Matar civilmente a RAMONCÍN.

(Prof. Iñaki Piñuel)-. Cuando se quiere matar civilmente a alguien y no pasa nada, algo muy grave afecta a la capacidad moral de nuestra sociedad.

El cantante Ramoncín se ha convertido en los últimos días en el PiM PAM PUM de algunos cibernautas que estan en contra del canon digital. Pretenden lisa y llanamente «fusilarle cibernéticamente». Defenderle es lo que toca ahora, independientemente de que seamos o no partidarios del canon de la SGAE. Yo desde luego no lo soy. Pero creo que no debo callar ante este pésimo ejemplo de violencia verbal cibernética. En este, como en otros casos, se requiere estar siempre del lado de las víctimas, a pesar de que no hay cosa más peligrosa en un linchamiento que interponerse entre los linchadores y sus víctimas. Defender a una víctima en estos trances equivale a veces a correr la misma suerte que ella. Bien lo sabe el profesor Neira.

La reflexión moral es la siguiente: ¿Desde cuando opinar o manifestarse sobre un tema , por muy polémico que este sea, puede justificar ser objeto de un linchamiento verbal y moral?
Quienes estamos en contra del canon tenemos una oportunidad de oro de mostrarnos en contra del cibermobbing.

Este caso ilustra como funciona el mecanismo social del chivo expiatorio, es decir, como se puede aglutinar a una masa de individuos anteriormente desperdigados y desunidos en un proyecto reunificador e integrador basado en eliminar física, psicológica o civilmente a alguien.

Cierto es que se dice que el mejor amigo del hombre es el chivo expiatorio y que, como dice Girard, toda sociedad se asienta y fundamenta en crear periódicamente culpables universales para lograr la catarsis colectiva de los grupos en crisis. La mayoría de nosotros solemos participar sin saberlo en estos fenómenos de linchamiento colectivo. Arrinconamos más al que ya está marginado. Nos sumamos a la crítica despiadada contra aquel al que todos están poniendo de chupa de domine.En la mejor buena fe, la mayoría cree que, una vez purgado (eliminado) el enemigo público señalado, todos seremos bienaventurados. De un modo sorprendente toda víctima es percibida por su entorno como culpable o responsable del mal que la aqueja. «Algo habrá hecho». «Se lo ha buscado».»Por algo será». Se trata del llamado «error básico de atribución», un mecanismo de defensa que todos compartimos.

No hay más que ver de que modo se hace hoy política en España para verificar que nuestros políticos han entendido que el mecanismo del chivo expiatorio funciona a las mil maravillas. No se trata ya de vender el propio proyecto político en positivo, sino de convertir al adversario en el blanco de una campaña de acusaciones, injurias y calumnias en las que se recurre sin dudarlo a la ridiculización más exacerbada. Las ideas no importan, el lanzamiento de dardos, si.

El ciudadano permanece atónito ante la violencia verbal que se exhibe en debates políticos y en programas televisivos. Los que saben de audiencias conocen como nadie lo que sube el «share» el organizar una buena tangana, salteada de los improperios correspondientes.

Todo un muestrario del despropósito social que nos invade. Y luego nos escandalizamos farisaicamente de las violencias nuestras de cada día.

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