Cuatro días, 14 personas, siete riñones y muchos médicos

Cuatro días, 14 personas, siete riñones, muchos médicos y la ciudad de Washington DC como escenario. Estos son los protagonistas del mayor trasplante en dominó realizado hasta la fecha en un mismo lugar. Los galenos del Hospital Universitario Georgetown y del Washington Hospital Center realizaron los días 16, 17, 20 y 21 de julio siete injertos.

Para garantizar el éxito de las intervenciones, en todos los pacientes se empleó una técnica denominada plasmaféresis (recambio plasmático), que consiste en eliminar (o reducir) de la sangre aquellos anticuerpos que pueden provocar el rechazo del órgano implantado.

Los receptores se sometieron a dos sesiones de plasmaféresis antes de la operación y a otras dos después de la cirugía. Aunque aún hay un paciente ingresado, los trasplantes han sido todo un éxito, según ha explicado esta semana el equipo médico en una rueda de prensa. Para los doctores, la técnica del recambio plasmático, que se conoce desde hace una década, puede ayudar a reducir las disparidades raciales a la hora de recibir un trasplante.

Según ha señalado el equipo, por regla general las personas son genéticamente más similares a otras de su misma raza que a una distinta. Pero gracias a la plasmaféresis aumenta la posibilidad de que un caucásico done un órgano a un afroamericano y viceversa. Así ha quedado demostrado en este trasplante dominó, donde seis de los siete receptores y cinco de los siete donantes eran afroamericanos.

«En esta ocasión, los pacientes tenían un sistema inmune tan sensible y tan alerta que contaban con casi todas las papeletas para rechazar un injerto», declaró el doctor Keith Melancon, director del programa de trasplantes de riñones y páncreas del hospital Georgetown y uno de los coordinadores de este trasplante en dominó, según recoge la CNN.

Todos ellos estaban recibiendo diálisis antes de la operación. Además comenzaron a tomar fármacos inmunosupresores-destinados también a evitar el rechazo- una semana antes de la cirugía, cuando lo normal suele ser empezar un día antes.

«Cuando existen donantes, debemos de hacer todo lo posible por dar una utilidad a sus órganos. Esta intervención es un gran paso y da esperanzas a todos aquellos que necesitan la máquina de diálisis para vivir», ha expresado Melacon, para quien «los verdaderos héroes de esta historia son los pacientes y sus donantes».

Los protagonistas

Como si fuera una de esas películas que cuentan historias de varios personajes cuyas vidas se cruzan. Así podría definirse este trasplante dominó. Dos de los donantes, Jordan de 29 años y un pastor católico de 60 años, no conocían a ninguno de los pacientes. Su gesto fue totalmente altruista y generoso. El resto de personas que dieron su órgano eran parejas, amigos o familiares de los receptores, aunque su riñón no fuera directamente para su ser querido, sino para otro enfermo con el que tenía más compatibilidad.

Con todos los ‘actores’ ya seleccionados, el día 16 de julio comenzaron las intervenciones. El riñón donado por Jordan se trasplantó en Elizabeth Garner, una abuela de 61 años. El marido de Elizabeth, Larry, donó el suyo el día 20 a Dachia, de 40 años. El hermano de Dachia ofreció el suyo a Jacqueline y así sucesivamente hasta completar los siete injertos en cuatro jornadas maratonianas en los que los órganos cruzaron la ciudad en ambulancias.

De las aproximadamente 80.000 personas que en EEUU están en lista de espera para un trasplante de riñón, un 36% es afroamericano. Sin embargo, tan sólo reciben el 15% de los órganos de donante vivo disponibles por problemas de compatibilidad. «Sólo en Washington realizamos entre 200 y 250 trasplantes de riñón al año. Si utilizamos la plasmaféresis más a menudo podemos duplicar esa cifra y mejorar las opciones de las personas de otras razas», sentencia Keith Melancon.

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