Una guía para reducir errores al administrar fármacos

(PD).- La reducción de los errores en la administración de medicamentos se ha convertido en el objetivo de la farmacia hospitalaria. Los esfuerzos más recientes en esta materia han estado orientados hacia la eliminación de los errores de medicación y buena prueba de ello es el lanzamiento del Manual del residente de Farmacia Hospitalaria, una publicación que sale a la luz con el propósito de crear estándares de actuación farmacoterapéutica aplicables en todo el territorio español.

Como explica Beatriz García Suárez en CF, anto la jefa de Farmacia del Hospital Ramón y Cajal, en Madrid, y coordinadora de esta segunda edición del manual, Teresa Bermejo, como su homóloga del también madrileño Gregorio Marañón y miembro del comité editorial, María Sanjurjo, han coincidido en señalar que en materia de actuación en el ámbito de la atención clínica es necesario «homogeneizar las actuaciones» en los servicios públicos sanitarios.

Esta herramienta, elaborada por la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria, la Comisión Nacional de la especialidad y los laboratorios GSK, se ha desarrollado a partir de casos clínicos concretos que han sido tratados en los centros españoles.

La selección de temas fue supervisada, además de por Sanjurjo y Bermejo, por el comité editorial integrado por los jefes de farmacia Andrés Navarro (Hospital General Universitario de Elche), Benito García (Severo Ochoa, Madrid), Bernardo Santos (Virgen del Rocío, Sevilla) y María Teresa Inaraja (Meixoeiro, Vigo). Su intención ha sido crear una guía «armonizada y útil» para que los residentes de cuarto año cuenten con un manual que les facilite «el manejo de la farmacoterapia», explica Bermejo, cuando se enfrenten a casos clínicos «mejorando su capacitación» ante el paciente y el equipo asistencial.

Tras lograr la integración del farmacéutico en los equipos de atención al paciente, la Farmacia Hospitalaria está en auge.

Ahora se persigue una armonización de los procedimientos más rutinarios para que la misma patología reciba idéntico tratamiento en condiciones de igualdad y seguridad absoluta para los pacientes.

Nuevo rumbo

La especialidad toma ahora una nueva perspectiva. En la última década los esfuerzos han estado encaminados a dejar manifiesta la utilidad del farmacéutico en la toma de decisiones directas sobre el tratamiento de los pacientes.

Además, muchas comunidades autónomas se han aplicado en la adquisición e instalación de nuevos sistemas informáticos que «han conseguido reducir notablemente los errores de prescripción de los médicos y de transcripción de enfermeros y farmacéuticos», apunta Bermejo.

Sin embargo, la responsable observa que ni los sistemas de prescripción electrónica ni los distintos sistemas de automatización de los procesos de dispensación de medicamentos son efectivos en «la reducción de los errores de administración». De ahí que el futuro tenga que caminar en esta senda

garantizando la seguridad del paciente y la optimización de los tratamientos medicamentosos.

Aquí cobra especial relevancia el tipo de tratamientos que se ofrecen a los pacientes, que son cada vez más personalizados.

La administración de «soluciones intravenosas, tratamientos de riesgo como los quimioterapéuticos o las nutriciones por vía parenteral», enumera Bermejo, ha de realizarse de manera estricta.

Se trata, tal y como apunta Sanjurjo, de una evolución lógica porque la figura del farmacéutico ha tenido «una aceptación muy buena» en su integración en el equipo de atención. Gracias a su trabajo se ha demostrado «estar capacitado para aconsejar las terapias más adecuadas para el paciente» junto con el resto de profesionales sanitarios.

Bermejo añade que se trata de «un valor añadido» a las funciones clásicas dentro del despacho de farmacia. «Ahora se hace una gestión farmacoterapéutica eficiente dentro del equipo asistencial» gracias a la aportación de los farmacéuticos.

Formación paralela

A esta consolidación ha contribuido la preparación del propio farmacéutico. Se trata de un licenciado que ha realizado un postgrado de especialización que «es paralela a la que realizan lo médicos», recuerda Sanjurjo.

Los conocimientos específicos en «farmacocinética o manipulación de galénicos, por ejemplo, resultan complementarios» a la aportación del médico a nivel clínico. Conocer el historial medicamentoso del paciente o aportar equivalentes terapéuticos son aspectos que vienen a reforzar la presencia del farmacéutico dentro de los equipos asistenciales.

Además, como destaca Bermejo, gracias a estos datos y la experiencia del especialista se priorizan las actuaciones y «la seguridad en el uso de los fármacos».

Fuente: Manual del Residente de Farmacia Hospitalaria.

Guía de acción práctica para residentes

Algunos de los protocolos farmacoterapéuticos recogidos en el libro en función de las áreas temáticas

Cardiovasculares: Shock hipovolémico por accidente de tráfico; manejo postoperatorio del trasplante cardíaco.

Respiratorias: Episodio de asma agudo en paciente pediátrico diabético; exacerbación de EPOC grave.

Gastrointestinales: Hepatitis C crónica; episodio agudo de colitis ulcerosa.

Renales: Pielonefritis; trasplante renal en el postoperatorio inmediato.

Neurológicas: Esclerosis múltiple; Enfermedad de Parkinson.

Psiquiátricas: Autolisis en la esquizofrenia; crisis de pánico en trastorno obsesivo-compulsivo.

Endocrinológicas: Diabetes de tipo 2 en paciente anciano con EPOC y artritis; manejo del síndrome de secreción inapropiada.

Reumatológicas y relacionadas: Artritis reumatoide; osteoporosis postmenopáusica con fractura previa.

Dermatológicas: Psoriasis resistente al tratamiento convencional.

Hematológicas: Leucemia mieloide crónica; trombosis venosa profunda.

Infecciosas: VIH con fracaso terapéutico por multirresistencia; endocarditis infecciosas I y II.

Oncológicas: Cáncer de mama premenopáusico; cáncer de próstata; cáncer colorrectal.

Decisiones argumentadas

El conocimiento da poder, margen de maniobra y capacidad de reacción con grandes probabilidades de éxito. De ahí que en los últimos años se haya trabajado en el almacenamiento de los datos personales y los historiales médicos de cada paciente.

La Historia Farmacoterapéutica de una persona y un Plan de Atención Farmacéutica y de Intervención son documentos que, en opinión de Teresa Bermejo, juegan un papel importante en el momento de prestar la «atención médica».

En este sentido, el farmacéutico debe «debatir y defender ante el médico y el resto del equipo asistencial» su criterio ante el cuadro patológico de un paciente. La argumentación, apunta Bermejo, es otra cualidad que los farmacéuticos deben «desarrollar» en el día a día de los hospitales.

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