NEIL HARBISSON ES EL PRIMER 'CIBORG'

El hombre que ve en blanco y negro ‘escucha’ los colores con su ojo-robot

El artefacto que lleva en la frente le permite burlar la enfermedad que padece

Neil Harbisson nació hace 30 años en Londres, pero vive en España. Es el presidente y cofundador de la Fundación Cyborg, una organización con la ambiciosa misión de ayudar a todos los humanos a convertirse, en algún momento, en “cíborgs”.

Y -como explica E.V. en ‘La Razón’– lo es por derecho propio: él mismo va por la vida con un “eye-cyborg” o “eyeborg”, un tercer ojo-robot, instalado en su frente, que le va poniendo música a los colores.

El “eyeborg” de Harbisson no es una rareza ni una excentricidad, sino la solución que ha encontrado este músico, fotógrafo y artista moderno para vencer la acromatopsia, la enfermedad que padece desde nacimiento y que le hace ver en blanco y negro todos los colores.

Como subraya Owst en Teclolack, de esta manera, Harbisson puede distinguir, a su manera, todos los colores, como el resto de personas.

Harbisson no sólo se ha acostumbrado al ojo artificial de su frente, sino que ha hecho de la necesidad y virtud, ya que le ha permitido desarrollar una faceta no explorada de su vena artística, la de presentarse al mundo como artista sonocromatópsico. 

Y, sobre todo, la de defender la utilidad de ese pequeño artilugio hasta niveles extremos. “Creo que algún día todos seremos cíborgs”, asegurado en una entrevista a la página de ciencia SINC

El “eyeborg”, un invento español
El “eyeborg”, la cámara que Harbisson lleva en la frente y que tantas miradas suscita, no es en el fondo más que un sensor de color que capta la frecuencia de luz del objeto que tiene delante y la traduce a sonido, lo que permite a su usuario percibir las tonalidades cromáticas. El primer prototipo lo diseño el ingeniero informático Adam Montandon en el año 2004.

En un primer momento dependía de un ordenador que llevaba en su espalda para que el software tradujera el espectro electromagnético, hasta que un inventor español, Matías Lizana, del Tecnocampus Mataró-Maresme, consiguió desarrollarlo en un chip que Harbisson lleva instalado en su nuca, para escuchar los colores por vía ósea a través de presión en el hueso occipital.

El paso de un color a un sonido, y viceversa, es posible, según explica el “cíborg”, gracias que los dos elementos son frecuencias (una frecuencia de luz en el caso del color, y una frecuencia auditiva el sonido), con lo que el ojo electrónico no traduce los colores a notas musicales de forma arbitraria, sino que hay una escala que clasifica las frecuencias de color en notas musicales.

¿A qué suenan los colores?
“Al principio solo identificaba seis colores, pero mi objetivo era reconocer uno por cada grado del círculo cromático –explica Harbisson a la agencia SINC-.

Cuando conseguí diferenciar los 360, me di cuenta que podía ampliar mi espectro visible más allá del ojo humano convencional. Ahora soy capaz de percibir infrarrojos y ultravioletas cercanos».

 

“Yo ahora tengo tres orejas: la izquierda, la derecha y la de detrás de la cabeza. Por la nuca escucho a través del hueso, por lo tanto, es como una tercera oreja que en este caso me permite escuchar los colores. La diferencia es que escucho a través del hueso. Son como dos entradas de audio diferentes. Una cosa es lo que entra por las orejas, que son sonidos auditivos, y otra lo que entra por el hueso, los sonidos visuales, que son los colores”.

Oficialmente reconocido como “cíborg»
Este ojo electrónico le ha permitido a Harbisson, entre otras cosas, ser reconocido por un gobierno como el primer “cíborg” de la historia, aunque él no se considera el primero de un club del que, asegura, formaron parte antes que él otros ilustres miembros.

 

“Stephen Hawking es uno de ellos. El científico habla a través de un ordenador y la voz del sintetizador la considera como propia. Pero él no habla, utiliza un ordenador para comunicarse con el mundo. Yo lo considero un cíborg porque la parte electrónica forma parte de su cuerpo, como las personas con deficiencia auditiva que llevan implantes cocleares para escuchar mejor”.

A su juicio, en este campo aún queda mucho camino por recorrer. En mente tiene el proyecto más inmediato de “osteointegrarse”, es decir, permitir la entrada de sonido en el cráneo antes de finales de año.

“La operación es como instalar un conector de audio ‘minijack’ en la cabeza –explica-. Quiero que el sonido vaya directo al hueso, en lugar de a presión como hasta ahora. Entonces habrá dos agujeros más, uno para el chip y otro para la antena del sensor del color que ahora llevo en la cara. Estamos viendo qué parte del cráneo se tiene que perforar. En total son tres orificios. La idea es que a los dos meses de operarme, el hueso y el implante se integren para empezar a escuchar colores”.

Con todo ello, hace un pronóstico para el futuro: todos seremos cíborgs.

“Creo que este siglo dejaremos de utilizar la tecnología como herramienta y empezaremos a utilizarla como parte de nuestro cuerpo, porque nos ayudará a extender sentidos y percepciones. Utilizar herramientas con las manos todo el rato no es práctico”.

 

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