¿Cuándo empezar un tratamiento de ortodoncia infantil?

ortodoncia infantil
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¿Tu hijo respira habitualmente por la boca? ¿Has notado que le cuesta cerrar los labios con naturalidad o que sus dientes parecen estar un poco «amontonados»? Como padres, pasamos horas observando cada pequeño gesto de nuestros hijos y nuestro instinto rara vez falla.

Si te preocupa la salud dental de tu hijo, ¡no lo dejes para más tarde! Una evaluación profesional puede marcar la diferencia y, en muchos casos, la ortodoncia infantil puede corregir problemas cuando aún son fáciles de tratar.

El mito de la ortodoncia infantil: esperar a que salgan los dientes definitivos

Existe una creencia muy arraigada en los grupos de padres: «No lo lleves al ortodoncista hasta que se le hayan caído todos los dientes de leche». Es un mito comprensible, pero clínicamente erróneo. Esperar a que la dentadura definitiva esté completa (hacia los 12 o 13 años) es, en muchos casos, llegar tarde a la fase más importante del crecimiento.

El desarrollo de la boca, los maxilares y la posición de los dientes es un proceso que empieza mucho antes de que los dientes definitivos hayan erupcionado. Por eso, los especialistas recomiendan que la primera revisión con un ortodoncista se haga alrededor de los 6 o 7 años. En esa edad los huesos todavía están en crecimiento y son más moldeables, lo que permite corregir problemas antes de que se agraven.

Problemas dentales comunes en la infancia

A veces los adultos pensamos que los problemas de salud dental son “cosas de mayores”. Nada más alejado de la realidad. Los niños también pueden experimentar problemas de salud bucal a una edad temprana.

Por ejemplo, expertos en la materia como la Clínica de Ortodoncia Moliner y Aragón en Zaragoza señalan que existen complicaciones muy frecuentes que los padres pueden detectar.

Una de las más habituales es la mordida cruzada, que ocurre cuando los dientes superiores cierran por dentro de los inferiores. Si esto no se trata, el niño puede acabar desplazando la mandíbula de forma inconsciente para poder masticar, lo que deriva en un crecimiento asimétrico de la cara.

También es común encontrar casos de compresión maxilar, donde el paladar es demasiado estrecho y no deja sitio para nada, o problemas específicos en la erupción de los dientes, donde una pieza se queda «atrapada» y no logra salir, alterando todo el orden de la boca.

¿Qué es la ortodoncia interceptiva y por qué es la mejor inversión en la salud bucal de tus hijos?

Cuando hablamos de ortodoncia infantil, no nos referimos solo a “poner brackets” a los niños. Existe un enfoque más temprano y preventivo conocido como ortodoncia interceptiva.

La ortodoncia interceptiva se aplica en edades tempranas, mientras los huesos todavía están creciendo. El objetivo no es terminar el tratamiento completo en esta fase, sino corregir problemas en formación, guiar el crecimiento de los huesos y facilitar la correcta posición de los dientes.

La gran ventaja de actuar a esta edad es que podemos evitar que un problema de desarrollo se convierta en una anomalía ósea grave que, en la edad adulta, solo podría solucionarse con cirugía maxilofacial.

Además, una mala posición dental no solo afecta la estética y la autoestima. Puede influir en la función masticatoria, dificultar el habla, e incluso la respiración. Por lo tanto, actuar a tiempo es una inversión directa en su calidad de vida y bienestar.

Buenos hábitos que debemos inculcar en casa

Aunque los cuidados en casa no sustituyen las visitas al dentista o los tratamientos de ortodoncia cuando hacen falta, los padres tenemos un papel clave en la detección y corrección de hábitos que, si se mantienen en el tiempo, pueden deformar el paladar o la posición de los dientes.

Por ejemplo, es fundamental vigilar el uso prolongado del chupete o la costumbre de chuparse el pulgar más allá de los tres años. Estos gestos, que parecen inofensivos, ejercen una presión constante que puede provocar lo que conocemos como mordida abierta, donde los dientes frontales nunca llegan a tocarse.

También debemos estar atentos a la forma en que nuestros hijos tragan o si suelen empujar los dientes con la lengua al hablar. Corregir estos hábitos a tiempo, a veces con la ayuda de un logopeda coordinado con el ortodoncista, evita que los dientes se desplacen después de haber terminado un tratamiento.

Además, una rutina diaria de higiene bucal (cepillado adecuado, higiene interdental y revisiones periódicas) ayuda a evitar las caries infantiles y otros problemas que podrían complicar más adelante cualquier tratamiento de ortodoncia.

Tampoco queremos ser alarmistas. No se trata de preocuparse por cada diente que sale un poco torcido, sino de ser observadores y confiar en el criterio de un ortodoncista experto en la materia. Un simple chequeo a los siete años puede ahorrarle a tu hijo años de incomodidad y a ti, la preocupación de saber que podrías haber actuado antes.

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Autor

Manuel Trujillo

Periodista apasionado por todo lo que le rodea es, informativamente, un todoterreno

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