Ambulatorios colapsados, contagios masivos de Covid-19, vuelta al cole y gripe

Lo peor está por llegar: ¿estás preparado para la segunda ola de coronavirus?

La tormenta perfecta: se disparan los contagios, se duplican los ingresos y se saturan los ambulatorios

Lo peor está por llegar: ¿estás preparado para la segunda ola de coronavirus?

No es una hipótesis, sino casi una certeza: habrá segunda ola de coronavirus en España este otoño.

La sobrecarga que están soportando los Centros de Atención Primaria para hacer frente a un repunte de contagios de COVID-19, va a cobrarse un elevado precio al término del verano.

Los contagios no dejan de aumentar. Según los datos del Ministerio de Sanidad, España ha cuadruplicado el número de casos diagnosticados en los últimos 7 días.

El número de hospitalizaciones, pese a que sigue siendo bajo, se ha multiplicado por dos.

Los médicos y enfermeros responsables de las unidades de cuidados intensivos de España alertan, en un documento de 70 páginas, de que «para asegurar una respuesta adecuada ante posibles brotes», es necesario un «registro nacional» de las UCI del país y «un plan de contingencia territorial que prime el criterio de solidaridad entre centros» y que evite, por ejemplo, que en lo más duro de la pandemia haya, como sucedió, «servicios de Medicina Intensiva que superaron el 300% de ocupación» mientras en otras CCAA sobraban camas.

El calendario juega a la contra. Los coronavirus respiratorios, como el del catarro común, circulan mejor con bajas temperaturas y contagian más cuando la humedad ambiental cae, resecando las mucosas nasales.

Estos factores se pueden contrarrestar respetando las medidas de seguridad -mascarilla, distancia social e higiene- pero se suma un factor mayúsculo de inquietud: la gripe estacional, un problema de salud que causó 38.000 ingresos hospitalarios en 2019, 2.000 de ellos en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), y unas 6.000 muertes.

Es fácil imaginar en qué medida puede aumentar la mortalidad si coinciden ambas patologías: a finales del pasado abril, pasado el ‘pico’ de la pandemia, el 46,5% de los casos de COVID-19, unas 81.000 personas, requería hospitalización, con un 5,7% de ingresos UCI.

Ahora se hospitaliza a un 8,5%, un dato que se vincula a una tipología de pacientes más jóvenes y menos graves. Pero en los dos meses que tenemos por delante, estas variables pueden cambiar rápidamente, y la prioridad está ahora en proteger a los colectivos más vulnerables ante ambas enfermedades: los mayores, las embarazadas y los pacientes crónicos, pero también el personal sanitario y esencial.

El Ministerio de Sanidad, que valoraba el mes pasado adelantar la campaña de vacunación este año, ha adquirido más de cinco millones de vacunas de la gripe para reforzar el abastecimiento de las Comunidades Autonómas, muchas de las cuales se preparan desde antes de verano, y tratar de alcanzar un 75% de cobertura en las poblaciones designadas.

La Comisión Europea ha recomendado a los países miembros reforzar la campaña de vacunación este año, una advertencia que se hace eco de la planteada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) hace un mes.

La posibilidad de que una infección por SARS-CoV-2 y un virus de la gripe coexistan se observó en los primeros días de la pandemia, cuando todavía era invierno en Asia.

Este tipo de infecciones coadyuvantes se relacionaron entonces con un peor pronóstico de mortalidad y secuelas. Pero no es necesario llegar a contraer ambas para suponer una complicación adicional para el sistema.

La gripe causa síntomas respiratorios muy similares a los del COVID-19, por lo que incluso los casos leves pueden despistar a los esfuerzos de rastreo y llevar a multitud de pruebas en falso que harían imposible la contención de la epidemia.

Para complicarlo más, la temporada de gripe coincidirá con la reanudación del curso escolar y universitario, algo en lo que insiste el ministerio de Educación y con medidas que plantean grandes dudas sobre la capacidad de contener la transmisión, ya sea la de la gripe estacional, del COVID-19 o de cualquier otra enfermedad respiratoria.

Pero la pesadilla de los epidemiólogos es la de encontrarse, de entre las distintas gripes que pululan ya entre nosotros, con una cepa especialmente virulenta y que haya mutado, desarmando las defensas producidas por la vacunación.

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