(PD / EP).- España tendrá el primer banco de cerebros de enfermos mentales, donde se almacenarán órganos donados por pacientes esquizofrénicos, depresivos y con trastorno bipolar. Un grupo de investigadores de la Universidad del País Vasco se está encargando de reunir los cerebros.
El banco contará con un único registro informático y un único coordinador, pero, en cuanto a lugar físico, probablemente no estará centralizado, si bien una de las sedes será la Universidad del País Vasco. Un embrión del banco de cerebros estará en marcha en cuatro años.
Según explicó la UPV en un comunicado, aunque hay «algunas colecciones de muestras», en Europa no existe como tal un banco de cerebros de enfermedades mentales. Por tanto, constituirlo es uno de los objetivos de la Red de Enfermedades Mentales y Trastornos Afectivos y Psicóticos (REM-TAP), una de las redes de investigación cooperativa impulsadas por el Instituto de Salud Carlos III,.
Dentro de esta iniciativa, será el nodo de la Universidad del País Vasco que participa en esa red el que se encargue de la coordinación del proyecto. El investigador principal del nodo de la UPV y coordinador, por tanto, del proyecto del banco de cerebros, es Javier Meana, catedrático de la Facultad de Medicina y Odontología.
Meana dirige en la UPV el grupo de neuropsicofarmacología, que investiga sobre el origen biológico de enfermedades mentales, principalmente depresión, y en el desarrollo de nuevos tratamientos farmacológicos, y cuenta con una experiencia de 20 años trabajando con muestras de cerebro. En la actualidad gestiona una colección de más de 500 muestras.
El banco de cerebros proyectado reunirá cerebros donados por pacientes psiquiátricos aquejados de depresión, esquizofrenia y trastorno bipolar y, por tanto:
«Perfectamente diagnosticados, lo cual incrementa enormemente el abanico de las investigaciones que permitirá realizar, al conjugar un tejido de valor incalculable con los datos clínicos de ese paciente»
En el caso del banco de cerebros, explicó la UPV, será «fundamental» la colaboración tanto de los clínicos que atienden a estos pacientes como de las asociaciones de enfermos. El paciente, por tanto, donará su cerebro, que, cuando fallezca, se extraerá y preparará para la investigación.
La universidad destacó que disponer del cerebro completo, en lugar de muestras, permite realizar más investigaciones y poder aplicar más técnicas, que requieren diferentes formas de conservación (en parafina, formol, congelado). Por ello, deben sistematizar y homogeneizar los procedimientos para que se trabaje con el mismo protocolo y los cerebros se procesen, guarden y etiqueten de la misma manera, sea cual sea el lugar donde se obtengan.