La OMS advierte que las enfermedades no transmisibles son ya las que más muertes provocan en el mundo

(PD/Agencias).- Un nuevo informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) dado a conocer esta semana revela que la carga mundial de morbilidad está pasando de las enfermedades infecciosas a las enfermedades no transmisibles. Así, hoy por hoy las principales causas de defunción en todo el mundo son afecciones crónicas como las cardiopatías y el accidente cerebrovascular. Ello supondrá que durante los próximos 20 años las principales enfermedades infecciosas (diarrea, VIH, tuberculosis, infecciones del recién nacido y paludismo) perderán importancia como causas de defunción a escala mundial, según esta organización.

«No cabe duda de que se observa una tendencia hacia la disminución de la mortalidad por enfermedades infecciosas en todo el mundo», aseguró el doctor Ties Boerma, director del Departamento de Datos y Estadísticas de la OMS.

Este experto considera que «tendemos a asociar a los países en desarrollo con las enfermedades infecciosas, como el sida, la tuberculosis y el paludismo, pero cada vez son más los países donde las principales causas de defunción son enfermedades no transmisibles como las cardiopatías y el accidente cerebrovascular».

Aspectos de la salud mundial

Las llamadas Estadísticas Sanitarias Mundiales 2008 que elabora la organización sanitaria documentan en detalle los niveles de mortalidad en niños y adultos, las pautas de morbilidad y la carga de la misma, la prevalencia de factores de riesgo como el consumo de tabaco y alcohol, el uso de la atención sanitaria, la disponibilidad de personal de salud, y la financiación de la sanidad.

De estas estadísticas se extrae que en los países desarrollados, nueve madres mueren por cada 100.000 nacidos vivos, mientras que en los países en desarrollo la cifra correspondiente es de 450 y en el África subsahariana, de 950. Además, cuatro de cada diez mujeres y niños en el planeta no reciben atención preventiva y curativa básica.

El informe indica además que la esperanza de vida en la Europa oriental pasó de un promedio de 64,2 años en 1950 a 67,8 años en 2005, lo que representa un aumento de apenas cuatro años, frente a entre nueve y 15 años en el resto de Europa.

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