Ciencia
Elefante RS

En biología y ecología, extinción es la desaparición de todos los miembros de una especie o un grupo de taxones, según wp. Se considera extinta a una especie a partir del instante en que muere el último individuo de esta. Según los autores del estudio, este será el futuro si no se toman medidas y, de hecho, se dan por perdidos el 80% de los Objetivos de Desarrollo Sostenible fijados para 2030. Pero aún existe una ventana de oportunidad y no es demasiado tarde para cambiar el rumbo si se empieza ya y a todos los niveles. «A través de un "cambio transformador", la naturaleza todavía puede conservarse, restaurarse y usarse de manera sostenible», dijo el director de IPBES. Es decir, a través de una reorganización de todo el sistema económico, político, demográfico o social, que incluya también paradigmas y valores. Esta opción, para regiones como Europa, supondría «un nuevo modelo de vida», dice Pascual, «pero no tiene por qué ser un sacrificio», según recoge Isabel Miranda en ABC.

La desaparición de animales y plantas se está produciendo a un ritmo sin precedentes. De los 8 millones de especies que existen en todo el mundo, un millón se enfrenta a la extinción, algunas en apenas unas décadas. La tasa de desaparición es «decenas e incluso cientos» de veces más alta que la tasa promedio de los últimos 10 millones de años. Y con la trayectoria actual, el declive se acelerará, poniendo en serio peligro el bienestar de la humanidad.

Son conclusiones del informe más completo sobre biodiversidad que se ha hecho hasta la fecha, publicado este lunes y elaborado a lo largo de tres años por 145 expertos de 50 países. Se basa en la información científica disponible de las últimas cinco décadas y ha sido aprobado por la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (Ipbes) de la ONU.

Son muchos los factores simultáneos que están cambiando la naturaleza a escala global. Desde 1980, cien millones de hectáreas de selva han sido arrasadas en los trópicos para obtener madera o implantar cultivos de soja o aceite de palma. Cada año, hasta 400 millones de toneladas de metales pesados, disolventes, lodos tóxicos y otros desechos se vierten al agua. Los microplásticos ya afectan al 86% de las tortugas marinas, el 44% de las aves marinas y el 43% de los mamíferos marinos. La producción de cultivos ha aumentado un 300% desde 1970, junto al uso a gran escala de insecticidas. Y son solo algunos ejemplos. Con una población de más de siete mil millones de personas, y creciendo, las perspectivas para la naturaleza no son buenas.

«Estamos erosionando los cimientos de nuestras economías, medios de vida, seguridad alimentaria, salud y calidad de vida en todo el mundo», dijo Robert Watson, presidente de Ipbes. Los ecosistemas, las especies, las poblaciones silvestres, las variedades locales y las razas de plantas y animales domésticos se están reduciendo, deteriorando o desapareciendo. «La red esencial e interconectada de la vida en la Tierra se está haciendo cada vez más pequeña», aseguró Josef Settele, codirector del informe.

Ahora el informe concluye que la cantidad promedio de especies terrestres en los principales hábitats ha disminuido al menos un 20% desde 1900. Las más afectadas son las especies de anfibios, ya que el 40% está en peligro de desaparecer, seguidas del 33% de arrecifes coralinos y más de un tercio de los mamíferos marinos y de tiburones. El panorama es menos claro para los insectos, pero los datos apuntan a que el 10% están amenazados (y hay 5,5 millones de especies).

«Estamos entreabriendo la puerta a la sexta extinción masiva», explica a ABC Unai Pascual, uno de los autores principales del informe (el único español) y profesor del Basque Centre for Climate Change (BC3). «No ha habido otro tipo de extinción masiva como esta», insiste. Porque se trata de la primera provocada por el hombre en la historia de la Tierra, donde su presencia apenas representa un segundo.

La degradación de los hábitats es generalizada. Entre la deforestación, la agricultura intensiva, la sobrepesca o la urbanización del territorio, el balance arroja que el 75% del medio terrestre ha sido «gravemente dañado» por la actividad humana y el 66% del medio marino también. De ahí que el informe apunte como principal responsable de la pérdida de especies a los cambios en el uso de la tierra y el mar, como la tala masiva de bosques para sustituirlos por otros cultivos que agotan el suelo. «Hay un nuevo paisaje de auténticos desiertos. Supone pérdidas masivas de miles de especies», explica Pascual.

También figuran entre los principales responsables la explotación directa de organismos (como la sobrepesca, cultivos o granjas); el cambio climático; la contaminación y la introducción de especies exóticas invasoras, que descompensan los ecosistemas naturales y acaban con la fauna autóctona.

De hecho, el informe atestigua que al menos 680 especies de vertebrados han sido llevadas a la extinción desde el siglo XVI y más del 9% de todas las razas domesticadas de mamíferos utilizadas para la alimentación y la agricultura se extinguieron hasta 2016, con al menos otras 1.000 razas más amenazadas.

A largo plazo, más de 500.000 especies terrestres tienen un hábitat insuficiente para su supervivencia, a menos que sus hábitats sean restaurados. «Regulan la vida en la Tierra y ya no hablamos de una especie más o menos, sino de un millón», explica Pascual. Y un millón de menos puede desencadenar graves cambios en los ecosistemas.

«Esta pérdida es un resultado directo de la actividad humana y constituye una amenaza directa para el bienestar humano en todas las regiones del mundo», dijo Settele. El informe hace hincapié en, precisamente, las consecuencias de esta «extinción masiva» para el ser humano. Más del 75% de los cultivos dependen de los polinizadores y hoy entre 235 y 577 mil millones de dólares en cultivos están en riesgo por la disminución de los insectos. Además, el 23% de los suelos ha registrado pérdidas en la productividad por su degradación; mientras que en el océano ya se proyectan pérdidas tanto en la producción (de hasta el 10% solo por efecto del cambio climático), como en la biomasa disponible (de hasta el 25% para final de siglo)