Experta en sistemas de salud y profesora de la Universidad Nacional de Singapur, así como de la Escuela de Medicina e Higiene Tropical de Londres

Ferreras pide a la científica Legido-Quigley que valore de 1 a 10 el peligro del brote de coronavirus en Lérida y ella contesta «10»

"A nivel español, un 8. Si nos centramos en Lérida, un diez. Creo que lo que está pasando es una crisis sanitaria y social"

Ferreras pide a la científica Legido-Quigley que valore de 1 a 10 el peligro del brote de coronavirus en Lérida y ella contesta "10"
García Ferreras y Helena Legido-Quigley. PD

Se quedó planchado Antonio García Ferreras. Y la verdad es que no es para menos, si la científica Helena Legido-Quigley tiene razón.

La experta en sistemas de salud, profesora de la Universidad Nacional de Singapur, así como de la Escuela de Medicina e Higiene Tropical de Londres, subrayó tajante en Al rojo vivo (La Sexta) la gravedad real de los rebrotes en España, en concreto, el de la zona de Lérida.

A este brote, la investigadora Legido-Quigley le otorga, en una escala del 1 al 10, el nivel máximo y asegura que la situación es «peor que en Singapur, que ya es decir».

La doctora no ha ocultado en ningún momento de la entrevista su inquietud por la situación en Lérida.

Preguntada así por el presentador Ferreras por su nivel de preocupación del cero al 10, éstas han sido sus alarmantes declaraciones que deberían poner en sobreaviso:

«A nivel español, un 8. Si nos centramos en Lleida, un diez. Creo que lo que está pasando es una crisis sanitaria y social».

Legido-Quigley, que ha asegurado que el nivel de alarma es «de 10», el máximo, en Lérida, aseguró que lo que sucede en dicha región catalana «era previsible» porque ya se ha vivido una situación similar en Singapur, contexto que ella conoce muy bien por su labor docente e investigadora.

La experta corroboró que en Singapur hubo una crisis sanitaria con «inmigrantes y temporeros», todo un paralelismo con la situación que vive esta gente en algunas zonas de España, con hacinamientos e insalubridad.

«Pero la situación es incluso peor, que ya es decir, que en Singapur».

El principal problema, los temporeros hacinados

La doctora cree que el principal problema a tratar son las condiciones de los inmigrantes, y ha puesto el ejemplo de lo que se ha hecho en el país del sudeste asiático.

Legido-Quigley asegura que allí, donde cuentan con unos 300.000 inmigrantes aproximadamente, se han realizado «test agresivos», es decir, «PCR, test serológicos y más de una vez a cada uno».

Además, cree que es importante «darles un acomodo adecuado» a los inmigrantes porque, ha recordado, «en algunos casos, están confinados y viviendo 20 en una habitación con un solo baño, cuando no están en la calle, como algunos en Lleida».

La doctora ha asegurado que el Gobierno de Singapur «se ha comprometido a dar mejores viviendas y mejores contratos» a esos inmigrantes.

«Integrarlos en la sociedad y no criminalizarles, porque si no están siguiendo el rastreo en muchos casos, es por miedo a las autoridades».

La experta declaró que consideraba que las comunidades autónomas están haciendo un gran «esfuerzo» por «mejorar sus capacidades estratégicas» contratando a más gente y «son capaces de controlar los brotes pequeños». Pero cree que es necesario contratar a más personal porque hay sanitarios que «están trabajando 18 horas».

Además, se atrevió a lanzarse y dar cifras estimadas de contrataciones que deberían hacerse en la Sanidad para no colapsarla:

«Se debería de contratar más de 2.000. A veces, se dice que no hace falta, pero hay que estar a la espera y preparados para cuando llegue el brote».

Mascarilla obligatoria: buena medida

La doctora opinó sobre la obligatoriedad de la mascarilla en zonas como Cataluña o Extremadura:

«En Singapur siempre llevamos mascarilla, y hay menos infecciones y menos muertos. Tenemos que concienciar de que la evidencia existe. Un estudio en Alemania dice que cuando las mascarillas se hacen obligatorias, las infecciones bajan un 50%. Que la población tenga claro que funcionan. Son pesadas, a nadie nos gustan, pero tenemos que llevarlas por nosotros, y para no contagiar al resto de las personas. Son muy útiles. Va a venir muy bien que se hagan obligatorias».

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