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Verano con niños: ¿Cómo gestionar una rabieta?

El manual infalible para que padres, abuelos y demás cuidadores puedan sobrevivir con éxito a las rabietas de los más pequeños.

Verano con niños: ¿Cómo gestionar una rabieta?

Qué difícil es gestionar el verano de los niños cuando los papás trabajan. Hay situaciones inevitables que se repiten de año en año: mantenerles ocupados mas de dos meses es sencillamente una obra de ingeniería, al final es inevitable que acaben pasando algo de tiempo solos o, en el caso de los más pequeños, mucho tiempo con los abuelos. Y ellos, pese a los ímprobos esfuerzos que hacen por mantener a los nietos entretenidos, no se libran de sus aburrimientos, sus caprichos, sus impulsos y sus frustraciones.

Aburrirse no es malo, pero sí es cierto que el calor, la disminución del ritmo de actividad y el tiempo ocioso son una mala combinación para los niños más inquietos que, por naturaleza, no disponen aún de las herramientas necesarias para controlar todos sus impulsos. Las vacaciones de verano, con normas más laxas y ritmos de vida más flexibles, son un terreno abonado para las rabietas. Y, además, muchas veces no son los padres los que están ahí para hacerles frente, sino que son los abuelos, los tíos o los cuidadores los que han de «comerse esos marrones» y gestionar la situación como buenamente pueden.

Por eso desde el consultorio de psicología de Periodista Digital damos respuesta a las demandas de mas de un lector que estos días nos pregunta cuál es la mejor forma de gestionar las rabietas de sus hijos pequeños.

He aquí un pequeño manual tan básico como infalible:

  1. No te enfades, bajo ningún concepto pierdas los nervios. Aunque parezca imposible es importante mantener la calma, no seguir elevando el tono emocional de la situación, no alimentar su rabia con más enfado porque en un momento de estrés la agresividad física o verbal llama al escalamiento de esa tensión. Y, créeme, no quieres que eso pase, el niño tiene mucho más aguante que tú y su escalada de falta de control y rabia puede llegar a ser insufriblemente larga e intensa.
  2. No cedas NUNCA. Por muy hartos que estemos y por muchas ganas que tengamos de decir “ala, para ti la perra gorda” hemos de mantenernos firmes. Una sola señal de que su forma de actuar surte efecto ayuda a generar un modelo de aprendizaje en el que la rabieta y la tiranía se convierten en una conducta de preferencia por la sencilla razón de que han demostrado ser estrategias eficaces para que el niño consiga lo que desea.
  3. Utiliza la técnica del ‘tiempo fuera’. Cambia al niño de escenario y no le prestes más atención que la del mero acompañamiento, o incluso déjale solo si ves que su agitación es muy elevada y está siendo incapaz de regularse solo. No es ninguna crueldad, simplemente e dejarle espacio para que pueda regular esa respuesta emocional desproporción.
  4. Haz caso omiso a sus provocaciones. NI RESPONDER SIQUIERA. Porque el mero hecho de responder ante una de sus amenazas o de sus salidas de tono ya supone validar su actuación como una forma de comportamiento lícita, que merece ser atendida y reprendida. Y lo que queremos lanzar es precisamente el mensaje opuesto. Practica la extinción total de la atención ante toda conducta que consideres inapropiada.
  5. Ejerce de modelo: sé tú el ejemplo de comunicación, diálogo y negociación que el niño necesita pero no ha sabido utilizar. Desde el diálogo calmado. Ofrece a través de tu actitud, mediante tu discurso pero también a través de tu comunicación no verbal, alternativas para comunicar lo que uno desea sin llegar a la pataleta. El niño aprende más de lo que ve que hacemos que de lo que le decimos que haga. Para él somos una referencia a través de la cual aprender a lidiar con el mundo que le rodea.
  6. Practica y entrena su flexibilidad y su creatividad. Ofrece también alternativas a eso que él tanto deseaba tener pero que no era posible o que no ha podido conseguir. Se trata de que empiece a tolerar la frustración y a aceptar que no puede tener siempre lo que desea en el momento en el que lo desea, pero que existen otras vías de solución paralelas, y que con creatividad puede llegar a conseguir algo de lo que desea, aunque no todo. El niño ha d empezar a interiorizar que ser eficaz es pensar y actuar con flexibilidad.
  7. Refuerza siempre el despliegue de recursos de autocontrol o alternativas de respuesta. Refuerzo antes que castigo, no porque tengamos una manera ‘buenista’ de concebir la disciplina, sino porque ha demostrado ser mucho más eficaz, y precisamente eficacia es lo que nos hace falta en situaciones de crisis en las que se hace necesario reconducir conductas de inmediato. Rio primero es reforzar la vuelta a la normalidad, es decir, la extinción de la rabieta; pero lo más importante viene después y consiste en estar muy atento para reforzar con halagos, buenas palabras y gestos de complicidad todas y cada una de las ocasiones en las que presenciamos que el niño hace la más mínima incursión en demostrar patrones de conducta alternativos, más adultos y resolutos, ante los conflictos que le asalten o ante los problemas que se vea obligado a gestionar.
Autor

Ana Villarrubia

Ana Villarrubia es Psicóloga Sanitaria, directora del centro sanitario 'Aprende a Escucharte', docente en la rama clínica de la psicología, escritora y colaboradora en múltiples medios de comunicación.

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Experto
Ana VillarrubiaPsicología

Ana Villarrubia Mendiola es Psicóloga Sanitaria, Experta en el tratamiento de trastornos de personalidad, Experta en terapia de pareja, Especialista en Psicoterapia y Psicodrama, docente en diversos másteres de psicología clínica y terapia cognitivo-conductual, y divulgadora en múltiples medios de comunicación, directora del Centro de Psicología ‘Aprende a Escucharte’, en Madrid, y autora del libro ‘Borrón y cuenta nueva: 12 pasos para una vida mejor’.

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