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¿Por qué nos guiamos mediante prejuicios y estereotipos? ¿Es posible deshacerse de ellos?

Contrariamente al prejuicio que tenemos acerca de los prejuicios, estos resultan tremendamente útiles en el día a día, y solo cuando nos limitan se hace necesario examinarlos y replantearlos.

¿Por qué nos guiamos mediante prejuicios y estereotipos? ¿Es posible deshacerse de ellos?

El de los prejuicios y estereotipos es un concepto sin duda controvertido.

Para responder a la pregunta de si es posible combatirlos y deshacernos de ellos, empecemos por el titular más contundente y maticémoslo después: lo cierto es que no, en términos generales no podemos operar mentalmente sin recurrir a ideas estereotipadas acerca del mundo que nos rodea. Por lo tanto, es posible afirmar que resulta absolutamente imposible desprenderse por completo de todas las ideas prejuiciosas que sesgan la interpretación de todo cuanto nos acontece en el día a día.

¿La razón? Pues claramente psicológica, de índole cognitivo e incluso neurocognitivo: nuestra mente necesita de ciertas estereotipias para poder funcionar con rapidez, para dar prontas respuestas a los estímulos que nos llegan, entendiendo esas estereotipias como ideas que agrupan distintas realidades vinculadas entre sí, y generalizan todas las connotaciones que les hemos atribuido a esas realidades en una única premisa que se formula en términos de verdad absoluta. Necesitamos de esos conceptos que unifican y engloban todas las experiencias que hemos tenido en un determinado ámbito, para interpretar todo cuando sucede en ese determinado contexto con la mayor eficacia posible. Necesitamos interpretar el mundo que nos rodea con una notable agilidad y celeridad, pues de ello depende que reaccionemos a tiempo y en consecuencia.

Las ideas preconcebidas son el resultado interpretativo de un paquete de experiencias entre las cuales se encuentran tanto vivencias propias como el relato que otros nos han hecho llegar acerca de sus vivencias. El ser humano aprende de su propia experiencia pero también, a modo de aprendizaje vicario, de lo que hacen y de lo que le cuentan los demás. Y es por ello que los prejuicios normalmente se transmiten, enseñan y refuerzan en el seno de una misma unidad familiar o del grupo de referencia de un individuo.

Una vez disponemos de todo un paquete de experiencias, el prejuicio se gesta gracias a procesos de análisis cuasi matemáticos por un lado, y emocionales por otro. Establecemos normas que nos guían a la hora de interpretar lo que nos sucede y guían también nuestro comportamiento; y las establecemos en base a lo que más a menudo tiende a ocurrir en determinados contextos o con determinadas personas, o en base a eso que no es tan frecuente pero cuya intensidad emocional nos dejó huella, tanto en un sentido del polo emocional como en el otro. Así pues, las ideas preconcebidas no son solo negativas y los prejuicios no son solo conceptos peyorativos acerca de situaciones, lugares o grupos sociales.

El prejuicio es, sencillamente, una forma de etiquetación mental que nos permite disponer se atajos cognitivos con los que procesar rápidamente la información. Atajos cognitivos que, por cierto, tienen una correlación neurobiológica pues se corresponden con las redes de activación neuronal que se activan, conectando con unos recuerdos y aprendizajes o con otros, para ayudarnos a procesar la información que recibimos del entorno en una determinada situación.

Así las cosas, lo inteligente no es luchar contra los prejuicios o negarlos, pues de todos modos vamos a construirlos de manera implícita y automática, sino que lo verdaderamente inteligente y racional es tomar conciencia de ellos, trabajar en el autoconocimiento para identificar cuáles son nuestros prejuicios y cuáles son los estímulos que los desencadenan. Tan solo habiendo identificado los estereotipos que hemos construido a través de la experiencia podremos entrenar y desplegar la flexibilidad cognitiva suficiente como para ser capaces de someterlos a examen en el momento en el que supongan el más mínimo obstáculo para el adecuado afrontamiento de situaciones cotidianas, o en el momento en el que nos demos cuenta de que nos limitan en la relación con los demás. Para ello es imprescindible contar con una autoestima sana, ser humilde, tener la capacidad de reconocer nuestros propios errores, y contar con múltiples y variadas herramientas para guiar nuestra conducta de manera racional y orientada a metas. 

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Autor

Ana Villarrubia

Ana Villarrubia es Psicóloga Sanitaria, directora del centro sanitario 'Aprende a Escucharte', docente en la rama clínica de la psicología, escritora y colaboradora en múltiples medios de comunicación.

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Experto
Ana VillarrubiaPsicología

Ana Villarrubia Mendiola es Psicóloga Sanitaria, Experta en el tratamiento de trastornos de personalidad, Experta en terapia de pareja, Especialista en Psicoterapia y Psicodrama, docente en diversos másteres de psicología clínica y terapia cognitivo-conductual, y divulgadora en múltiples medios de comunicación, directora del Centro de Psicología ‘Aprende a Escucharte’, en Madrid, y autora del libro ‘Borrón y cuenta nueva: 12 pasos para una vida mejor’.

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