Helen Wilson, una don nadie que quiere tener su momento de gloria

¡Nos hemos vuelto locos! El feminismo estudia la cultura de la violación en los perros de los parques

Una doctora en feminismo toquetea a 10.000 perros para establecer unas pautas de comportamiento

¡Nos hemos vuelto locos! El feminismo estudia la cultura de la violación en los perros de los parques
El perro, alucinado con las conclusiones de la científica de marras. PD

Cuando el diablo está aburrido, mata moscas con el rabo. Pero igual, después de conocer los ‘méritos’ de una tal Helen Wilson, igual empieza a encontrar divertido eso de darle matarile a los insectos voladores.

Y es que, de verdad, nos hemos vuelto literalmente locos si damos crédito al ‘sesudo’ estudio que ha llevado a cabo esta doctora en estudios feministas y principal investigadora de la Iniciativa de Investigación en Desgénero de Portland.

La ‘experta’ se ha marcado un artículo, ‘Reacciones humanas a la cultura de la violación y la performatividad queer en parques urbanos para perros de Portland, Oregon’ publicado en la revista Gender, Place & Culture por Helen Wilson,en la que habla sobre el tema de las violaciones observando, pásmense, el comportamiento de unos perros en el parque.

Según Wilson:

Este artículo abarca cuestiones de geografía humana y las geografías de la sexualidad a través de un año de observaciones in situ de perros y sus compañeros humanos en tres parques para perros en Portland, Oregon. El objetivo de esta investigación es desvelar asuntos emergentes en los patrones de comportamiento interactivos de humanos y caninos en parques para perros urbanos para entender mejor la toma de decisiones a-/moral en espacios públicos y desvelar el sesgo y los supuestos emergentes sobre género, raza y sexualidad.

Añade que:

Los parques donde se pasean perros son placas de Petri para la ‘cultura de la violación’ canina. Esos lugares ofrecen una visión muy pública de las formas en que los acompañantes humanos fomentan y promueven sistemas masculinistas de opresión comunal entre especies y en lugares públicos. En esencia, los parques para perros se convierten en espacios tolerantes con la violación donde la cultura de la violación humana se representa mediante la permisividad moral que extendemos a los animales.

Eso sí, al menos tiene la ‘decencia’ de reconocer que ese trabajo de campo tiene errores y desviaciones:

Por mi propia situación como humana, y no como perro, reconozco mis limitaciones para determinar cuándo un incidente de monta de perros se califica como violación.

Así, durante un año su trabajo consistió en «sentarse o caminar por el parque, observar, tomar notas, hablar con la gente o inspeccionar a los perros y después irme sin llamar la atención».

¿Y en qué consiste su inspección canina? Pues en «examinar respetuosa pero cercanamente los genitales de un poco menos de 10.000 perros, teniendo cuidado de no producir alarma y marchándome si el perro parecía incómodo». Pese a sus indudables esfuerzos, admite que «puede haber un margen de error significativo en mis observaciones sobre su género en algunos casos»… y no sólo de los perros sino también de sus «acompañantes humanos».

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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