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Implicaciones emocionales del TDA

Implicaciones emocionales del TDA
Bebé, niño, niña, infancia y ser humano. EP

El Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) no es un trastorno emocional pero, sin embargo, sí se relaciona de manera constante y casi directa con problemas de este tipo.

El contacto de un niño con TDA con otros niños de su edad viene marcado por su pobre control de impulsos, lo que puede provocar a menudo conductas que se entienden como disruptivas o incluso agresivas por parte de quienes les rodean.

Un niño que no respeta las normas, que no espera su turno, que reiteradamente infringe las reglas en el juego y cuyo contacto resulta brusco, es más que probable que no sea plenamente aceptado por el grupo y que, por tanto, pueda llegar a desarrollar ciertos problemas a nivel emocional desde bien pequeñito.

Además de las dificultades que el niño con TDA se encuentra en las relaciones con su grupo de iguales, las características conductuales de este tipo de niños hacen que reciban también muchos reproches y críticas por parte de los adultos que les rodean.

En general, estos niños han ido acumulando un largo historial de situaciones en los que ha habido alguien detrás de ellos diciéndoles cómo no deben de hacer las cosas, cómo no deben distraerse, cómo no son capaces de seguir el ritmo de otros niños, amenazando con castigos o con la retirada de ciertos privilegios si siguen comportándose del mismo modo, acuciándoles para que terminen una tarea, etc. Ante tanta demanda difícil de cumplir los sentimientos de frustración son crecientes.

Si a esto le añadimos, por otro lado, que es común que el rendimiento escolar del niño con TDA sea bajo y que el tiempo que necesita para realizar las tareas escolares es, en general, mayor al del resto de niños de su clase, lo cierto es que no hay muchos indicadores en el entorno de un niño con estas características que fortalezcan su autoestima o que reafirmen su valía personal, sino más bien todo lo contrario: el niño puede acabar sintiéndose inferior al resto de sus compañeros, menos válido.

Así pues, en el niño con TDA los problemas relacionados con una baja autoestima pueden empezar a gestarse a edades muy tempranas

Si bien las conductas relacionadas con la hiperactividad o la impulsividad son producto de su condición y  son involuntarias, la percepción desde el exterior no siempre es tan comprensiva con el niño con TDAH.

Suele recibir reprimendas y castigos con relativa frecuencia aludiendo a su mal comportamiento cuando precisamente ese tipo de comportamiento es el que desearía cambiar pero no puede controlar.

Un adecuado trabajo a nivel psicológico permite que estos niños entrenen y adquieran habilidades de autocontrol, una mayor asertividad y habilidades en el manejo de sus relaciones personales,  y un mayor dominio de las situaciones que han de resolver de manera cotidiana. Todo ello acaba repercutiendo de manera muy positiva tanto en sus relaciones personales como en su propio bienestar.

Ana Villarrubia Mendiola – Psicóloga Colegiada M-25022

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