) y cuatro más que aún existen (el caballo doméstico, el buey azmilclero, el reno y el bisonte americano).

En el caso de las dos primeras se descartó la influencia humana, puesto que su población llegó a multiplicarse por 10, tiempo después de entrar en contacto con el hombre, mientras que algunas de las que todavía existen sí sufrieron los efectos de la glaciación, pero pudieron adaptarse a los cambios.

A juicio de Leonnard, este estudio es especialmente «oportuno, ahora que intentamos determinar cómo afectará el cambio climático a la fauna».

Los resultados sugieren no obstante que cada especie respondió de forma distinta, por lo que «la ausencia de un patrón común complica la conservación», concluyó.

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