Los de los búhos son esféricos y los de los colibríes son elípticos

¿De qué depende la forma de los huevos de las aves?

¿De qué depende la forma de los huevos de las aves?
Huevos. PD

Los huevos de los búhos son esféricos, los de los colibríes son elípticos y los de los andarríos son puntiagudos.

Todos los huevos de ave tienen la misma función: proteger y nutrir a un polluelo en crecimiento. Sin embargo, tienen una magnífica variedad de formas. Durante siglos, esa variedad había sido un misterio para los científicos.

Ahora, en el estudio más completo de formas de huevos que se haya hecho hasta ahora, publicado recientemente en Science, un equipo de científicos parece haber encontrado una respuesta.

Explica Steph Yin este 28 de junio de 2017 en ‘The New York Times’ que los investigadores catalogaron la variación natural de las formas de huevos entre 1400 especies de aves, crearon un modelo matemático que explicara esa variación y, posteriormente, buscaron la relación entre la forma del huevo y las principales características de las aves.

A escala mundial, los autores descubrieron que una de las mejores formas de predecir la forma que tendrá un huevo es la capacidad de volar, ya que los huevos de las aves con grandes aptitudes para volar serán largos o puntiagudos.

«Este documento es extraordinario porque crea una teoría maravillosamente unificada de la variedad de formas de huevos que vemos en la naturaleza», dijo Claire Spottiswoode, ecologista de aves de la Universidad de Cambridge y de la Universidad de Ciudad del Cabo que no participó en la investigación.

En el nuevo estudio, los autores realizaron una investigación en varios pasos que combinó la biología, la informática, las matemáticas y la física. Primero, crearon un programa de cómputo, llamado Eggxtractor (combinación de las palabras en inglés para «huevo» y «extractor») -¿quién dijo que los científicos no tenían sentido del humor?-, que clasificaba los huevos con base en qué tan elípticos eran y su asimetría. Los huevos elípticos son alargados en ambos extremos, como los pepinos, y los huevos asimétricos son puntiagudos de un lado, como los mangos.

Con el Eggxtractor, los investigadores diagramaron casi 50.000 huevos, que representan todos los principales órdenes de aves, con ayuda de una base de datos de imágenes digitales del Museo de Zoología de Vertebrados en Berkeley, California.

«Podíamos ver que las formas de los huevos variaban entre esféricos, elípticos, muy puntiagudos o variantes de todo lo anterior», explicó Mary Caswell Stoddard, profesora asistente de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Princeton y directora principal del estudio.

A continuación, los investigadores trataron de resolver la cuestión de cómo los huevos adquirían sus distintas formas. En lugar de observar el cascarón, como uno pensaría, se concentraron en la membrana del huevo (la película que uno ve cuando pela un huevo cocido), que es fundamental para la forma del huevo.

Los científicos identificaron dos parámetros que podrían influir en la forma del huevo: las variantes en la composición de la membrana y las diferencias en la presión que se aplica a esta membrana antes de que el huevo se abra.

Al ajustar estos dos parámetros, «pudimos recuperar en su totalidad todo el rango observado de formas de huevos aviarios», lo cual resulta una buena prueba del modelo, dijo L. Mahadevan, profesor de Matemáticas Aplicadas, Biología y Física de la Universidad de Harvard y autor del estudio.

Por último, los investigadores analizaron por qué las formas de los huevos podían ser tan increíblemente diversas. Una hipótesis conocida se centraba en la ubicación del nido: se pensaba que las aves que hacen sus nidos en acantilados ponen huevos puntiagudos, de tal modo que, si los huevos se caen, giran en círculo en lugar de rodar hacia abajo. Otra hipótesis sugería que las aves ponían huevos en formas que se agrupaban mejor en nidadas de distintos tamaños.

Sin embargo, cuando los autores relacionaron la forma de los huevos con otras variables, se sorprendieron al encontrar que ninguno de ellos encajaba en una escala mundial (aunque aún podían tener funciones importantes en escalas más pequeñas). En cambio, la forma del huevo estaba fuertemente relacionada con una medida de la forma de las alas, conocida como el índice mano-ala, que refleja la capacidad de volar.

¿De qué forma se relaciona el vuelo con la forma del huevo? En general, las aves quieren empacar en sus huevos tantos nutrientes como sea posible. Sin embargo, para volar, deben mantener cuerpos aerodinámicos, lo cual quiere decir que los huevos no pueden ser demasiado anchos.

Los araos comunes, por ejemplo, son voladores rápidos y fuertes, y sus huevos son asimétricos, al igual que los de menudillas, que migran grandes distancias.

El albatros viajero es uno de los voladores de mayores distancias -se ha sabido que algunos cruzan el océano Antártico tres veces al año- y tienen huevos elípticos.

El tecolote oriental rara vez se aventura más allá de su pequeño territorio, donde tiende a volar planeando distancias cortas que requieren poca energía, y sus huevos son casi esféricos.

«Quizá, en términos evolutivos, las aves se toparon con esta solución geométrica natural, que es aumentar lo elíptico y la asimetría de sus huevos», comentó Mahadevan, debido a que hacerlo de esta forma permite un mayor volumen sin aumentar el contorno; añadió que esta explicación aún tiene que investigarse más.

Básicamente, este estudio demuestra que «podemos cambiar viejas hipótesis», manifestó Stoddard. «En algo tan familiar y común como un huevo de ave, todavía seguimos descubriendo nuevas verdades».

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