La avalancha de turistas satura la sanidad pública española

(PD).- Acudir a un centro de salud en localidades costeras en pleno mes de julio o agosto se convierte en una misión para osados. La Consejería de Sanidad de la Comunidad Valenciana calcula que durante este verano podrían llegar a ser atendidos unos 30.000 turistas extranjeros.

Explican E. Villarejo y N. Araguás en ABC que en Andalucía las cifras se dispararían a los 35.000, más o menos como en Cataluña, y en Baleares no se bajaría, según las previsiones y los datos de otros años, de los 20.000. Eso sin contar el desplazamiento de nacionales hacia las costas.

Un panorama inquietante: más presión asistencial, menos médicos y facultativos, consultas más rápidas y mayor tiempo de espera ante el colapso de las urgencias son las cuatro consecuencias negativas que se repiten de forma insistente en las zonas turísticas.

Eso sí, la sanidad no entiende de idiomas: la normativa vigente en España garantiza la asistencia urgente a todos los extranjeros, aunque no estén empadronados; además si se trata de desplazados temporales de países de la UE y tienen una tarjeta sanitaria también tienen derecho a las prestaciones médicas que sean necesarias.

Pero la marabunta de turistas -también españoles- provoca un sobrecoste para las arcas autonómicas que nunca es recuperado en su totalidad. Unas Comunidades que como la valenciana han dado recientemente cuerpo de Ley a una vieja aspiración, «conocer cada vez mejor las modalidades de aseguramiento de todos los ciudadanos y cómo entran al sistema sanitario», como dice su consejero de Sanidad, Manuel Cervera, quien subraya como objetivo «garantizar la sostenibilidad del sistema sanitario».

La Ley busca más información para poder pasar el recibo a terceros países. Todo ello cuando la Comisión Europea ha aprobado una directiva en la que refuerza los derechos de los pacientes que viajan para recibir tratamiento en otro Estado miembro.

La Comunidad Valenciana es visitada cada año por 21,3 millones de turistas (el 26 por ciento extranjero). Según un estudio de la Generalitat Valenciana unos 780.000 extranjeros al año hacen uso de la sanidad pública (incluidos empadronados).

Un 23,9 por ciento son comunitarios, un 24,3 por ciento americanos, 17,7 por ciento de países europeos no comunitarios y un 11,1 por ciento africanos. Las cinco intervenciones más frecuentes de los pacientes sin ninguna modalidad de aseguramiento son el parto sin complicaciones, intervención de cristalino (cataratas), anginas de pecho, intervenciones de útero (quistes y tumores no malignos) y tratamientos circulatorios.

Donde más se altera la planificación estival -se refuerza la plantilla con más médicos para desplazados- es en las urgencias que demoran consulta. Cataluña es otro caso paradigmático del «turismo sanitario».

A su consabida escasez de médicos, la situación en sus centros médicos se ve agravada por el turismo estival. Un total de 15,9 millones de extranjeros visitaron Cataluña en todo el año pasado.

A falta de suplentes para la sanidad pública, la Generalitat opta por doblar las jornadas del personal ya contratado, siempre con su consentimiento, o proponerles horas extras. También es habitual que los médicos asuman la bolsa de pacientes de los colegas que se van de vacaciones, explica el secretario de acción sindical de Metges de Cataluña, Josep Pi. «Cuando las cosas se vuelven crónicas, las consideramos normales», lamenta.

Es revelador que el Gobierno catalán no cuantifique los refuerzos de verano por número de empleados extras, sino por PEQs, unidades de 36 horas que considera «profesionales equivalentes». Con este sistema de medida, han entrado en acción durante estos meses sólo 156,2 «médicos equivalentes». En la Costa Brava, se ha contratado a 26 médicos de familia y 26 enfermeras de refuerzo del 15 de agosto al 15 de septiembre.

VÍA ABC

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