Tengo un hijo con dermatitis atópica. ¿Qué debo hacer?

Tengo un hijo con dermatitis atópica. ¿Qué debo hacer?

La piel atópica es una afección más molesta que peligrosa, y que nos puede tocar a todos. Pero claro, si tienes un niño pequeño, seguro que te preocupa especialmente, ya que el pobre no entiende lo que sucede y tú solo quieres aliviarle esos terribles picores que sufre de manera constante.

Para ayudarte a conseguirlo, te traigo en este artículo un resumen de qué es esta enfermedad y de cómo poder ponerle freno sin dañar en el camino la piel de tu hijo.

¿En qué consiste la piel atópica?

El eczema se trata de una enfermedad relacionada con la sensibilidad y sequedad de la piel, que se escama e irrita, ya que tiene una baja presencia de ceramidas y se ve más afectada por factores externos, como es el caso del clima.

Como consecuencia, genera unos horribles picores y rojeces en la dermis. Es decir, que se entra en un ciclo de rascado que el niño no puede evitar, con una consecuente inflación y una posible inflamación posterior.

¿Cómo surge este problema? ¿Tiene cura?

En realidad, no hay una causa única, ya que son muchos los elementos que pueden ocasionar o acrecentar este fenómeno, desde la higiene excesiva hasta los problemas de alergias primaverales. Además, el factor genético también influye, por lo que está bien que tengas en mente tu historial familiar.

Al tratarse de un problema crónico, es importante que tengas en mente que no hay curas milagrosas. Es una enfermedad que va a durar años, aunque por suerte unas veces será mucho más suave que otras. Afortunadamente, en muchos casos disminuye bastante o incluso desaparece justo antes de la pubertad.

Por tanto, la clave reside en tomar las medidas adecuadas para suavizar sus efectos.

¿Qué medidas debes tomar?

Como ya hemos visto, existen diversos factores que influyen en la dermatitis y a los que hay que prestar especial atención.

Para empezar, debes evitar a toda costa las temperaturas extremas. Que tu bebé pase frío será tan malo como que sude en exceso, ya que ambas opciones resecan la dermis. ¿Lo mejor? Un ambiente en torno a los 20-22 grados.

Mantener una correcta higiene es esencial en esos casos. Por eso, ducha a tu bebé con agua tibia y optando por los aceites en vez de jabones. Evita los baños demasiado largos y el uso de esponjas. No frotes nunca su piel y usa albornoces de algodón que no hayan sido lavados con suavizantes.

Luego échale una crema hidratante emoliente como las que nos recomienda la web Fundación con Salud cuando su piel todavía esté húmeda. De esta manera, será más eficaz y ayudarás a restaurar la barrera de protección de la dermis.

Tampoco es recomendable que esté en entornos con ácaros, contaminación o humo de tabaco, ni cerca de objetos como ventiladores -que mueven el polvo por la sala-, alfombras o calefacciones fuertes.

Una buena idea es cuidar mucho la ropita que lleva, así como los productos que usas en su piel. Huye de las fibras sintéticas y de la lana, así como de los geles que tengan parabenos o irritantes en su composición. Y es mejor que laves todo con un enjuagado adicional y evitando el abuso de suavizantes.

¿Es necesaria la medicación? ¿Y hacerle pruebas?

Más allá de estas claves, seguro que te estás preguntando qué hacer en caso de que nada funcione o si, de una forma u otra, es recomendable recurrir a la medicación. La respuesta es clara: depende.

No hay dos casos iguales y variará mucho en función de los síntomas y entorno de tu hijo. Eso sí, en caso de que empiece a mostrar otros problemas (como conjuntivitis, asma, diarreas o rinitis) es recomendable realizar las pruebas de alergia. Si es muy pequeño, lo mejor es que se las hagas cuanto antes, para descartar intolerancias a alimentos como los lácteos.

Respecto a la medicación, lo mejor es que hagas caso a un especialista. Hay casos severos en que las cremas con corticoides son la única manera de disminuir el eczema. Por tanto, no debes asustarte si el dermatólogo o pediatra recomienda que acudas a estos productos.

De igual manera, si considera oportuna la ingesta de antihistamínicos, confía en su palabra. Y, ante cualquier síntoma extraño, no dudes en consultar a un experto.

Otros consejos a tener en cuenta

Si vas a la piscina, enjuaga bien su cuerpo después. En el caso del mar, su agua es mucho más beneficiosa, aunque no olvides usar una correcta protección solar y evitar las horas de más incidencia solar.

Tampoco está de más que ventiles su habitación durante quince minutos cada día y que regules la cantidad de agua que bebe, ya que es fundamental que todo su cuerpo esté bien hidratado para que la piel conserve su elasticidad y se mantenga en buen estado.

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