El río Mara nace en Kenia y fluye hasta Tanzania

Mara: la gran migración en el Río de la Muerte

Cada año, asistimos a un espectáculo de lucha por la vida, pero esta vez no habrá testigos

La conocida como Gran Migración, uno de los espectáculos más sobrecogedores del Planeta Tierra y que cada año esperan miles de turistas en sus jeeps cámara en mano, este 2021, como ocurrió en 2020, se producirá casi sin presencia humana a causa de la pandemia del coronavirus.

La reserva natural Masai Mara, es el escenario de las mayores migraciones de animales salvajes del mundo entero.

Su río Mara, también llamado el ‘Río de la Muerte’, es morada y paso habitual de cocodrilos, leones, impalas, ñus, elefantes y desde luego, de buitres.

El río Mara nace en Kenia y fluye hasta Tanzania, desembocando en el Lago Victoria, sin duda uno de los más importantes del continente africano.

Entre noviembre y abril desciende drásticamente la presencia de animales ya que la vegetación es escasa en ese período, y entre junio y octubre, durante la estación lluviosa, con uno 600mm en un sólo mes, los animales siguen el curso del río y sus aguas.

Las tribus Masais han sido testigos silenciosas de las grandes migraciones animales, durante la estación lluviosa, en busca de los ricos pastos del norte.

Cada año, asistimos a un espectáculo de lucha por la vida; un justo ciclo de muerte y supervivencia, de superación e instinto, donde sobrevive el más adaptado, el más listo, o simplemente, el que más suerte tiene.

SIN TESTIGOS

Ajenos al pavor instaurado por la COVID-19, a la negación del viaje, del abrazo, de las grandes congregaciones; un millón y medio de ñus volverán a cruzar este 2021, como cada año, el río Mara, en busca de mejores pastos. Un espectáculo único en el planeta en un año “sui generis” mermado de turistas.

Jadeantes, miles de estos animales contemplarán nerviosos la generosa corriente de agua dulce que surca las doradas planicies de la Reserva Nacional del Masái Mara, y bastará con que tan solo uno de ellos salte al vacío -arranque de cuajo el miedo, se deje vencer por el instinto milenario de hallar alimento- para que el resto le siga en un baile frenético de saltos y humaredas de polvo.

“Del sur de Serengeti -en Tanzania- rumbo norte hacia el Masái Mara, los ñus llegan en busca de mejores pastos, dejando atrás un terreno seco en el que cuentan con escasas fuentes de agua”, explica a Efe Sammy Ndambuki, guía turístico desde hace 15 años y quien confiesa no haber visto nunca una Gran Migración “tan vacía” como la del pasado 2020.

“¡Otros años había más coches que animales!”, expresa de forma hiperbólica este padre de dos hijos, “sin embargo, este año tenemos miles y miles de ñus y muy pocas personas“, reconoce con cierto pesar quien, por primera vez, vive del turismo doméstico desde que el 12 de marzo de 2020 irrumpiera el coronavirus en Kenia.

Desde entonces, este país de África oriental ya ha perdido -según estimaciones del Gobierno- más de mil millones de euros a causa del derrumbe del sector turístico; de cuya pujanza dependía a su vez el bienestar de más de dos millones de kenianos, miles de ellos de la etnia masái.

La pérdida billonaria de ingresos del sector turístico supone también un riesgo para la propia existencia del Mara, bordeado por unas 15 áreas de conservación privadas en las que más de 100.000 personas se benefician como arrendatarios, guías turísticos o guardabosques. Una simbiosis ahora amenazada ante la escasez de visitantes.

 

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