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Agresiones sexuales y manadas: ¿Por qué a la víctima le cuesta tanto denunciar?

La emoción no se relaciona siempre coherentemente con los hechos y, en situaciones extremas, puede llegar a empujarlos a actuar en el corto plazo en contra de nuestros intereses en el largo plazo.

Agresiones sexuales y manadas: ¿Por qué a la víctima le cuesta tanto denunciar?

La violencia sexual es el tipo de delito más perverso y humillante que puede cometerse contra un individuo, en tanto en cuanto supone una amenaza hacia la integridad física y psicológica de quien la sufre, y atenta gravemente contra su dignidad. Por su propia naturaleza, el delito sexual se ejerce en la clandestinidad y, por ello, sabemos que, también hoy en día, gran parte de abusos y agresiones sexuales quedan ocultos tras el silencio de las víctimas y alimentan la sensación de impunidad de los agresores, quedando fuera de toda estadística.

¿Por qué muchas víctimas siguen sin denunciar estos delitos pese a que se recalca tan a menudo la inmensa trascendencia de hacerlo? No es difícil comprender a una víctima de violencia sexual, no al menos desde la sana compasión y la empatía. Son muchos los motivos por los que muchas víctimas de violencia sexual deciden vivir su tormento en silencio y en soledad, y todos ellos se alimentan de la potencia y el poder de algunas de las emociones más desagradables y obstaculizantes de todas cuantas asaltan al ser humano:

  • MIEDO. Miedo a no ser creídas, miedo a represalias hasta el punto de temer por la propia vida, miedo también a exponerse a la mera presencia física del agresor, miedo a ser juzgada por el entorno y por los demás en general, miedo a seguir sufriendo, miedo a revivir la experiencia y miedo a la revictimización.
  • INCERTIDUMBRE. Ante lo prolongado e incierto del periplo policial y judicial que se hace necesario atravesar.
  • DESCONFIANZA. Tanto en la sociedad como en el sistema o en la utilidad de la denuncia
  • VERGÜENZA. Pudor y vergüenza que se despiertan en el momento de hacer tan descarnada revelación ante a las personas a las que se quiere o ante las cuales uno quiere y necesita proteger su imagen y su autoestima.
  • DOLOR. Sí, puro dolor, que hace que el deseo por olvidar y reprimir un dolorosísimo recuerdo sea más potente que el deseo de que se haga justicia.
  • CULPA. Porque irracionalmente en situaciones tan extremas ocurre que la víctima se siente responsable de haberse colocado en una posición de indefensión o vulnerabilidad y, por muy paradójico que resulte, llega incluso a culparse de lo que le ha sucedido.

En muchas ocasiones, cuanto más deplorables son los actos experimentados o cuanta más indefensión se haya experimentado, más aumenta la probabilidad de que esta amalgama de contradictorias emociones anulen la capacidad de las víctimas para enfrentarse al duro proceso de denunciar lo que les ha sucedido.

La terrible moda de las agresiones en grupo representa una perversa vuelta de tuerca en el ya de por sí vil delito de atentar contra la dignidad de las personas, y su impacto psicológico puede ser devastador para las víctimas, como se ha visto estos días en el juicio por la violación (sí, violación, porque 6 desgraciados agresores, mayores de edad, en un cuchitril oscuro y maloliente, violando a una menor de 14 años, además de un asqueroso y lascivo observador no es un abuso, es nítidamente una violación) a la víctima de la llamada manada de Manresa.

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Autor

Ana Villarrubia

Ana Villarrubia es Psicóloga Sanitaria, directora del centro sanitario 'Aprende a Escucharte', docente en la rama clínica de la psicología, escritora y colaboradora en múltiples medios de comunicación.

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Experto
Ana VillarrubiaPsicología

Ana Villarrubia Mendiola es Psicóloga Sanitaria, Experta en el tratamiento de trastornos de personalidad, Experta en terapia de pareja, Especialista en Psicoterapia y Psicodrama, docente en diversos másteres de psicología clínica y terapia cognitivo-conductual, y divulgadora en múltiples medios de comunicación, directora del Centro de Psicología ‘Aprende a Escucharte’, en Madrid, y autora del libro ‘Borrón y cuenta nueva: 12 pasos para una vida mejor’.

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