PIES PLANOS

El pie plano se caracteriza por una falta de arco longitudinal o de bóveda plantar (justo la alteración contraria que la del cavo). La huella que deja un pie plano es fácil de reconocer porque carece de la curva característica del pie o ésta es menos pronunciada.


(Dr.Bartolomé Beltrán).-

Hasta la edad de dos años no se puede determinar la presencia de la alteración, porque el pie del niño cuenta con un tejido adiposo (grasa) en la planta del pie. Esta almohadilla desaparece con el tiempo y no requiere tratamiento alguno.

Los especialistas aconsejan realizar una serie de ejercicios para optimizar el desarrollo de los pies: caminar de puntillas, descalzo por terreno irregular o por la playa y agarrar objetos con los dedos de los pies.

Estos sencillos hábitos ayudan a formar el arco y por lo tanto previenen la aparición del pie plano, a pesar de que, en la mayoría de los casos este tipo de alteración es hereditaria.

Generalmente, el pie plano no supone un problema para caminar o calzarse. Es conveniente observar una serie de reglas básicas en el calzado, tales como emplear siempre un zapato ancho, cómodo y flexible, que esté bien ventilado y tenga buena adherencia al suelo.

Cuando el pie plano es patológico y es causa de dolor y molestias al caminar, el especialista debe valorar qué tratamiento es el indicado. En algunos casos, se puede recurrir a calzado ortopédico, no tanto para eliminar el pie plano, como para facilitar la marcha e impedir los dolores. La cirugía no suele un tratamiento frecuente en estos casos.

Pies cavos

La deformidad en cavo del pie consiste en una elevación anómala de la bóveda de la planta. Los dedos pueden quedarse agarrotados o flexionados hacia dentro, lo que disminuye el tamaño del pie.

Identificar un pie cavo es fácil. El pie no deja huella de la parte central de la planta, ni de los dedos. En los casos más leves de pie cavo, los padres suelen detectar este problema cuando los niños empiezan a andar con soltura (tres o cuatro años) y observan las huellas que dejan en la playa o un mayor desgaste en la parte posterior de la suela del zapato.

En el 80 por ciento de los casos el origen del pie cavo es familiar (hereditario). Existe la posibilidad de que esta alteración se produzca por una enfermedad neurológica, por lo que es vital que el especialista realice un diagnóstico.

El pie cavo es bastante frecuente entre la población general, aunque en sus formas más leves. Estos casos de pie ligeramente cavo no tienen porqué recibir un tratamiento específico, siempre que no ocasionen molestias ni dificulten la marcha.

Cuando la deformación es más acusada, pueden recrudecerse algunos síntomas con la edad como por ejemplo:

* Dolor en las almohadillas de la planta de los dedos al apoyar (metatarsalgia)
* Dolor en el talón al apoyar (talalgia)
* Durezas dolorosas en las zonas de mayor apoyo (hiperqueratosis plantares)
* Dedos en garra (flexionados hacia dentro)
* Aparición de tendinitis
* Dificultad para calzarse
* Lumbalgias frecuentes. Dificultad o cansancio extremo para permanecer de pie sin moverse.

Si se acusan estos síntomas, el especialista determinará el tratamiento más adecuado, que puede ser con ejercicios específicos o calzado ortopédico (plantillas). En general, se recomienda el uso de zapatos cómodos, flexibles y anchos, sobre todo en la puntera, para permitir movilidad en los dedos.

El tratamiento también puede ser quirúrgico en los casos más graves. Ramón Viladot, presidente de la Escuela del Pie de la Sociedad Española de Reumatología, recuerda que los pies cavos asintomáticos (no dolorosos o molestos) no deben tratarse con cirugía y, en todo caso, hay que esperar a que el pie crezca y se desarrolle completamente.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído