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Esta famosa fotógrafa dejó su carrera para vivir en un bosque con 100 perros enfermos

Esta famosa fotógrafa dejó su carrera para vivir en un bosque con 100 perros enfermos
Daría Pushkareva RS

Una deciisón honorable. Dicen que para encontrarte tienes que perderte primero. Also así le ocurrió a nuestra protagonista de hoy, la fotógrafa Daría Pushkareva. Ella tenía una carrera de éxito en Moscú, pero pasaba demasiado tiempo trabajando y cada día se sentía más miserable., según sq.

Sin embargo, todo esto comenzó a cambiar cuando a Daria se le ocurrió dedicar su tiempo y dinero a los animales necesitados.

«Estaba en el top 5 de fotógrafos de bodas de Moscú. Mis clientes eran sobre todo, hombres de negocios de élite y políticos. Gente inteligente y cultivada, que cambió mi percepción de los rusos ricos para mejor,» contó Daria.

«Antes de ser fotógrafa, trabajé 6 años en el cine. He participado en la reación de películas y series, y estoy muy orgullosa. Toda mi vida en producción de películas fue algo que me dejó exhausta, hacía turnos de 15 horas sin días libres durante 2 semanas», desveló.

«Me convertí en fotógrafa porque quería reducir la intensidad de mi vida. Invertí mi dinero en un equipo fotográfico y en clases para perfeccionar mi habilidad. Pero acabé igual. Sin vacaciones, sin darme el descanso que necesitaba desesperadamente. Me encerré en el trabajo y mi única alegría era crear fotos impresionantes. Me di cuenta de que era adicta al trabajo, prefería siempre hacer o crear algo que relajarme.»

Pero, como decíamos, tocar fondo le permitió atreverse a seguir sus sueños. «Entonces recordé mi infancia y cuando mis compañeros y yo hablábamos de nuestras futuras profesiones, yo decía que quería llevar un refugio para perros. Crecí sin padre y mi madre trabajaba muy duro, así que nunca tuve perro», confesó.

«Tardé mucho en conseguir uno, cuando hacía cine me metí mucho en ayudar a los animales. Donaba mi dinero y era voluntaria en foros, haciendo cosas como encontrar terapia para los perros, alojamiento y recaudar fondos. Entonces no tenía tiempo libre, así que esto era lo mejor que podía hacer.»

«Un día leí un artículo sobre un cachorro sin un ojo, que necesitaba 10.000 rublos -unos 150 euros- para poder ir al oftalmólogo. Quedé con una voluntaria en persona para darle el dinero para el tratamiento del perro, y me dio las gracias, pero me dijo que no podían llevar al perro al veterinario porque no había nadie para hacerlo en esos momentos», contó.

«Estaba allí con mi marido. Nos miramos y dijimos que podíamos hacerlo nosotros. En ese momento, todo parecía sencillo. La dueña del refugio me puso una bola de pelos carcomida por las pulgas en el regazo. ¿Eso era un cachorro?»

A partir de ahí, la pareja empezó a rescatar un perro tras otro. «Queríamos un séptimo perro, uno que estuviera tan mal que nadie quisiera adoptarlo. Encontramos uno así en Krasnodar. El perro tenía 7 meses y esa misma noche empezó a tirar al suelo a nuestros otros 6 perros», dijo Daria.

«Las luchas nocturnas eran interminables, y aunque lo llevamos a un entrenador, no sirvió de nada. Aullaba, destrozaba el piso y era agresivo. Resulta que tenía un traumatismo que le hacía ver espejismos de todo tipo, y podría haber atacado en cualquier momento.»

«En ese punto, me daba miedo salir de casa. El perro nos atacaba, saltando al cuello y a la cara. El cinólogo dijo que eso tenía que acabar, pero mi marido consiguió ponerle un bozal», relató Daria.

No fueron tiempos fáciles. «Preguntamos si se le podría dar otra oportunidad al entrenamiento, pero el especialista dijo que a pesar de un exhaustivo entrenamiento, cualquier detalle podría hacerle saltar, cualquier situación estresante inesperada. Le pregunté si había algo que pudiera hacer para que el perro fuera feliz, y sugirió que regaláramos al perro, a alguien que viviera fuera de la ciudad con mucho espacio», dijo.

Así comenzó un nuevo episodio de su nueva vida. «Dicho y hecho, pedimos un par de préstamos y nos compramos una casa de campo a 160 kms de Moscú. Nos mudamos allí con nuestros perros. Construimos 6 cercados para nuestros perros rescatados y comenzamos a vivir una vida nueva y distinta», contó Daria.

