Ciencia

La lengua de señas o lengua de signos, es una lengua natural de expresión y configuración gesto-espacial y percepción visual (o incluso táctil por ciertas personas con sordoceguera), gracias a la cual, según wp, los sordos pueden establecer un canal de comunicación con su entorno social, ya sea conformado por otros sordos o por cualquier persona que conozca la lengua de señas empleada. Mientras que con el lenguaje oral la comunicación se establece en un canal vocal-auditivo, a diferencia del lenguaje de señas que lo hace por un canal gesto-viso-espacial.

Koko, la única gorila que era capaz de comunicarse a través del lenguaje de señas, ha muerto a los 46 años en su refugio protegido en las montañas de Santa Cruz, en California, Estados Unidos, según EFE.

"Koko llegó a millones de personas como embajadora de todos los gorilas y un icono de comunicación y empatía entre especies. Ella fue amada y será profundamente extrañada", declaró en un comunicado la Fundación Gorila, dedicada a la protección de esta especie y responsable de la seguridad del animal.

Koko, que había nacido en el zoológico de San Francisco el 4 de julio de 1971, tenía un "extraordinario dominio del lenguaje de señas y era la principal embajadora de su especie, en peligro de extinción".

"Su impacto ha sido profundo y lo que ella nos enseñó acerca de la capacidad emocional de los gorilas y sus habilidades cognitivas continuará cambiando el mundo", agregó la fundación.

Desde corta edad, Koko impresionó por su capacidad para aprender el lenguaje de señas y comunicarse con los humanos a través de él.

Dentro de un proyecto científico de la Universidad de Stanford, la investigadora Francine "Penny" Patterson junto con la experta en lenguaje de señas June Monroe trabajaron con Koko, que rápidamente aprendió el lenguaje y se comunicaba con ellas.

Así, por ejemplo, la gorila informaba a los visitantes del zoológico -a través del lenguaje para sordos- que no le dieran alimentos.

Igualmente icónica fue la foto que se tomó ella misma frente a un espejo para la portada de 'National Geographic' cuando la revista publicó una reseña sobre el animal en 1978.

Siete años después, la revista volvió a publicar otro artículo y Koko fue nuevamente la figura de su portada junto con All Ball, un gato que había escogido como regalo de cumpleaños.