Contamos de nuevo con la colaboración del profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, Juan Antonio Huertas, que además es experto en motivación y autorregulación emocional.
Con las pruebas de selectividad y los exámenes de final de curso a la vuelta de la esquina es importante dejarse aconsejar por personas que como el profesor Huertas conocen las claves para afrontar este proceso con la mayor seguridad y tranquilidad posibles.
– ¿Cómo influye el entorno social del estudiante? ¿Cómo le influyen los demás, el resto de sus compañeros que están en su misma posición?
Influye muchísimo, el estudiante cuando llega a una asignatura nueva no llega de nuevas, ya se ha preocupado por saber de qué va el profesor, de qué va la asignatura. Ya ha comprado los mensajes que su compañeros dan sobre la asignatura y esos sesgos son determinantes para cómo enfrenta la asignatura.
Esos sesgos se comprueban fácilmente, por ejemplo, en la clase más importante del año: la primera. Es donde el estudiante va a comprobar si es verdad lo que le han dicho sobre cómo se estudia y qué es lo que vale en esa materia. Por lo general intenta comprobar lo que le han dicho y falsarlo cuesta mucho.
Luego el papel de los compañeros, de lo que se dice acerca de cómo hay que estudiar, en el mundo educativo es fundamental.
– ¿Y esto influye sobre la motivación del estudiante? ¿Se llega a perder de vista el objetivo esencial de «querer aprender» cuando uno se enfrenta a la tarea de estudiar una asignatura para un examen?
Efectivamente. Desde este punto de vista los objetivos y las metas son al menso tan importantes las que intenta inculcar el profesor como las que manejan sus compañeros, de manera que dependiendo de qué metas me den los otros, esto también me influye.
Esto no quiere decir que los demás me muestren siempre metas equivocadas. Los compañeros me muestran unas metas y lo bueno, lo que significa un avance en la capacidad del estudiante en esta profesión de ser estudiante es tomar decisiones y ganar una cierta independencia: saber distinguir lo que me dicen de fuera y comprobarlo.
– Los mensajes catastrofistas que recibimos del entorno nos influyen también a nivel emocional. Desde este punto de vista emocional, ¿Qué recibimos del entorno cuando estamos preparando un examen muy importante?¿Esta influencia es necesariamente negativa? ¿Podemos llegar a beneficiarnos de ella?
Lo mismo que pasa con las metas y con las motivaciones pasa con las emociones. En el caso de los estudios los mensajes que suelen pulular con cierta preeminencia son: «¿Cómo te has cansado?», «¡!Qué difícil es esto!», «¿Has sufrido mucho?», «¿Has dormido?», «¿Has comido?».
Es decir que son siempre mensajes con cierto contenido ansiógeno y no muy centrado en el contenido de aprender y dominar nuevas cosas. Pero precisamente porque esos mensajes nos contagian y nos llegan, cabe pensar que nos lleguen otro tipo de mensajes sin contenidos ansiógenos pueden también contagiarnos y, por tanto en este caso, a beneficiarnos.
– ¿Es decir que nuestros compañeros nos pueden perjudicar y nosotros podemos perjudicarles a ellos?
Pero también nos podrían ayudar.
– Centrándonos única y exclusivamente en la tarea de estudiar, y para ayudar a cualquiera de los estudiantes que puede estar ahora pensando «Bueno, vale, ¿Y cómo estudio?». ¿Existe una técnica, es verdad que me pueden enseñar, hay que plantar codos sin más…? ¿Cómo se hace?
Ya sería bueno que un estudiante se plantee antes de estudiar cómo tiene que estudiar. Sería un buen síntoma porque en la realidad muchos estudiantes consideran que estudiar es algo obvio.
Es curioso cuando le preguntas «¿y tú como estudias?» que entonces te miran raro diciendo «pero qué pregunta más tonta» y cuando le fuerzas la pregunta te dicen «pues estudiando». Ahondando más en la pregunta se suelen obtener respuestas demasiado simples que denotan que no se ha planteado esa tarea.
Y es necesario plantearse esa tarea porque conforme se avanza en la educación estudiar una ciencia es una actividad compleja, una de las más complejas que la mente puede hacer, puesto que no se basa en destrezas manuales o en cosas perceptibles, son pensamientos muy abstractos.
Entonces hay que saber regularse, hay que saber cómo estudiar.
– ¿Y cómo se estudia? ¿Se planifica la tarea, se estructura, hay una técnica a a seguir?
En principio no es exactamente igual cómo se estudia una asignatura que cómo se estudia otra, los procesos que se ponen en marcha para aprender polinomios no nos los mismos que para aprender una determinada corriente literaria.
Pero, a pesar de haber procesos tan específicos, existen una serie de procesos generales que son idénticos. Y esos procesos los podemos dividir simplemente para explicar esto con claridad: por un lado procesos más de tipo estratégico de procesamiento y procesos más de manejo de emociones. Los primeros incluyen 3 tipos de procesos.
