En el corazón de los montes españoles, el crepitar del fuego se ha convertido en una banda sonora inquietante de los veranos recientes.
A día de hoy, 15 de agosto de 2025, la península vive una de las peores temporadas de incendios forestales de su historia reciente.
El fuego avanza rápido, impulsado por olas de calor, sequías persistentes y el abandono rural, y la fauna local, desde el lince ibérico hasta la modesta lagartija, se enfrenta a una carrera contrarreloj para sobrevivir.
Lejos de la imagen bucólica de la naturaleza, los incendios forestales son sinónimo de caos ecológico.
No solo arden los árboles y el matorral; también se volatilizan hábitats enteros, se fragmentan poblaciones y se alteran cadenas alimentarias.
Las llamas pueden devorar en pocas horas lo que ha tardado siglos en formarse, y los animales —mucho antes de que lleguen los bomberos— ya han iniciado su particular éxodo.
¿Qué hacen los animales cuando llega el fuego?
Cuando el humo aparece en el horizonte, la fauna despliega una asombrosa variedad de estrategias. Los grandes mamíferos, como ciervos y jabalíes, intentan huir a zonas abiertas o se acercan a carreteras y núcleos urbanos, donde a menudo son vistos desorientados o heridos. Los zorros y tejones, expertos en la huida, buscan refugio en madrigueras profundas, aunque el calor extremo puede hacer que estas se conviertan en trampas mortales.
Las aves reaccionan antes que nadie: sus sentidos les alertan del peligro y, en la mayoría de los casos, levantan el vuelo hacia zonas no afectadas. Sin embargo, durante la época de cría, la historia es bien diferente. Muchas especies, como la cigüeña, no abandonan el nido: la hembra permanece inmóvil, intentando proteger a sus polluelos del avance de las llamas, un gesto de maternidad tan conmovedor como arriesgado. Esta tenacidad materna, compartida por mamíferos y aves, revela que el instinto de proteger a la prole es una fuerza universal, capaz de desafiar incluso al fuego más feroz.
Los reptiles y pequeños mamíferos, menos móviles, buscan refugio bajo piedras o troncos, pero el fuego puede ser demasiado rápido para ellos. Insectos y anfibios son, junto a las crías de aves, las víctimas más frecuentes. Cuando las llamas arrasan, la supervivencia depende tanto de la suerte como de la astucia.
¿Qué especies sobreviven y cuáles son más vulnerables?
El impacto de los incendios no es igual para todas las especies. Algunas, como los jabalíes, zorros o aves voladoras, tienen más posibilidades de escapar. Otras, como el lince ibérico o el águila imperial, sufren especialmente, porque su territorio es reducido y sus poblaciones, ya amenazadas, no soportan grandes pérdidas.
Las aves rapaces, como el águila real y el buitre negro, pueden perder sus zonas de nidificación y campeo, lo que compromete la reproducción durante años. El incendio de la Sierra de Andújar en 2024, por ejemplo, arrasó territorios clave para el águila imperial ibérica y la única colonia de buitre negro de la provincia de Jaén, un golpe duro para la biodiversidad.
En contraste, algunas especies de rápido crecimiento, como ciertos roedores y lagartos, se recuperan antes que los grandes vertebrados. Incluso hay animales que se benefician temporalmente del “nuevo paisaje”: los carroñeros encuentran alimento entre los restos calcinados, y las primeras plantas que brotan atraen a herbívoros oportunistas. La naturaleza, en su ciclo inagotable de destrucción y renacimiento, no deja de sorprender.
¿Pueden los animales usar el fuego?
La ciencia ha documentado comportamientos insólitos en torno al fuego. En Australia, aves rapaces como el milano negro han aprendido a propagar incendios de forma deliberada: recogen ramas encendidas y las sueltan en zonas no quemadas, obligando a pequeños animales a salir de sus refugios y facilitando así la caza. Aunque este fenómeno no se ha documentado aún en España, sí hay constancia de aves que aprovechan los incendios para alimentarse de los invertebrados y pequeños vertebrados que huyen del fuego.
Otra curiosidad: la resiliencia de la fauna ibérica tras los incendios depende, en parte, de la memoria ecológica de los paisajes. Los montes mediterráneos han evolucionado con el fuego como factor natural, y muchas especies vegetales, como la jara o el pino, brotan con fuerza tras el paso de las llamas. Este renacer vegetal, aunque lento, es el primer paso para el regreso de los animales.
Vídeo: Cuando la maternidad desafía al infierno
Madre no hay más que una. Y el sentido de la maternidad es fuerte, tanto en humanos como en animales.
Una cámara colocada sobre el nido de una cigüeña oriental, una especie en peligro de extinción, captó el momento en que un terrible incendio arrasó un campo de hierba seca en la región de Amur, en Rusia.
El ave y sus cinco futuros polluelos sobrevivieron a este fuego gracias a que construyó el nido sobre una torre eléctrica de metal. Pese a que se observa cómo el humo asciende hasta el nido, la cigüeña permanece impasible protegiéndolo.
“Todos los años, los incendios forestales queman nidos de cigüeñas con huevos y polluelos, así como muchas aves más pequeñas que anidan más cerca del suelo”, explicó el ecólogo Anton Sasin, quien fue el encargado de colocar la cámara.
El vídeo muestra cómo este gran incendio asola por completo un campo de hierba seca, dejando el suelo completamente carbonizado en 70 minutos.
La otra cara del fuego: prevención y recuperación
En la lucha contra los incendios, la prevención se ha convertido en la mejor aliada de la fauna. En distintas regiones de España, se utiliza ganado como “bomberos biológicos”: vacas, cabras y ovejas pastan el matorral y reducen la biomasa combustible, frenando la propagación del fuego y creando cortafuegos vivos. Esta práctica, que combina tradición y tecnología —con sistemas de redileo virtual para controlar los rebaños—, está demostrando ser eficaz y sostenible.
Tras el fuego, la recuperación del ecosistema es un proceso lento. Los expertos insisten en la necesidad de restaurar la diversidad vegetal y evitar la homogeneización de los paisajes, para que la fauna pueda regresar y prosperar.
Anécdotas y curiosidades del reino animal ante el fuego
- En algunos incendios, se ha observado a erizos acurrucados bajo piedras que han sobrevivido milagrosamente, mientras que otros, desorientados, han acabado refugiándose en lugares aún más peligrosos.
- Durante el incendio de Doñana en 2017, se reportó que linces ibéricos liberados recientemente lograron sobrevivir gracias a su instinto y rapidez, pero varias crías y ejemplares jóvenes perecieron.
- Hay constancia de cigüeñas que, tras perder su nido por el fuego, han reconstruido su hogar en cuestión de días, a veces incluso en el mismo lugar, con la ayuda involuntaria de vecinos y bomberos.
- En Australia, los «halcones de fuego» no solo propagan incendios, sino que cooperan en grupo, demostrando una inteligencia colectiva poco habitual entre aves rapaces.
- El uso del ganado como cortafuegos ha inspirado proyectos de investigación en España que combinan sensores, GPS y análisis de datos para optimizar la prevención de incendios.
- Algunas plantas mediterráneas “esperan” el fuego: sus semillas solo germinan tras el calor intenso, garantizando que la vida resurge incluso en el terreno más calcinado.
Y así, mientras la ciencia sigue desentrañando los misterios de la resiliencia animal y vegetal, la naturaleza nos recuerda que, ante el fuego, la supervivencia es cuestión de instinto, adaptación y, a veces, de un sorprendente coraje.