La psicología y la ciencia explican una costumbre cada vez más común

Siete rasgos que distinguen a quienes duermen con sus mascotas: más allá del ronquido compartido

Dormir con perros o gatos revela peculiaridades de la personalidad y tiene efectos en la salud física y emocional

Siete rasgos que distinguen a quienes duermen con sus mascotas: más allá del ronquido compartido

Cada noche, miles de personas en España y el mundo deciden compartir su lecho con un compañero peludo. Lo que para algunos es una simple muestra de cariño, para otros resulta en una auténtica fuente de bienestar, compañía y hasta seguridad. Pero, ¿qué dice la psicología sobre este hábito? ¿Y qué peculiaridades comparten quienes no dudan en hacer hueco a su perro o gato entre sábanas y almohadas?

A día de hoy, los expertos coinciden en que quienes duermen con sus mascotas presentan una serie de rasgos psicológicos y conductuales muy particulares. Además, la ciencia ha comenzado a analizar los beneficios —y también los riesgos— de esta práctica tan extendida.

Siete rasgos que definen a quienes duermen con sus mascotas

La psicología ha identificado siete características recurrentes en las personas que comparten cama con sus animales:

  • Apertura mental y empatía: Permitir que un animal ocupe el espacio más íntimo del hogar revela una gran sensibilidad hacia los demás. Estas personas suelen ser comprensivas y tolerantes, mostrando empatía tanto en relaciones humanas como animales.
  • Facilidad para la intimidad emocional: El contacto nocturno con la mascota implica comodidad con la cercanía física y emocional. Esto se traduce en una mayor capacidad para leer señales no verbales y conectar profundamente con otros seres vivos.
  • Comodidad ante la vulnerabilidad: Quienes toleran despertares nocturnos, movimientos inesperados o ruidos provocados por su mascota suelen estar a gusto mostrando su lado más auténtico. Son personas abiertas a la imperfección propia y ajena.
  • Valoración de los vínculos afectivos: Dormir junto al animal refuerza el apego. Estas personas tienden a valorar intensamente las relaciones familiares y de amistad, buscando conexiones sólidas y sinceras.
  • Naturaleza calmada y serena: El ronroneo del gato o la respiración acompasada del perro actúan como un relajante natural. Quienes buscan esta compañía nocturna suelen irradiar tranquilidad y equilibrio, beneficiando su entorno personal.
  • Generosidad cotidiana: Ceder espacio en la cama —ese bien tan preciado— es solo una muestra de lo generosos que pueden ser estos dueños en otras facetas: comparten tiempo, recursos y atención sin esperar nada a cambio.
  • Capacidad de adaptación: Adaptarse a los horarios, posiciones o hábitos del animal durante la noche demuestra flexibilidad ante los cambios y desafíos diarios. Esta adaptabilidad suele manifestarse también fuera del dormitorio.

¿Es malo dormir con nuestros animales? Ciencia, salud y riesgos

No todo es idílico bajo el edredón compartido. Si bien hay beneficios emocionales claros —disminución del estrés, sensación de seguridad o reducción del insomnio—, dormir con mascotas también entraña ciertos riesgos para la salud.

Los expertos advierten sobre la posibilidad de transmisión de enfermedades zoonóticas: existen al menos cien patologías que pueden pasar de animales domésticos a humanos mediante el contacto estrecho. Entre las más habituales se encuentran:

  • Parásitos externos: Pulgas o garrapatas pueden aprovechar la cercanía para cambiar de huésped.
  • Infecciones bacterianas: Bacterias como Salmonella o Campylobacter pueden transmitirse si el animal ha estado en contacto con heces o alimentos contaminados.
  • Hongos: Infecciones fúngicas como la tiña pueden afectar tanto a mascotas como a humanos.

Para minimizar riesgos basta con seguir unas pautas básicas:

  • Mantener una higiene rigurosa tanto en el animal como en el entorno.
  • Realizar visitas veterinarias periódicas.
  • Lavar frecuentemente ropa de cama.
  • Usar protectores hipoalergénicos si se tienen alergias o sensibilidad cutánea.

El vínculo humano-animal: ciencia, emociones y anécdotas peludas

La relación entre humanos y mascotas trasciende lo meramente práctico. Según algunos estudios recientes, dormir junto a un animal puede mejorar incluso el sueño REM y reducir episodios de ansiedad nocturna. Hay quien asegura que un perro tumbado al pie de la cama es más eficaz que cualquier pastilla para conciliar el sueño.

En países anglosajones ya se habla abiertamente del “efecto terapia” de compartir almohada con un perro: hay menos noches en vela, se reduce el estrés poslaboral e incluso mejora el estado anímico al despertar.

Curiosamente, según encuestas internacionales:

  • Más del 60% de quienes duermen habitualmente con sus mascotas aseguran soñar menos con problemas laborales… aunque aumentan los sueños sobre paseos por el parque.
  • En Japón existe un hotel donde puedes alquilar un perro solo para dormir acompañado si viajas solo.
  • Los gatos parecen tener preferencia por dormir sobre partes estratégicas del cuerpo humano —como el pecho o las piernas— alegando motivos puramente “tácticos” (calor corporal), aunque muchos veterinarios sostienen que simplemente buscan estar cerca del corazón.

Y no faltan anécdotas: desde perros que desplazan sutilmente al dueño hasta apoderarse del lado preferido de la cama hasta gatos capaces de desconectar (literalmente) el despertador saltando sobre él antes que suene.

En definitiva, dormir con mascotas no solo revela rasgos únicos sino que da pie a historias entrañables… ¡y alguna que otra noche sin edredón! Porque quien ha compartido sábana alguna vez sabe bien que pocos placeres igualan al ronquido acompasado —y completamente inocente— de un perro feliz junto a ti.

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