Primero, procesos de planificación: cómo me planifico, por dónde empiezo, qué pasos tengo que seguir.
Segundo, procesos de supervisión: tengo que ser capaz de hacer cosas y de evaluar cómo me está yendo; y lo más difícil: he de ser capaz de corregir de acuerdo con esta supervisión.
Por ejemplo estudiando estadística, si la meta es resolver 10 problemas y el problema 2 nos sale mal, hay muchos estudiantes que nos son capaces de detenerse y corregirse, de ver por qué les ha salido mal antes de pasar al siguiente. Este proceso de corrección que es tan evidente conlleva dificultades para muchos estudiantes.
Y, tercero, el último proceso general que es necesario es un proceso de evaluación final: una vez he terminado el periodo de estudio debo parar a pensar qué tal me ha ido en términos generales y, de esa reflexión, pasar a planificar el siguiente período de estudio.
Este sería el proceso general de cómo pensar estratégicamente para estudiar.
– Poniéndonos en la piel de alguien que quiere seguir estos pasos y quiere hacer las cosas como le dicen que deben hacerse, ¿qué objetivo ha de plantearse?
El objetivo ha de estar centrado en el aprendizaje porque si yo lo aprendo bien luego el resultado también va a ser bueno. Hay que plantearse este tema he de dominarlo y para dominarlo tengo que distribuirme el tiempo, planificarme, secuenciar las tareas, supervisar y corregir. ese sería el esquema simple que habría que aplicar.
– ¿Y a nivel del manejo de emociones? La sensación más habitual, la de agobio, la percibo como real y me impide rendir en el estudio. ¿Cómo la manejo?
La primera forma para manejar las emociones es reconocerlas. Hay distintos aspecto que podemos tener en cuenta.
Primero, los beneficios que yo puedo obtener del estudio. Es decir, que esta evaluación de la que hablábamos tiene un valor de incentivo, un valor motivacional, y eso conviene tenerlo presente y esa evaluación ayuda en la medida en que me indica cuánto y cómo avanzo. De paso así fluyen en mi emociones positivas.
Y, luego, hay que ser consciente de que en este tipo de tareas que son difíciles y, por tanto, requieren esfuerzo y no están inmediatamente recompensadas, pueden surgir problemas de aburrimiento, de cansancio, de frustración, etc.
Y la mejor forma es, primero, reconocer esos problemas, segundo, pensar por qué pueden ocurrir y, tercero, saber afrontarlos, bien considerando que esto que me está pasando es normal que me pase o bien recurrir a buscar ayuda si pensamos que la necesitamos.
– ¿Y qué hay del que repite el periodo de exámenes porque ya lo hizo antes y fracasó? Imagino que sus necesidades a nivel emocional no son las mismas que para el que se enfrenta a la tarea por primera vez.
Precisamente es ahí donde es más necesario ser conscientes de estos procesos de regulación, del pensamiento y de las emociones.
Un estudiante que ha suspendido muchas veces una asignatura suele, paradójicamente, ser el estudiante que menos piensa sobre cómo tengo que solucionar el problema.
A base de fracasos ha bloqueado ese tipo de procesos, a base de intentarlo piensa que no conseguirlo no es un problema suyo y empieza a echar la culpa fuera, a no ser capaz de auto evaluarse y a regularse bastante mal.
Con ellos hay que ser pacientes, generar un entorno de seguridad y de apoyo e ir ayudándoles a que sean estratégicos, planifiquen, supervise, evalúen y corrijan.. Ayudarle a que vean cómo aprendiendo se va avanzando.
Hay una frase que parece muy evidente y que lo es pero que conviene tener presente: «Lo que más motiva a querer aprender es aprender». Es decir, si un estudiante que fracasa continuamente en una asignatura empieza a tener indicadores de que ahora sí está aprendiendo, eso ya genera un motor que soluciona todos los problemas.
– ¿Y qué hay de los padres? Ellos viven ese proceso desde lejos, pero a la vez sintiéndolo en sus propias carnes y, sin quererlo muchas veces, transmitiendo miedos, tensiones y mucha presión. ¿Qué podemos decirle al padre o a la madre que se desespera casi a mayor ritmo que su propio hijo estudiante?
Lo primero es que hay que tener paciencia, que si su chico lleva mucho tiempo fracasando en una asignatura obviamente la solución no es inmediara. Y, por tanto, que no se detenga simplemente en exigir el resultado final, sino que lo que intente es ayudarle a ver cómo poco a poco se va superando.
– Es decir, plantearle metas y evaluaciones intermedias. Reforzar cualquier indicación de superación, de ganancia, de aprendizaje que su hijo esté consiguiendo. Es decir, servir de apoyo emocional, de modelo para ofrecer pautas de afrontamiento de autorregulación y de autoevaluación.
Esto es.