Sin embargo, no considera que su casa sea un «refugio». Para Daria, «en los refugios hay voluntarios y más personas que contribuyen al bienestar de animales que entran y salen constantemente. Nosotros en cambio, tenemos nuestros perros, los queremos y les dedicamos nuestras vidas. Son nuestra familia, se van a quedar con nosotros y no

«Hemos dicho adiós a nuestra cómoda vida y nos parece bien. Me siento libre y no desperdicio mi vida, sino que gasto mi tiempo en algo significativo. Ayudo a estos animales y lo disfruto sinceramente. Si se los diéramos a otra persona me preocuparía que no recibieran suficiente espacio, comida y amor.»

«Vivimos en una tierra de cultivo con nuestros perros. 4 años después de mudarnos tenemos agua caliente y un retrete, todo gracias a nuestros amigos. Gastamos nuestro dinero en nuestros animales, y nunca hay suficiente para la comodidad humana. Por suerte no necesitamos demasiado de eso para ser felices», contó.

«Hace tiempo que no buscamos perros. Nos contactan otras personas constantemente. Suelen decirnos que hay un perro que necesita ayuda o será sacrificado y nadie lo quiere. No mucha gente está dispuesta a quedarse un perro agresivo o herido, es comprensible, necesitan tiempo y atención.»

Pero no son solo perros los habitantes de su nuevo hogar. «Una vez conocí a una voluntaria y habló de sus zorros. Entonces supe que tenía 2 zorros rescatados y que se los podía salvar también. No sabía que se podía salvar a los animales de convertirse en abrigos de piel», contó.

«Quise salvar zorros también y se lo dije. Un mes después me llamó y me dijo que podía salvar a 3 zorritos comprándolos, así que lo hice. También vi un anuncio sobre un mapache sin una pata que buscaba un hogar, y me conmovió. En resumen, que tenía 7 hermanos y una hermana y tuvimos que traerlos a todos a vivir con nosotros.»

«Empezamos a construirles un recinto y los zorros también necesitaban sitio extra. En 2 años, el número de peludos que hemos rescatado ha llegado a 100. Y cuidamos de todos ellos nosotros solos», reveló Daria.

«Con el tiempo hemos aprendido a manejar animales difíciles y tenemos experiencia veterinaria. Esto nos ha permitido salvar a muchos. Pero ahora no admitimos a ninguno nuevo. He aprendido a equilibrar mis capacidades físicas, financieras y demás, y esto es lo mejor que puedo hacer ahora mismo.»

«Incluso la cantidad que tenemos ahora es inesperada. En otoño, una perrita vino a nuestra valla, y tras dejarla entrar resultó estar embarazada de 7 cachorritos», contó

Pero, ¿cómo es el día a día de esta pareja?

«Nos levantamos al amanecer, alimentamos a los animales, los paseamos y les damos el tratamiento que necesitan hasta que se pone el sol. Limpiamos sus recintos, preparamos su comida, les damos agua e interactuamos con ellos. Hago muchas fotos y vídeos de ellos y las comparto en Instagram. Creo que es importante enseñar una buena actitud hacia ellos. Hasta los discapacitados pueden llevar una vida feliz. Y los zorros existen para algo más que para ser abrigos.»

«Es una gran carga, sobre todo en invierno, con los días cortos y las ventiscas y el hielo. Hay que ponerse mucha ropa para guardar el calor. En verano es más fácil», contó.

Tienen algo de ayuda, pero principalmente son solo ellos dos. «Tenemos 2 empleados que pasan aquí casi toda la semana. A veces viene gente si necesitamos reparaciones urgentes. Como vivimos lejos de la civilización, casi todo lo hacemos con nuestras propias manos», contó.

«El tema del dinero es difícil. En total, tenemos que alimentar a unos 200 animales, con comida sana y equilibrada que incluye carne, pescado y aves. No reparamos en gastos para su comida. También necesitan cuidados médicos, pagamos a quienes trabajan aquí y tenemos que cuidar de nosotros. Tenemos un generador y paneles solares, pero también gasolina, que es cara.»

«Saco tiempo para trabajar como freelancer, sobre todo retocando fotos, pero nuestros amigos nos ayudan mucho. Algunos recaudan dinero para pagar a los empleados, otros donan lo que pueden cuando pueden. Les estoy eternamente agradecida. No tenemos patrocinadores, y no los esperamos. Los animales son nuestra responsabilidad», dijo

 

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